Instante de la entrevista a Guillermo Rodriguez-Izquierdo S.J. en el Campus de Sevilla.

Guillermo Rodríguez-Izquierdo: “Tenemos que reaccionar trabajando por la Reconciliación”

Reconciliación es la llamada más veces nombrada en nuestros informes recibidos desde todas las partes de la universal Compañía”, afirmaba el nuevo Padre General Arturo Sosa en su primera comparecencia pública ante los medios informativos, como se apunta en la web de la Congregación General 36. Según se puede leer en el texto, “el Padre General respondía a una pregunta sobre los retos actuales de los Jesuitas, pero respondía desde el mismo ADN de la Compañía de Jesús: la misión de “reconciliar desavenidos”.

El mismo texto recuerda que la anterior Congregación “proponía la reconciliación y el tender puentes como modos actuales de profundizar en nuestra misión, en plena conciencia de vivir en un mundo roto por multitud de violencias físicas y psicológicas, sociopolíticas, económicas y ecológicas”. Ocho años de diferencia para un mundo en el que las brechas económicas, sociales y políticas lejos de estrecharse parecen abrirse aún más, especialmente en Occidente.

Por ello, hemos querido conversar con Guillermo Rodríguez Izquierdo S.J. uno de los representantes más cualificados de la esencia universitaria de la Compañía. Licenciado y Doctor en Física por la Universidad de Sevilla, ha sido catedrático en Badajoz, rector de la Universidad de Extremadura, rector de la Universidad Pontifica Comillas y rector del colegio máximo de la Compañía de Jesús en Granada.

Presidente de la Federación Española de Religiosos de Enseñanza en Andalucía, fue llamado a Roma como Delegado del Padre General para las Casas Internacionales de Roma y Consejero General y ha sido dos veces Superior Provincial de la Bética, siendo en su segundo mandato, el último Provincial hasta la integración de 2014. Actualmente es superior de la Comunidad Sagrado Corazón de Jesús en Sevilla.

Pregunta (P): De entre los mensajes de la Congregación General 36, el de la ‘Reconciliación’ presenta una indudable relación con las realidades actuales. ¿Que quiere decir exactamente?

Respuesta (R): La palabra reconciliación hay que relacionarla con otras muchas palabras que comienzan con ‘re’, como rehacer, reconstituir, reformar… es decir, una idea de algo que se hace de nuevo. También, en muchos casos tiene una idea como de mejora, es decir, hay que rehacer o hay que reponer porque hay algo que no está bien hecho, que no está en su sitio, hay que llevarlo a su sitio. La palabra reconciliación hace ver que hay cosas que no están bien conciliadas y que hay que trabajar por llevarlas a una situación nueva.

Esto se ve muy claro en la parábola del hijo pródigo: el padre está en su sito, el hijo es el que se va y está fuera de su sitio y él vuelve hacia el padre, entonces, se descubre que el otro hijo que estaba en casa tampoco está en su sitio, porque aunque está junto a su padre no lo entiende. No entiende lo que está pasando ni las claves verdaderas de las cosas. El padre sale a buscar a los dos hijos, quiere una reconciliación, quiere que los dos hijos vivan una nueva relación con él, un modo nuevo de vivir con él, que a su vez se va a traducir en un modo nuevo de vivir uno con otro. Esto es la reconciliación.

“La palabra reconciliación hace ver que hay cosas que no están bien conciliadas y que hay que trabajar por llevarlas a una situación nueva”

Desde el punto de vista de la Congregación General 36 significa que Dios está siempre en su sitio, acogiendo y acompañando en el camino a la humanidad. Hace falta, por parte nuestra, un acercarnos a donde Dios nos espera y quiere que estemos, y ese es el trabajo de la reconciliación en el que tendremos que ayudar de alguna forma. Eso lo podemos ver en muchas cosas: en lo social, en lo político, en lo económico, en lo religioso, pero quizás esta parábola del hijo pródigo nos sirve un poco como marco para hacer ver en qué tipo de reconciliación está pensado la Compañía de Jesús cuando habla de estas cosas.

Esa relación se plasma en múltiples realidades actuales. Empecemos por la política y la agitación nacional e internacional que crece día a día. 

Es evidente que en el mundo hay muchas situaciones de tensión, que es lo contrario a la conciliación, es decir, donde surgen esas situaciones de tensión, especialmente las más graves es donde es más necesaria la reconciliación. En estos días, por ejemplo, se está hablando muchísimo de Donald Trump. A mi, no sólo me preocupa lo que dice o hace, sino que me preocupa mucho más que tanta gente lo vote. Esto significa que cuando Donald Trump dice “América lo primero”, mucha gente se suma a ese discurso. Está dando claves que la gente entiende y que mucha gente quiere.

Si eso crea una tensión grande en el mundo, crea una tensión frente a los refugiados, frente a otros países que mantienen relaciones comerciales con Estados Unidos, eso lo que significa es que el que dice “América primero” piensa en unas personas y en unos intereses y no piensa en otros. Dice: lo que pase a los otros no me importa y eso es lo que hiere. A mi me parece natural que diga, en cierto modo, que América es lo primero, un padre de familia tiene que preocuparse por su familia lo primero, pero tiene que tener, sobre todo un político en ese nivel de responsabilidad, una mirada para todas las consecuencias de cada una de las decisiones que toma.

Pero el problema actual no es sólo de los políticos, es que también se reproduce en cada escala de la vida económica y social. ¿De qué nos preocupamos, sólo de que lo mío sea lo primero? O por el contrario,  ¿también tenemos una mirada abierta para otras cosas, y para las consecuencias cuando decimos que lo mío es lo primero?. A esto nos llama la Compañía de Jesús cuando hace esta reflexión refiriéndose a sus obras educativas, a sus obras sociales, el pensar que la formación tiene que abrir a las personas a una mirada universal, a una mirada sobre las consecuencias de sus decisiones, de sus actos; a una mirada sobre los más vulnerables, sobre los que no pueden defenderse por sí mismos, a las circunstancias de esas personas más heridas por la sociedad.

Francisco Javier Burrero, periodista del Servicio de Comunicación, y Guillermo Rodríguez-Izquierdo S.J, durante la entrevista.
Francisco Javier Burrero, periodista del Servicio de Comunicación, y Guillermo Rodríguez-Izquierdo S.J, durante la entrevista.

 

Su relación con la economía es indudable. La desigualdad, entendida como el ensanchamiento de ingresos entre quienes más ganan y quiénes menos, se encuentra en el centro del debate y las más hondas inquietudes sociales. 

Uno de los elementos de formación que la Compañía de Jesús intenta proporcionar es conocer la realidad de nuestro mundo que tiene elementos tremendos como el hambre, con casi 800 millones de personas que la sufren; o la desigualdad, con un 1% del planeta con tanta riqueza como el resto. En conclusión, estos son datos objetivos y que hay que conocer porque refleja la realidad de nuestro mundo. A veces nos duele más ver una foto que una página web llena de estadísticas, la foto de Aylan Kurdi dio la vuelta al mundo y a todos nos impresionó, la foto tomada en Sudán de una niña siendo acechada por un buitre que ganó un Premio Pulitzer también nos impactó. Son fotos que representan realidades que afectan a la humanidad. Los datos hay que trabajarlos en profundidad y con perspectiva, igualmente hay situaciones hirientes y tremendas en nuestro mundo. El nivel de desigualdad mundial es totalmente insostenible.

¿Y la espiritual, sobre los fundamentalismos religiosos?.

Antes de entrar en el tema de los fundamentalismos religiosos, me gustaría centrarme en la espiritualidad. Por ejemplo, hay muchas personas qué luchamos por la justicia, y lo hacemos desde distintas perspectivas. Algunos desde una perspectiva de un compromiso de fe, otras personas por otros sentimientos humanos, éticos, sociales, etc, y trabajamos juntos.

En la cuestión de la reconciliación pasa un poco lo mismo. Hay muchas personas que pueden estar interesadas en trabajar por un mejor entendimiento en el mundo, pero para nosotros es una responsabilidad desde nuestro compromiso de fe, y ese compromiso viene del mensaje del Evangelio. En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio muestra a Dios mirando al mundo y se plantea la redención del género humano. ¿Y cómo lo hace? No de la forma en la que nosotros le hubiéramos propuesto, sino haciéndose uno más entre los más pobres del mundo.

Y esa actitud es un mensaje que significa que, para Dios, los pobres son importantes. Asimismo, crea unas propuestas, dinámicas nuevas, como la del servicio a los demás o la no violencia, el esfuerzo por la paz. Esas dinámicas nuevas creadas por el Evangelio, derivadas del paso de Jesús por nuestra vida, nos hacen ver que Dios sigue mirando la realidad de este mundo y que todas las tensiones, guerras y dificultades del mundo están bajo la mirada de Dios, que espera de nosotros que hagamos algo, es decir, que nos reconciliemos, que llevemos todo esto a una situación más conciliada en la que vivamos como hermanos, que es la nueva dinámica propuesta por el Evangelio.

“La formación tiene que abrir a las personas a una mirada universal, a una mirada sobre las consecuencias de sus decisiones y de sus actos; a una mirada sobre los más vulnerables, sobre los que no pueden defenderse por sí mismos”

Y en todo esto, la espiritualidad es muy importante. Lo mismo que un compromiso de fe nos lleva a trabajar por la justicia, ese mismo compromiso de fe nos lleva a trabajar por la reconciliación. Y nos lleva a hacerlo desde una perspectiva de la no violencia. Todos juntos, ya sea desde una perspectiva religiosa o desde la social, debemos trabajar por la reconciliación.

En cuanto a los fundamentalismos, tenemos que luchar para que las religiones no sean fuente de guerras y conflictos, en contra de lo que algunos piensan y algunas minorías tratan de promover. Por ello, no hay que centrar la mirada en estas minorías, sino fijarse en los otros muchos buenos ejemplos de colaboración entre cristianos y musulmanes, hindúes y musulmanes, entre todos los que buscamos algo por esta reconciliación, por la paz y la justicia.

Y su plasmación social es igualmente destacable. Como causa efecto para el malestar político por la precariedad económica y por las “amenazas” que el populismo lanza frente a la inmigración, aun siendo por causas tan terribles como la guerra y los refugiados. 

Precisamente, esta dinámica cristiana de la que hablábamos antes, crea una sensibilidad nueva de no egoísmo y de vocación de servicio. Los mensajes de rechazo a la inmigración, aunque no son nuevos, están tomando una vigencia política y social cada vez más importante en todo el mundo. Por ello, este trabajo por la reconciliación nos llama a darle respuesta a esta situación. Si el populismo crece, tenemos que pensar qué podemos aportar nosotros de esas nuevas dinámicas de no egoísmo, de servicio. Tenemos que pensar cuál puede ser nuestra contribución para crear iniciativas de acogida mutual, de paz, de atención a los más vulnerables.

¿Y la reconciliación en la familia, en las personas que nos rodean en el trabajo, en nuestra vida cotidiana?

Esta dinámica cristiana crea una sensibilidad nueva: frente al mensaje lo mío es lo primero, está el de lo mío no es lo más importante del mundo, no se puede trabajar con el egoísmo. Estos mensajes están tomando una vigencia política y social cada vez mayor, el rechazo a la inmigración siempre ha estado presente. Tenemos que reaccionar trabajando por la reconciliación. La familia es fundamental, pero no podemos quedarnos en nuestra familia, hay dinámicas de aperturas para inspirar movimientos colectivos, pero esto no funcionará sino inspiramos movimientos más locales.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

Comments

  1. Una vez más Guillermo Rodriguez Izquierdo, con su bonhomia, “savoir faire” y su magisterio, nos ayuda a comprender un mundo desgarrado, donde la violencia parece imperar en todos los ámbitos: social, político, individual. En un tiempo donde hemos pasado del “ama al prójimo como a ti mismo”, al “el infierno es el otro”, palabras como las de Guillermo Rodriguez Izquierdo, nos ayudan a comprender y a reaccionar ante un mundo que se presenta hostil y en resumen a ser más humildes y tolerantes en la vida ordinaria. Podría decirse que Guillermo Rodriguez Izquierdo, viene a representar la personificación del liderazgo jesuita, del que tanto se habla en estos tiempos de turbulencias.

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