Fuga de cerebros es un artículo de opinión en el que se analiza la situación de la investigación científica en España

Fuga de cerebros

El pasado 25 de agosto, el director del diario El Mundo  proponía un test para ayudarnos a decidir si había llegado el momento de hacer maletas y abandonar nuestro país. El ejercicio planteaba diez cuestiones relativas al previsible estado de los grandes asuntos políticos, sociales y económicos en la España de 2025. Si el lector, basado en su visión del futuro, contestaba negativamente a un número de cuestiones igual o superior a la década en que vivía, por ejemplo cuatro para un candidato de treinta y tantos, debería considerar la emigración como mejor opción.

No será mi caso, independientemente del resultado del test, pero la sucesión de noticias de fuga de cerebros científicos de la que está haciendo eco la prensa me ha llevado a plantear un cuestionario similar para estudiantes y profesionales de la ciencia y la tecnología. Espero que esto no anime a nadie a marcharse, sino más bien a profundizar en las dificultades que debemos abordar para que el atractivo de la deserción no crezca.

1. El contexto económico y laboral en 2025 en España, ¿será más favorable que hoy? Claramente, 27 millones de parados es una cifra que hiela el corazón, y pesa como primer argumento para miles de científicos e ingenieros jóvenes. Los egresados universitarios son conscientes de que los primeros años de su andadura profesional son fundamentales, y no se pueden desperdiciar en actividades accesorias o empleos precarios (en este caso se entiende precariedad en el sentido formativo y de desarrollo profesional).

2. ¿Mejorará la valoración social de las profesiones técnicas y científicas? Cierto es que los investigadores científicos gozan de la más alta valoración social, según el Barómetro de Confianza Ciudadana que elabora Metroscopia, y que los ingenieros tienen vías de acceso privilegiadas al mercado de trabajo. Sin embargo, esto no termina de reflejarse en la estructura de las empresas. Desde hace varias décadas, los ingenieros han pasado de alcanzar frecuentemente niveles directivos en muchos sectores, incluido el de servicios, a competir en desventaja frente a especialistas del management y de las finanzas. Como lamentaba Steve Jobs en las notas que dejó a su biógrafo antes de su marcha, la toma de decisiones empresarial se ha desprovisto de su orientación al producto, y se ha desplazado hacia una visión centrada en la estrategia y la mercadotecnia.

3. ¿Se producirá un relevo generacional en los sectores científico y tecnológico? Este relevo es importante en cualquier industria humana, pero la investigación científica lo es muy especialmente. Sin doctorandos que introduzcan su creatividad, energía, movilidad y capacidad de aprendizaje en el sistema investigador, la máquina entraría en vía muerta irreversiblemente. Un sistema de becas generoso y justo así como la existencia de centros y grupos  de excelencia científica pueden paliar su escasez.

4. ¿Alcanzarán las universidades españolas puestos relevantes en los rankings mundiales? La ausencia de Universidades ibéricas en los 200 primeros puestos del ranking de Shanghái es vox populi. La clave para conquistarlos reside en fomentar algo que al día de hoy pocos rectores desean abordar: la competitividad entre universidades españolas.

5. ¿El marco profesional técnico será el adecuado? Entre la ley OMNIBUS y el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), la regulación de las atribuciones profesionales técnicas está sufriendo un incesante vaivén que suscita desorientación y desconfianza. Estamos virando desde un modelo rígido vigilado por los colegios profesionales a formas más liberales propias del mercado anglosajón. Ciertas reformas eran muy deseables, pero hemos de esperar sus resultados y por supuesto la estabilización normativa que aporta seguridad profesional y orienta las decisiones estudiantiles.

6. ¿Se reactivará la inversión en infraestructuras? Los excesos de la pasada década han dejado un país sembrado de infraestructuras de dudosa utilidad, junto con una sensación de miedo y rechazo democrático a volver a caer en el despilfarro. Esta circunstancia puede prolongarse más allá de los propios problemas de liquidez públicos y privados,  dejando en la cuneta inversiones que siguen siendo necesarias para la recuperación económica. Los ingenieros serán los primeros en sentir el ansiado cambio de tendencia.

7. ¿Se incrementará hasta niveles satisfactorios la inversión en I+D+i? Actualmente en niveles basales (pese a nuestra participación creciente en los programas europeos), la inversión pública en investigación se limita a mantener los equipos humanos y no deja paso al relevo generacional. Sin embargo, hemos dependido casi en exclusividad de los poderes públicos y apenas se somete a examen la inversión privada en investigación. Esta patología, tampoco rara en los países de nuestro entorno, lleva a plantearnos una elección competitiva entre ciencia, por un lado, y sanidad, seguridad o educación por otro, dejando a los investigadores a los pies de los caballos. Añádase que en materia investigadora el camino desandado no se recupera con facilidad.

8. ¿Repuntará la producción tecnológica e industrial de España? En nuestro país existen  la innovación tecnológica y la creación de productos industriales. El problema es que ambos mundos apenas  se conocen. Es el momento de reforzar la orientación práctica de las investigaciones científicas, sin abandonar la ciencia fundamental que nos proporciona conocimiento no comercializable a corto plazo. En esta tarea, no debe actuar sola la administración, debemos preguntarnos cómo atraer el sector privado hacia la innovación, inversión que figura sin duda entre las más rentables.

9. ¿La oferta laboral española reducirá sus diferencias con el entorno europeo? Marchar a otros países de Europa siempre ha traído excelentes retornos a nuestros científicos e ingenieros expatriados. Tanto salarialmente como en calidad del empleo, añadido a una ventaja curricular en el eventual momento de retorno. Sin que esto alivie las dificultades de nuestro país, estas diferencias podrían estar reduciéndose por la previsible saturación de los mercados de trabajo vecinos. En Alemania, la contención salarial y el aumento del coste de la vida de los últimos años ha difuminado diferencias de poder adquisitivo antaño espectaculares. En Reino Unido, la inserción laboral es cada día más difícil por la saturación de visitantes españoles y la fuerte competencia de ciudadanos de Europa del este recién incorporados a la Unión, sin olvidar la incorporación masiva de personal cualificado asiático. El decreciente peso relativo de Europa en el mundo es también un factor palpable. Por último, la razón de marcharse para volver en mejores condiciones es, sorprendentemente, cada vez más cuestionable, dadas la rigidez del mercado laboral local, la endogamia universitaria y las dificultades administrativas que encuentran los regresados en el ámbito científico.

10. ¿Tendrán nuestros técnicos y científicos prestigio internacional? Hasta ahora, nuestra competitividad estaba avalada por un sistema de estudio basado en fórmulas selectivas en las que los más preparados superaban un examen cuatrimestral y no tenían que dar más cuenta de su progreso académico. Este sistema ha garantizado solvencia y madurez en los egresados a costa de un sistema educativo ineficiente (por el fracaso y la duración de los estudios), hipertrofiado, y de escasa orientación práctica. El  EEES apuesta por un sistema radicalmente distinto, orientado al aprendizaje y no sólo a la evaluación. Su éxito depende de que realmente creamos en él, y no nos empeñemos en un híbrido inviable. Las amenazas surgen por ambos lados: la posible pérdida del sustrato de la solvencia que antes esgrimíamos, y la falta de voluntad para desarrollar plenamente los nuevos enfoques, a sabiendas de que el modelo de grado de 4 cursos y máster está ya en entredicho por las propias autoridades.

Mi resultado es de 4 respuestas negativas, aunque no diré cuáles como tampoco hizo el periodista.

Autor

Fabio Gómez Estern

Año 2050. Sentado en un parque, un viejo profesor de ingeniería repasa mentalmente las revoluciones tecnológicas de la primera mitad del siglo XXI. Al hacerlo, se pregunta por las transformaciones sociales, culturales, económicas y medioambientales que éstas trajeron, y sobre el qué se pudo hacer. Alza la cabeza y cruza la mirada con un artilugio volador que en estático silencio levita frente a él. Ambos se adivinan el pensamiento. Este blog servirá al profesor Fabio Gómez Estern, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía, de guía en ese viaje retrospectivo, en forma de diminutos 'breadcrumbs''.

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