El profesor Francisco Cuadrado es el investigador principal del proyecto Learn to Be.

Francisco Cuadrado: “Es necesario desarrollar las competencias socioemocionales en el ámbito educativo”

Francisco Cuadrado es licenciado en Comunicación Audiovisual y doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla. Profesor del Departamento de Comunicación y Educación de la Universidad Loyola Andalucía, está especializado en innovación educativa, alfabetización mediática, música y diseño sonoro, producción audiovisual y transmedia. Actualmente, es el Investigador Principal por parte de Loyola Andalucía del proyecto de investigación internacional Learn To Be, que pretende diseñar herramientas y métodos de evaluación que sean eficaces y ayuden a los educadores a evaluar las habilidades sociales y emocionales y a planificar el aprendizaje y la enseñanza.

Algunas de las cuestiones más críticas en lo relativo a la educación en Europa son el bajo nivel de competencias socioemocionales y las altas tasas de abandono escolar ¿En qué situación se encuentra España respecto de sus socios europeos?

Han pasado ya 27 años desde que el concepto de ‘inteligencia emocional’ fuera definido por primera vez de forma científica por Peter Salovey y John Mayer. En los últimos 20 años se ha producido en nuestro país un progresivo desarrollo del estudio científico y aplicado de las competencias sociales y emocionales en el ámbito educativo. Esto ha generado un impacto científico nacional e internacional superior a la media de países de la Unión Europea, y están al mismo nivel que el de países como Reino Unido o EEUU. Se ha avanzado bastante, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

“Resulta muy complicado medir el nivel de competencias socioemocionales de los estudiantes a nivel internacional, por la cantidad de variables a contemplar, la diversidad social y cultural y la falta de indicadores”

Resulta muy complicado medir el nivel de competencias socioemocionales de los estudiantes a nivel internacional, por la cantidad de variables a contemplar, la diversidad social y cultural y la falta de indicadores específicos estandarizados en los diferentes países. Por ejemplo, el informe de UNICEF sobre bienestar infantil sitúa nuestro país en el puesto número cinco de la clasificación. Sin embargo, ese mismo informe evidencia un bajo nivel de rendimiento académico. De hecho, la tasa de abandono escolar en España es del 18,98%, muy por encima de la de otros países socios como Lituania (4,8%), Eslovenia (4,9%) o Finlandia (7,9%).

Una de las conclusiones a las que hemos llegado en el Simposio sobre competencias sociales y emocionales en educación que ha servido como primer encuentro dentro del proyecto Learning To Be es que sigue existiendo una brecha (cada vez más pequeña, afortunadamente) entre el ámbito académico que investiga sobre este campo y la implementación de programas de desarrollo de competencias sociales y emocionales en el ámbito educativo. Hace falta proporcionar mayor rigor y validez científica a muchos de los programas actualmente en marcha, pero también hacer posible que los programas que sí están validados científicamente no dependan para su sostenibilidad de la existencia de proyectos de I+D y de la financiación de los mismos.

¿Cómo valorarías el desarrollo de las habilidades cognitivas, sociales, emocionales y de salud en los actuales planes formativos en España? ¿Qué países se encuentran a la cabeza en este ámbito?

Aunque la LOE, en su texto, ponía un especial énfasis en la educación social y emocional, la LOMCE ha eliminado cualquier tipo de alusión a esta dimensión del desarrollo del niño. La concesión de competencias en educación a las administraciones autonómicas ha permitido, sin embargo, que en ciertas Comunidades Autónomas se desarrollen iniciativas concretas dentro de su marco legislativo autonómico.

“La LOMCE ha eliminado cualquier tipo de alusión a esta dimensión del desarrollo del niño”

Así, por ejemplo, En Castilla-La Mancha se ha incluido la “competencia emocional” como una de las competencias clave en todos los niveles educativos. En la Comunidad Autónoma de Canarias se ha creado una asignatura específica dentro del currículo de Educación Primaria, llamada “Educación emocional y creatividad”. En Andalucía, la Ley de Educación incide en la importancia del pluralismo y la diversidad cultural como un factor de cohesión para el desarrollo personal, intelectual y emocional, así como para la inclusión social.

La realidad es que, más allá de las indicaciones establecidas en este marco legal, no hay una implementación sistemática, rigurosa y sostenible de la educación social y emocional en nuestro sistema educativo. El desarrollo de programas en este ámbito se está produciendo más como iniciativas de carácter puntual y específico y no como propuestas globales o a nivel de Comunidades Autónomas.

En España son varias las iniciativas que están teniendo un mayor nivel de éxito, tanto en el número de centros en los que se está aplicando, como en la sostenibilidad de los programas: destacan especialmente la Fundación Marcelino Botín en Cantabria (implementado en más de 100 centros educativos de toda España), el movimiento GROP en Cataluña (que se centra tanto en la educación emocional de distintos niveles educativos como en la del profesorado) o el proyecto INTEMO en Andalucía, diseñado para mejorar la inteligencia emocional de adolescentes de forma práctica y dinámica, y en el cual colaboran varios investigadores de nuestra universidad.

Como hemos podido comprobar en el Simposio de arranque del proyecto, esta misma situación se vive en la mayoría de países socios del proyecto. Sí es cierto que en países como Lituania, Letonia o Eslovenia la administración pública, incluso a nivel del Ministerio de Educación, está mucho más implicada que la de otros países en la educación social y emocional, y en la introducción de los cambios necesarios para la efectiva implementación de esta “asignatura pendiente”.

“No hay una implementación sistemática, rigurosa y sostenible de la educación social y emocional en nuestro sistema educativo”

Pero sigue siendo necesario concienciar acerca de la necesidad del desarrollo de estas competencias en el ámbito educativo. De hecho, este ha sido uno de los aspectos estratégicos que se han puesto de relevancia en el simposio: la necesidad de visibilizar, con resultados de investigación rigurosos, pero también a través de diferentes tipos de acciones de diseminación, los efectos que la educación social y emocional tiene sobre el ser humano, ya desde la educación infantil y a lo largo de toda la vida.

¿Qué cuestiones habéis trabajado en esta primera reunión del proyecto?

En el Simposio, que hemos celebrado recientemente en Vilnius, Lituania, cada socio del proyecto ha expuesto la situación de cada país en el desarrollo de aprendizaje de habilidades sociales y emocionales, tanto a nivel de normativa del sistema educativo como de programas existentes en desarrollo y de instrumentos de evaluación de las competencias socioemocionales.

Esta primera puesta en común ha servido para analizar las pequeñas diferencias de cada país, pero sobre todo, para constatar la similitud de la situación que se vive en casi todos los países: normativas que contemplan las competencias socioemocionales pero que no las desarrollan o implantan de forma efectiva en el currículo, programas que, de forma puntual y específica, se ponen en marcha en distintos centros educativos, o a través de proyectos de I+D y falta de sostenibilidad y sistematicidad en el desarrollo de estas iniciativas.

A partir de este primer análisis se han establecido diferentes puntos clave que consideramos que el proyecto debería abordar, desde la definición precisa del aprendizaje social y emocional, su análisis y observación, la creación de instrumentos de intervención y evaluación, la formación de profesores y maestros o la propia puesta en valor y diseminación de la efectividad del aprendizaje social y emocional de cara a la incorporación al currículo y a las políticas educativas de los distintos países.

A partir de esta puesta en marcha, se han establecido tres grupos de trabajo, para abordar las próximas tareas del proyecto: desarrollo de instrumentos de intervención y evaluación, herramientas de medición para el trabajo de campo, y creación de un programa específico de formación del profesorado.

En el simposio se han sentado también las bases para la selección de la muestra de colegios (20 en cada país socio del proyecto) en los que se desarrollará todo el trabajo de campo, que incluye tanto la formación del profesorado como la implementación de las herramientas e instrumentos de intervención y evaluación.

Comienza ahora un periodo de trabajo intenso, con otras tres reuniones internacionales ya agendadas para los próximos meses en Lituania, Letonia y Finlandia.

El proyecto Lean2Be pretende desarrollar herramientas que ayuden a los docentes a implementar y evaluar este tipo de habilidades ¿Están, en general, los docentes o los sistemas educativos preparados para este nuevo tipo de formación?

Este es otro de los grandes hándicaps existentes en la actualidad para el desarrollo eficaz de la formación en habilidades sociales y emocionales: la falta de formación del profesorado. En España la situación es similar a la existente en otros países: los docentes están preocupados por incluir los aspectos socioemocionales dentro del currículo escolar, pero no cuentan con la formación, las herramientas de intervención ni los instrumentos de evaluación para ello.

“La falta de formación del profesorado es otro de los grandes hándicaps para el desarrollo eficaz de la formación en habilidades sociales y emocionales”

Uno de los objetivos del proyecto Learning To Be es precisamente cubrir esta carencia: desarrollar un modelo de evaluación y reconocimiento de las competencias socioemocionales que pueda ser utilizado como herramienta de referencia por educadores y desarrolladores de políticas educativas. Uno de los aspectos clave del proyecto es la formación de docentes de distintos centros educativos en cada país socio del proyecto, y la implementación de estas herramientas en los colegios e institutos participantes.

Afortunadamente, esta formación del futuro docente sí se está abordando desde la enseñanza universitaria. En los Grados en Educación de la Universidad Loyola Andalucía contamos con asignaturas como Habilidades Comunicativas, Orientación y Tutoría, o Inclusión, Multiculturalismo y Coeducación que tratan de forma directa la educación social y emocional de los niños, además de otras materias que incluyen también la evaluación y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

¿En qué fase se encuentra el proyecto? ¿Qué entidades participan en él junto a Loyola Andalucía?

El proyecto Learning To Be se enmarca dentro del programa Erasmus KA3 de la Unión europea. Tiene una dotación de un 1,5 millones de euros y se desarrollará a lo largo de tres años. En este momento se encuentra en su primera fase: se ha realizado ya un análisis de la realidad de cada país en cuanto al marco legal, existencias de programas de educación socioemocional y de instrumentos de evaluación. A partir de las conclusiones extraídas en el simposio celebrado los pasados días 31 de mayo y 1 de junio en Vilnius (Lituania), se han establecido distintos grupos de trabajo que se centrarán en las tareas de desarrollo de instrumentos de intervención y evaluación, herramientas de medición para el trabajo de campo, así como de la creación de un programa específico de formación del profesorado.

“El proyecto Learning To Be se enmarca dentro del programa Erasmus KA3 de la Unión europea, tiene una dotación de un 1,5 millones de euros y se desarrollará a lo largo de tres años”

El proyecto lo conforman 9 instituciones de distintos países: el Lithuanian Children and Youth Center, el Institute for Social and emotional Learning (Lituania), el propio Ministerio de Educación y Ciencia de Lituania, el National Centre for Education (Letonia), la Universidad de Helsinki (Finlandia), el Instituto Utrip (Eslovenia), la Universidad de Milano-Bicocca (Italia), el Instituto Superior de Educaçao e Ciencias (Portugal) y la Universidad Loyola Andalucía.

En nuestro caso, se ha configurado un equipo muy heterogéneo de investigadores procedentes de diferentes áreas de conocimiento, como psicología (Pilar Aguilar, Isabel Benítez, Diego Gómez y Desiré Ruiz), educación (Beatriz Valverde, Pilar Álvarez, Isabel López, Enrique Martínez, Irene Rodríguez y Alejandro Tapia) o comunicación (David Varona, Purificación Alcaide, José Antonio Muñiz y Javier Nó), así como Adriana García, del vicerrectorado de Investigación, como project manager, y esta multidisciplinariedad le aporta una gran riqueza.

Hay investigadores con una larga trayectoria en evaluación de inteligencia emocional o en el desarrollo de programas e instrumentos de evaluación. También hay miembros del equipo con experiencia en intervención escolar, tanto en orientación y prevención como en desarrollo social y emocional. La oportunidad de trabajar con compañeros de diferentes departamentos, con distintas experiencias tanto a nivel de investigación como de intervención educativa, va a enriquecer tanto nuestra participación en el proyecto como a nosotros mismos como investigadores.

“Hemos configurado un equipo muy heterogéneo de investigadores procedentes de diferentes áreas de conocimiento, como psicología, educación o comunicación”

¿Qué resultados esperáis obtener?

Esperamos poder obtener unas herramientas y métodos de evaluación que sean eficaces y ayuden a los educadores a evaluar las habilidades sociales y emocionales y a planificar el aprendizaje y la enseñanza. Pero también, y en ese sentido el diseño de la investigación está siendo muy escrupuloso, esperamos que esos recursos estén científicamente validados y se puedan implementar en los distintos sistemas educativos.

“Esperamos que el resultado del proyecto se pueda trasladar al desarrollo de políticas educativas y planes de estudio nacionales que contemplen de forma más efectiva la educación de habilidades socioemocionales”

Esperamos que el resultado del proyecto se pueda trasladar al desarrollo de políticas educativas y planes de estudio nacionales que contemplen de forma más efectiva la educación de habilidades socioemocionales. El éxito final del proyecto pasa por el impacto social que consigamos generar a través del mismo, contribuyendo no sólo al desarrollo de la ciencia, sino también al propio desempeño de los educadores y a la sociedad en general.

Autor

Nuria Gordillo

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. ngordillo@uloyola.es Twitter: @Nuria_GR

Comments

2

  1. Considero de un máximo interés este proyecto para la educación y nueva forma de ver y vivir la vida de la actual juventud. Enhorabuena.

  2. Esperemos,tengais mucho exito.A ver si sacais,pautas muy concretas para los profesores de la educación Infantil y Primaria,

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