Fernando Iwasaki reflexiona sobre la importancia de la formación en humanidades.

A favor de las Humanidades

Sin duda mi experiencia universitaria no es extrapolable a la mayoría de alumnos de la Universidad Loyola Andalucía, pues nací en un país hispanoamericano del Tercer Mundo y tuve que trabajar durante los cinco años de mi carrera para pagarme los estudios de Historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú, adonde ingresé con 16 años en 1978.

Todos los alumnos de las especialidades de Letras de mi universidad estábamos obligados a cursar unos dos primeros años de «Estudios Generales» -con especial énfasis en asignaturas de Humanidades y Ciencias Sociales- que tenían como finalidad crear los cimientos de nuestra formación. Me consta que dicho plan de estudios existe tal cual hasta ahora y por eso me ha hecho ilusión hacer inventario de cuanto leí en aquellos dos años que a la distancia se me antojan los más fecundos de mi formación.

Considero que fui un privilegiado porque el empleo que conseguí para financiar mis estudios consistía en impartir clases de historia en una academia pre-universitaria, lo cual me permitió adquirir los principales títulos recomendados por mis profesores y al mismo tiempo comprar bibliografía general para preparar mejor mis propias clases.

Mi biblioteca personal empezó a formarse por aquellos años y por eso he titulado esta serie «Confieso que he leído» -parafraseando las memorias de Pablo Neruda, Confieso que he vivido-, pues pertenezco a la última generación que ha leído más libros que visto más películas. Acaso seis o cinco libros por película, sin contar cómics.

Formación en Humanidades

No pienso incluir en mi enumeración ni novelas, ni relatos, ni libros de poesía, ni títulos concretos de Historia de España o del Perú, porque deseo -más bien- compartir las lecturas que mis profesores universitarios pusieron a mi alcance cuando cursaba aquellos dos primeros años de Estudios Generales Letras, antes de entrar a mi facultad de Historia y antes de cumplir los 19 años, pues me encantaría que la serie que arranco ahora pueda aportarle algo a los interesados en adquirir una base humanista.

Al menos en España permanece la enseñanza de lenguas clásicas, un saber fundamental que no tuve la fortuna de adquirir en mi adolescencia, porque estudiar latín y griego se consideraba un lujo para un país pobre como el Perú, más preocupado en implantar la enseñanza del inglés.

Por eso quiero comenzar rompiendo una lanza por el estudio del latín, ya que no hay mejor manera de preparar a nuestro cerebro para el estudio de cualquier idioma. ¿Por qué los misioneros del siglo XVI aprendieron tan rápido lenguas extrañas como quechua, tagalo, náhuatl, aymara o japonés? Porque dominaban la gramática latina y así dilucidaron las gramáticas de los nuevos idiomas para la evangelización.

Nada más lejos de mis intenciones que convertir a todos en humanistas, aunque sí creo que en España las Humanidades están en desventaja con respecto a otros saberes con mayor presencia en los medios de comunicación. La economía -por ejemplo- y sobre todo las ciencias, ya que la mutación de los virus, el calentamiento global, la clonación celular o la preocupación por el medio ambiente -por no hablar del desarrollo de las tecnologías digitales e informáticas-, nos han familiarizado con un vocabulario científico que ha impregnado nuestra habla cotidiana.

Sin embargo, en un contexto laboral donde hasta ahora ha crecido la demanda de profesionales STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), cada día resultan más útiles los humanistas capaces de interpretar los cambios, resolver conflictos, conjeturar escenarios y sobre todo que sugieran argumentos para el consenso, compararen contextos distintos y puedan navegar por las procelosas aguas de la ambigüedad, como propuso Tony Golsby-Smith en «What Innovative Thinking? Hire from the Humanities» (Harvard Business Review, March 31, 2011).

De ahí que muchas grandes corporaciones anglosajonas consideren una inversión rentable incorporar a sus plantillas a profesionales en Historia, Filosofía, Literatura Comparada e incluso Artes Escénicas, como reveló Jeffrey Dorfman en «Surprise: Humanities Degrees Provide Great Return on Investment» (Forbes, November 20, 2014).

Estoy encantado de haber vuelto a dictar clases en la universidad, pero gracias a mi formación en Humanidades he podido ser editorialista internacional, gestor cultural, colaborador en medios de comunicación, editor de revistas literarias y director de instituciones sin ánimo de lucro durante veinticinco años. Por eso creo que merece la pena compartir lo que leí en mis remotos Estudios Generales Letras, entre 1978 y 1979.

Autor

Fernando Iwasaki

Licenciado en Historia y Magister en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Doctor en Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y candidato al doctorado en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Profesor de Retórica y Comunicación Argumentativa en el Grado de Comunicación, y profesor de Comunicación Oral y Escrita y de Estudios Regionales III: Estado, Conflicto y Sociedad en Iberoamérica en el Grado de Relaciones Internacionales. Es autor de tres libros de investigaciones históricas, seis libros de ensayos, dos novelas, siete libros de relatos y siete compilaciones de crónicas y artículos.

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