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Las constataciones que va haciendo la ciencia sobre las cuestiones de sexualidad-afectividad han sido pensadas en la historia de la filosofía.

Filosofía, ciencias sociales y sexualidad-afectividad

Las constataciones que, como mostramos en nuestro artículo anterior, va haciendo la ciencia sobre las cuestiones del sexo, la sexualidad-afectividad, el género y sus aspectos biológicos o corporales, ya habían sido pensadas y observadas desde su propio campo en la historia de la filosofía.

Sócrates y Platón estudian la naturaleza humana, con el reconocimiento y elogio de la relación del hombre con la mujer. Tal como presenta Platón en “El Banquete”, Sócrates afirma que la unión de un hombre con una mujer es la relación fecunda y espiritual.

En esta línea, ya en la edad media, siguiendo asimismo la antropología integral del humanismo semita y lo más valioso de Aristóteles, Tomás de Aquino nos transmite una visión global y honda de la naturaleza humana. En la que las diversas dimensiones se inter-relacionan, como la sexual y corporal que son inseparables de otras como la cultural o social; con la relación del amor y el bien fecundo entre el hombre y la mujer (Comentario a las Sentencias, libro 4, distinción 33, c. 1, a. 2 c).

En la edad moderna, tenemos los diversos y significativos autores como Kant (MS 24; VI, 227), con la consideración de la naturaleza humana en una antropología que supone las diversa dimensiones naturales, físicas, corporales, morales y espirituales.

Para Kant, en el matrimonio “la procreación constituye un fin de la naturaleza”Hegel exalta al matrimonio “como lo ético” (W. 10, 58; Carvajal, 1999). Junto al mismo Marx consideran que “la relación de un hombre con una mujer es la relación más natural de un ser humano con un ser humano” (Marx, Early Writings, 154; Fromm, 1979). Engels va en esta misma línea (The Origin of the Family, 61-62).

Proudhon, padre del anarquismo, contempla el matrimonio y familia de un hombre con una mujer como “belleza…, unión indisoluble”, que él “ama y reverencia como la única de nuestras antiguas instituciones a la cual ha conservado por respeto. Por cuanto en ella ve una encarnación de la justicia” (La pornocracia o la mujer en nuestros tiempos, 32).

Filosofía y personalismo

Ya en nuestra época, el personalismo (Burgos, 2011), con autores como Mounier o Zubiri (Molina, 1996) nos reafirman esta antropología y realidad objetiva de las personas. La naturaleza personal, física-biológica, corporal y social que, lejos de oponerse, inter-actúan mutuamente.

Esta naturaleza asimismo está constituida por diversos subsistemas, dentro de un sistema unitario, que conforman la esencia de la persona, con sus notas estructurales y diferenciales que componen dicha naturaleza humana, desde el inicio de la gestación y que, por tanto, merecen protección jurídica.

Todo lo anterior corrige a diversas corrientes filosóficas como neoplatonismos o gnosticismos, idealismos, ciertos existencialismos y postmodernismos que ponen en cuestión la naturaleza objetiva, corpórea y sexual del ser humano. Ya que no es una mera o simple elección, decisión o construcción cultural.

El hombre o la mujer no sólo se hacen, no se construyen o de-construyen con una voluntad arbitraria según piensan o sienten una cosa u otra; sino que nacen, se constituyen y desarrollan en el reconocimiento del don y esenciales dimensiones que le son dadas como humano, como es el cuerpo y el sexo.

Sexo y género son pues inseparables y se fecundan mutuamente. Ya que la identidad personal y corporal, del hombre o mujer, se irán reconociendo en el dinamismo de la realidad social e histórica, con su naturaleza y dignidad sagrada e inviolable. La esencia o naturaleza (ser) de la persona y la existencia humana, en sus circunstancias concretas, no son excluyentes. Se integran en el sujeto personal que va realizando su vocación, sus capacidades y posibilidades en lo real e historia. Tal como se ha desprende incluso de lo más valiosos de la filosofía de Ortega (Bono, 2015, 117-132).

De forma similar a toda esta filosofía y personalismo, frente a las conocidas como ciencias sociales “estándar”, las ciencias humanas o sociales están subrayando la naturaleza humana con su dimensión física, biológica y dinámica en la relación y reconocimiento de los otros; con sus creencias o valores que expresan lo más profundo de lo humano.

A este respecto, son dignos de citar los trabajos y estudios de los hermanos Castro Nogueira (2013), que recogen y precisan todas estas ciencias como la neuropsicología y trabajos conocidos como los de S. Pinker, discípulo de N. Chomsky. Estos autores subrayan la importancia de la consideración de la naturaleza humana, para la recta comprensión de lo social.

Evidentemente, como ya apuntamos, una auténtica ciencia con conciencia, con ética y humanismo integral defiende la vida, la dignidad con sus derechos y el protagonismo de toda persona como es la mujer, de todo ser humano cualquiera que sea su condición. En contra de toda discriminación, desigualdad e injusticia social-global.

Lo que hemos visto hasta aquí- como desarrollaremos en un próximo artículo-, desde la propia especificidad de la fe con la Revelación de Dios en Cristo y con su diálogo con la razón o cultura, lo enseña la tradición y magisterio de la iglesia; con los Papas como Francisco o testimonios de sabiduría y santidad como Mons. Romero (Hom. 18/3/1979; Hom. 6/11/1977).

La fe e iglesia nos muestra esta verdad, bien y belleza de la unión del amor fecundo y fiel de un hombre con la mujer que da vida, con el matrimonio, familia e hijos. El matrimonio y la familia que siguiendo a Jesús sirven al bien común, viven la solidaridad y se comprometen por el Reino de Dios con su justicia desde los pobres de la tierra, son santuarios de vida humanizadora, plena y eterna que nos regala Dios.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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