Noticias

Sevilla

Córdoba

Filosofía y Educación

Actualmente en muchas zonas del mundo, como por ejemplo en nuestro país, en la educación, en el sistema educativo a todos los niveles, se están desmantelando los estudios de filosofía. Lo cual es una pérdida y tergiversación profunda de lo que supone la entraña misma de la educación. Una autentica deformación cultural y educativa, humana y social, ética y espiritual.

Como nos enseña las ciencias sociales, por ejemplo la sociología de la educación, hay que estar atentos a como los poderes socio-económicos y políticos pretenden imponer un modelo educativo. Con una antropología y moral determinada, en la sociedad y en el mundo, que justifique sus intereses, privilegios y su sistema establecido. Es, como sucede actualmente, una educación al servicio del mercado y de las élites económicas-políticas, del neoliberalismo y capitalismo. Con su modelo individualista y competitivo.

No es extraño, pues, que las materias de las humanidades como la filosofía y la teología o ciencias de las religiones, las ciencias sociales o humanas: cada vez tienen menos peso en la educación. Y es que estas disciplinas, en concreto la filosofía, supone  otro modelo de educación, más humanizadora, integral y liberadora. En donde, con la filosofía antigua o clásica, eduquemos al ser humano en una mayeútica que alumbra y promueve la vida, la ética universal, el bien más profundo y liberador; frente a los poderes establecidos, como quiso Sócrates. Una educación que promueve el conocimiento e ideales trascendentes desde el bien más amplio, público, en la estela de Platón. Con un ser humano que busca la felicidad en la meditación de la sabiduría y en la vida virtuosa, en las virtudes  y responsabilidades morales de la justicia. Ya que el ser humano es un ser social-político y la felicidad personal se entrelaza con la justicia y el bien común, con la felicidad política, siguiendo  a Aristóteles.

Un ser humano que busca en su vida lo más profundo y trascendente, el conocimiento y la verdad en la vida espiritual, en el don de la fe, del amor y la esperanza. Lo que nos abre a Dios y al otro, al pobre que se le debe justicia en la vida, en los bienes y en el espíritu, en la escuela de San Agustín. La existencia es lo más profundo de la esencia de la realidad, que tiene unas causas y unos dinamismos trascendentes. Un camino a Dios, a su conocimiento y amor, a la felicidad y vida, a la libertad, bien común y justicia con los pobres que es lo más hondo que constituye al ser humano; y que tiene prioridad sobre cualquier ley, autoridad u ordenamiento jurídico que, para ser  tal, tiene que ser justo, en el camino de Sto. Tomás.

Este pensamiento filosófico, moral y social de inspiración cristiana, y que actualiza en la Modernidad la escuela de Salamanca (con Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas o Francisco Suárez), antepone la vida, dignidad y relaciones de las personas, en el bien moral o común y en la justicia con los pobres, a la propiedad, a cualquier ley o autoridad que solo es tal si sirve al bien común y justicia con los pobres. Es una ética universal e internacional que debe regir a la humanidad, a los pueblos, pionera de los derechos humanos para un mundo pacífico y justo.

En la modernidad esta filosofía, ética y humanismo de inspiración cristiana se profundiza con la ilustración y tradición liberal-humanista. Con autores como Rousseau,  en donde la solidaridad y justicia con los pobres está antes que la propiedad, el interés o bien social y general antes que el privado. Con una participación o protagonismo democrático de los pueblos que es lo principal, la clave, de todo gobierno.

Y, en esta línea, con Kant, que pone las bases del conocimiento en las capacidades del ser humano, en el espacio y en el tiempo, que es capaz de dotarse,  desde lo más profundo de su razón humana y moral, de un dinamismo de libertad en la ética que alcance el bien más universal;  que ponga al ser humano como fin, porque tiene dignidad, y no como medio, ya que no tiene precio. Kant nos presenta al ser humano como digno de ser feliz en la responsabilidad moral y cívica, en la búsqueda de la paz y de la belleza, que se abre a la vida plena, eterna en Dios. Ya que en Dios se realizará, finalmente, el encuentro definitivo entre lo justo y lo feliz, entra le vida moral y la felicidad plena que alcanza el que práctica la justicia.

En este pensamiento, inspirado por la fe, Hegel profundiza el dinamismo de la conciencia en la historia que busca la libertad, la inte-relación constitutiva del ser humano con los otros en un reconocimiento o alteridad recíprocra. La libertad y el espíritu se encarnan, de forma efectiva, en la realidad e instituciones.

Los llamados maestros de la sospecha nos muestran un razón crítica con las proyecciones o alienaciones y esclavitudes: antropológicas, que no respondan a los humano y al amor (Feuerbach);  culturales o ética-políticas que no promueve a la libertad o protagonismo del ser humano (Nietzsche); sociales y económicas que no promueven la justicia liberadora de los sufrimientos de los obreros u oprimidos (Marx); y psico-afectivas e inconscientes que no ajusta el eros o el amor y la vida con la cultura o ética, frente a la muerte o represión social (Freud).

Esa razón crítica es profundizada por la escuela de Frankfurt que, en la línea de pensadores sociales como Weber, detectan una razón formal, instrumental  e individualista que solo se ciñe a lo técnico-burocrático y a lo competitivo mercantilista; que no tiene en cuenta una visión global de la realidad, con sus opresiones e injustica. Por el contrario, hay que buscar una razón y memoria desde la justicia con las víctimas que se abre a lo trascendente, al anhelo de sentido y justicia plena o redención, que se trasciende y es esperanza (Bloch)

Es una razón intencional, hacia a las cosas mismas, a su esencia, hacia la alteridad de los otros y del mundo de la vida, con Husserl. Una razón vital, desde la vida e historia en la búsqueda de la vocación y el amor, desde Ortega. Un pensamiento que no olvide el ser, que se expresa en el ser-ahí, en la existencia del ser humano, en su mundo e historicidad. Con el cuidado que marca al ser y que, a su vez, se revela en la belleza y lenguaje, en la poesía, con Heidegger y la hermenéutica de Gadamer.  Todo ello llegará a su culmen, y es el sentido más profundo de la educación, en el personalismo comunitario con el protagonismo y dignidad de la persona en la alteridad de los otros y de la realidad socio-histórica, la libertad y justicia con los pobres de la tierra.

No hay educación pues sin mostrar todo este caudal filosófico y metafísico, antropológico y ético que nos realice, que nos desarrolle integralmente como personas.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas noticias