Filosofía y razón crítica-utópica en diálogo con la esperanza de la fe

Estamos en tiempo de Pascua, en donde la fe hace memoria y celebra a Jesús Crucificado-Resucitado. Es la fe y la esperanza que el amor fraterno, que se no muestra en la entrega de Jesús Crucificado por el Reino de Dios y su justicia liberadora con los pobres de la tierra, vence a todo mal e injusticia, a la misma muerte.

La Resurrección de Jesús Crucificado significa que el amor, la paz y la justicia con los pobres-víctimas que da vida: triunfa sobre toda opresión e injusticia, sobre el mal y la muerte; que el dolor o el sufrimiento e injusticia, como la que padecen los pobres de la tierra y las víctimas de la historia o aquellos mártires  de la lucha por la justicia,  no tiene la última palabra.

La Resurrección de Jesús  Crucificado, que se entrega por el Reino de amor fraterno y justicia con los pobres, asume y culmina con una novedad profunda las promesas del Dios Bíblico. El Dios de Abraham, de Moisés o de los Profetas. El Dios de la alianza en la vida y justicia liberadora con los pobres, que nos regala la vida y liberación integral del mal, muerte e injusticia que padece la humanidad, todos los pueblos de la tierra.

Filosofía crítica-utópica

Por tanto, se comprende bien como el pensamiento utópico y la filosofía crítica, humanista o ética ha estado inspirada en muy buena medida en esta fe bíblica y cristiana, en las promesas y esperanzas judeo-cristianas que culminan en el Dios revelado en Jesús Crucificado/Resucitado.

No se entiende todo este pensamiento y filosofía crítica-utópica, como se va realizando por ejemplo en la Edad Moderna, sin la esencial e imprescindible aportación de la fe y su fuente de esperanza liberadora. Ahí tenemos al humanismo renacentista y sus maestros como Santo Tomás Moro, que con su obra Utopía es un ejemplo paradigmático de esta filosofía transformadora, liberadora y crítica-utópica.

Juan Luis Vives y Erasmo, Francisco de Vitoria y el jesuita Francisco Suarez que, junto Bartolomé de las Casas u otros, conforman la escuela de Salamanca,  y son los pioneros de los derechos humanos, del derecho internacional.

El humanismo liberal e ilustrado con Descartes y Rousseau, Kant y Hegel, entre otros, que inspirados por la fe, con sus aciertos y límites, son artífices de lo más valioso de la razón humanista e ilustrada, la libertad y la razón crítica, la ética con la igualdad y dignidad de  la persona. Lo que continúa y es profundizado por los conocidos como autores del socialismo utópico, Saint-Simon, Fourier u Owen que desde el cristianismo buscaron la justicia e igualdad; frente a las lacras del naciente capitalismo industrial.

Tal como se ha investigado, no se comprende el movimiento obrero y social sin la inspiración de la fe cristiana. Con el protagonismo de los trabajadores por esa cultura y humanidad nueva, basada en la solidaridad, en la justicia y dignidad de la personas. Incluso el propio Marx, con sus aciertos y errores como se ha estudiado, a pesar de su proclamado ateísmo tiene de fondo la cosmovisión judía-bíblica en su filosofía, análisis y praxis crítica, en lo más valioso de su humanismo, con unas metáforas o expresiones de claro sentido teológico.

Ya en la Edad Contemporánea, todo este sentido humanizador y crítico que aporta la religión, como es la fe cristiana, se actualiza y profundiza en los diversos humanismos del Siglo XX, en las distintas corrientes de la filosofía o pensamiento. Tales como la fenomenología con Husserl o el existencialismo y hermenéutica con Heidegger o Gadamer.

Es conocido y estudiado como en Heidegger, su formación teológica le influye e inspira para su filosofía del ser, de los existenciales como el tiempo e historicidad. El ser ahí, la existencia humana, que se abre a la mística del ser manifestada en el lenguaje y en la poesía. La luz y la existencia o vida del ser que al final se desvela y manifiesta sobre la  oscuridad o la nada, que crítica nuestra civilización científico-técnica con su utilitarismo.

La teoría crítica de la escuela de Frankfurt con Horkheimer Adorno, Benjamin, por ejemplo, o el humanismo de E. Bloch con su “Principio Esperanza” que han mantenido un dialogo paradigmático con la teología y pensadores. Tales como J. Moltmaan con su teología de la esperanza, o J.B. Metz con su teología política.

Este dialogo fecundo de la teoría crítica o nuevos humanismos con estas teologías de la esperanza y política, nos hace ver como la fe judeo-cristiana es todo un caudal de pensamiento utópico-critico, esperanzador. El cual es transformador y liberador de la realidad, dinamiza y trasciende al ser humano en el mundo e historia; realiza la crítica y denuncia toda sistema establecido en el mal e injusticia Y anuncia, apertura la justicia que libera de la dominación, la esperanza con las víctimas de la historia que confía y espera en que la muerte e injusticia no tengan la última palabra, en un anhelo de sentido y justicia plena.

Teología de la liberación

Ahí tenemos asimismo al personalismo. Con figuras como Maritain, Mounier, Marcel o Rovirosa que anteponen la centralidad y el protagonismo de la persona a toda instancia, sistema que quiera negar esta dignidad trascendente del ser humano. El personalismo en sintonía con el pensamiento latinoamericano liberador, con autores como los jesuitas Ellacuría y Scannone o E. Dussel – que han establecido un dialogo fecundo con pensadores afines al personalismo como Zubiri o Levinas-, ha impulsado toda este pensamiento crítico y liberador; frente al des-orden establecido o al sistema dominador u opresor y excluyente.

En donde la persona, con su vida, está por encima de todo sistema inmoral e injusto, ya que niega esta vida y dignidad. La justa distribución universal de los bienes está antes que la propiedad privada. El trabajo tiene la prioridad sobre el capital, que no puede ir en contra de las necesidades de las personas o el desarrollo humano e integral. La pobreza solidaria, en la justicia con los pobres de la tierra, se opone a la riqueza, al ser rico y al tener o consumir que deshumaniza, que produce la infelicidad.

Este personalismo y pensamiento latinoamericano, como es la teología de la liberación, nos ha mostrado como los pobres y los pueblos son los sujetos, los protagonistas de la realidad, de su promoción liberadora e integral. Con una crítica y deslegitimación de las ideologías o sistemas injustos que han dominado.

Como es el liberalismos economicista, el capitalismo que, con su mercantilismo e individualismo insolidario, niega la solidaridad y la justicia e igualdad. Y el comunismo colectivista o colectivismo, que rechaza la libertad y la co-gestión democrática.

Con su materialismo economicista y elitismos del poder, estas dos ideologías-sistemas perversos como son el capitalismo y el colectivismo: niegan la dignidad, la centralidad y el protagonismo de las personas, de la comunidad o sociedad civil que deben gestionar y transformar la realidad.

Autores actuales de diferentes corrientes del pensamiento. Como  son Habermas, principal representante de la segunda generación de la escuela de Frankfurt, con su teoría comunicativa, o G. Vattimo, autor señero de la corriente más post-moderna, han reconocido la imprescindible aportación del cristianismo a la filosofía y a la ética, a la solidaridad y a la dignidad, al amor y a la justicia.

Y quien se acerque, sin prejuicios, a conocer la Doctrina Social de la Iglesia, tal como está mostrando hoy el Papa Francisco, verá todo este humanismo crítico e integral.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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