Felicidad y desarrollo

En la actualidad, el día 20 de Marzo se ha instituido como el día internacional de la felicidad. Pues bien, vamos a presentar el estado de esta cuestión, con sus diferentes aspectos, desde estudios psico-sociales actuales, desde las diversas ciencias sociales o humanas, que nos parecen muy interesantes e importantes.

Primeramente, lo que constituye una clave esencial, es que la felicidad personal, de los seres humanos, se va alcanzando en la medida que vamos desarrollando unos valores o principios, unas actitudes, responsabilidad y compromiso altruista, gratuito y solidario por una sociedad-mundo más justo y fraterno.

Junto al cultivo de la sabiduría o contemplación de la existencia, ya desde la filosofía clásica con Aristóteles, se muestra como la felicidad se va fraguando en esta vida de virtud y moral, en estas virtudes ética y responsabilidad moral de la justicia y el bien común.

En esto, hay posibilidad de dialogo y encuentro con la cosmovisión bíblica, judeo-cristiana, desde un ámbito más de fe y espiritualidad, teologal o teológico. Ya que el plan que tiene Dios para el ser humano y la creación es que las personas, a su imagen y semejanza, en su relación y encuentro con Él vayan viviendo en el servicio, amor fraterno y justicia liberadora con los pobres. Lo cual va dando vida fecunda, plena, eterna…

Tal como culmina todo esto en la Revelación de Dios en Cristo, Pobre y Crucificado, donde el don del amor de (a) Dios y al ser humano son inseparables. El amor, servicio y compromiso solidario por la justicia con los pobres: nos hace encontrarnos con este Cristo Pobre y Crucificado, con la vida plena, eterna. Y todo ello, de forma similar, lo va mostrando la ciencia social actual.

Los más felices, las personas solidarias

Ya que los seres humanos, por ejemplo los jóvenes, que más se sienten felices, que más experimentan la felicidad son aquellos que desarrollan estos valores y compromisos solidarios por un mundo mejor, más justo y solidario. Con la participación en instituciones u organizaciones sociales y solidarias.

Y es que la persona está constituida a nivel físico-biológico y psico-social por la motivación de la cooperación y justicia con los otros. Cuando este sentido de la justicia y de la dignidad de la persona no se realiza, la agresión y, su peor cara, la violencia afloran, destruyendo una convivencia fraterna, justa y pacífica. Al contrario de lo que se piensa muchas veces, como se ha estudiado, el dinero o los bienes económicos solo van proporcionando cierto bienestar, en la medida que van cubriendo las necesidades básicas.

Una vez satisfechas estas necesidades primarias como el alimento o el vestido, la vivienda o el empleo, lo que realmente te va procurando la vida feliz y desarrollo o maduración: es el ser, no el tener, son estas relaciones humanas y fraternas; esta entrega, servicio y compromiso por unos ideales o valores de solidaridad y justicia, de compromiso por el cambio y la transformación de un mundo más humano y espiritual. Tal como nos muestra esto, asimismo, la psicología humanista y de la religión con autores como V. E. Frankl, C. Rogers, A. Maslow o E. Fromm.

La vida y existencia va, pues, alcanzando humanización, futuro, trascendencia…desde la solidaridad fraterna y justicia liberadora con los pobres, desde sus anhelos, luchas y proyectos liberadores. Así lo entendió y vivió ese maestro de científicos sociales y psicólogos que fue el jesuita I. Martín-Baró, uno de los conocidos como mártires de la UCA junto a I. Ellacuría y el resto de compañeros, asesinados en el Salvador por su entrega y compromiso por la justicia.

Cada vez más, la figura de Martín-Baró es admirada y valorada por su contribución a una ciencia social y psicología ética, crítica, humanizadora y liberadora.

Esta vida y existencia en solidaridad y justicia con los pobres de la tierra: te va liberando de patologías y males como la falta de autoestima, depresión, ansiedad, etc. Ya que la vida desde y con los pobres de la tierra es intensa, apasionada, entusiasmante en la lucha y promoción de la vida, dignidad y derechos de las personas.

Es la espiritualidad solidaria y mística del don, que alimenta el compromiso por la fraternidad, justicia y liberación integral con los pobres; que da dinamismo, capacidades y potencialidades, pasión por la existencia, que regala vida y vida en abundancia, esperanza que libera integralmente. Y así, como indicamos, vivieron todo ello pensadores y testimonios de la talla de G. Rovirosa, promotor de la HOAC en España, my buen conocedor de lo humano, espiritual e ignaciano. Otra figura cada vez más valorada con diversas tesis doctorales.

Qué influye en la felicidad

Por lo tanto, desde todo lo anterior, vamos alcanzando el perfil y rasgos de la persona feliz, que se realiza en la contemplación y entrega (acción), en el servicio y compromiso por el bien más universal, por la solidaridad y la justicia con los pobres, en la lucha contra el sufrimiento, el mal y la injusticia.

Una experiencia humana y espiritual que está en lo más hondo de lo ignaciano. Más, como nos enseña igualmente lo más valioso de la filosofía y ética, con el mismo Aristóteles, el pensamiento social y moral cristiano o las ciencias sociales, la felicidad personal supone y se inter-relacionan con la felicidad social y política.

Las ciencias sociales, como la psicología y la sociología, muestran como los contextos e instituciones, los sistemas y estructuras sociales influyen y condicionan la felicidad, desarrollo y bienestar de las personas. Unas relaciones y estructuras sociales, políticas y económicas injustas e inhumanas: causan conflicto social, desigualdad y otras patologías sociales; deterioran la salud y el bienestar, producen violencia.

Aquellas sociedades como más justicia e igualdad, con políticas sociales y públicas con más calidad e equidad son las que alcanzan más niveles de felicidad, de salud y bienestar autentico, un real desarrollo humano. Tal como nos muestran los últimos estudios sociales que son esenciales, realizados asimismo en el marco de la crisis actual.

No basta con aumentar el crecimiento, el PIB o el empleo. Tal como sucedió, por ejemplo, en aquella etapa de la “España va bien” y ahora, en la actualidad, como nos revela los estudios, ligados a Caritas Española, de FOESSA. En donde, tal como acontece en la realidad actual, si no se reparten de forma justa, a nivel global, los bienes, recursos y capacidades: se consolidan y aumentan las problemáticas y patologías sociales, en forma de empobrecimiento y marginación o exclusión social.

Esto es: no hubo ni hay (ni habrá) desarrollo y felicidad sin un empleo decente, de calidad, con salarios suficientes y el resto de condiciones laborales dignas para el trabajador-a y su familia. Sin un sistema fiscal equitativo, donde tributen los que más tienen, es decir, los patrimonios más altos y el capital, las empresas, multinacionales y la banca, las corporaciones y operaciones financieras-bancarias; erradicando, por tanto, los paraísos fiscales y resto de fraudes tributarios.

Sin políticas sociales y públicas de calidad, con una renta básica, educación y cultura, sanidad y medicamentos, vivienda y el resto de servicios públicos e infraestructura de primera necesidad como el agua, la luz o el transporte.

Todo esto es, en definitiva, cumplir con el estado social de derecho-s, (garante de los derechos humanos) que, como han estudiado las ciencias sociales, nos proporciona un desarrollo humano, social e integral. Los países y sus políticas que son más inclusivas para todos sus habitantes, que no son extractivas ni marginan a sus gentes, son las que más se desarrollan adecuadamente.

Por lo tanto, no traen la felicidad ideologías y políticas como las neoliberales, las capitalistas, que hoy dominan el mundo, en cuya esencia está la injusticia y desigualad social, la acumulación de los bienes y recursos en pocas manos. Lo que impide una justa distribución de los mismos, causa la destrucción y privatización de las políticas públicas y sociales, etc. Como nos estudia los últimos informes y estudios sociales, la obscena e inmoral desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países.

En esta línea, las políticas neoliberales de recortes de los gastos sociales y públicos, como los la sanidad, han aumentado los problemáticas y patologías de salud. Un ejemplo dramático es como con esta crisis, que ha producido tanta injusticia y desesperación en forma de pobreza y exclusión, ha aumentado los índices de suicidios. Además es vital que estas políticas sociales y públicas se mundialicen, se hagan globales para alcanzar un desarrollo humano, social y justo para todos los seres humanos. La felicidad para toda la familia humana, en la era global en la que vivimos.

Todo lo anterior además, como ya hemos señalado, nos los muestra desde su ámbito, de forma similar, el pensamiento social cristiano, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y la perspectiva ignaciana. Como se ha estudiado, la perspectiva de desarrollo humano e integral que nos presenta la DSI, con su especificidad de la fe, es análoga al enfoque de los Informes sobre el Desarrollo (IDH) de Naciones Unidas (PNUD) y, en esta línea, a los planteamientos del desarrollo de los premios Nobel de Economía J. A. Stiglitz y, en especial, A. Sen. Se trata de una globalización fraterna, una civilización del amor para toda la humanidad.

Una mundialización de la solidaridad, de la paz y la justicia para el desarrollo humano y sostenible, feliz e integral. Todo ellos frente a la globalización neoliberal del capital. Contra el capitalismo, hoy global, con sus ídolos del mercado y de la competitividad, del beneficio y de la riqueza (de ser ricos), de la guerra y destrucción ecológica.

Ya que no respeta la vida, dignidad y felicidad de las personas y pueblos, sus capacidades, posibilidades y “ser” (humano, solidario espiritual), el bien ser, al que antepone la deshumanización de la ganancia, del tener y el poder.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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