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La fe con San Pablo nos transmite un humanismo integral y verdadera utopía fraterna que desde la vida en Cristo.

Antropología y revolución en el humanismo de la fe con San Pablo

Vivimos tiempos complicados, convulsos y confusos con males, injusticias, populismos y totalitarismos de todo tipo. Por lo que se necesita, ahora más que nunca, un sentido y orientación en la vida con un humanismo antropológico, ético y espiritual que muestre la belleza de la trascendencia y de la eternidad, la auténtica revolución. Así nos lo transmite el Papa Francisco. Dicho humanismo ético e integral, como vamos a exponer, es la base de los derechos humanos.

Tal como nos manifiesta la fe con San Pablo que, aunque a veces no conocido ni comprendido bien, en los estudios e investigaciones actuales se nos presenta de forma muy significativa en el pensamiento, la teología, la cultura e historia. En la antropología y pensamiento, asimismo, queremos resaltar la obra de Ll. Duch, monje benedictino, profesor y uno de los autores relevantes en estos campos, al que también seguimos en este artículo que dedicamos a su memoria por su reciente fallecimiento.

La persona es un animal simbólico que trata de dotar de sentido a la existencia, mediante estos símbolos que otorgan significados a la realidad para irnos liberando del caos, del mal y sin sentido. El ser humano está constituido por estas estructuras de acogida como es la familia (co-descendencia), la política (co-residencia), la comunicación (co-mediación) y la religión (co-trascendencia).

Efectivamente, la persona es constitutivamente un ser: corporal y afectivo en relación con los otros como es la familia; político en las relaciones con la sociedad y el mundo; comunicativo que “empalabra” la realidad; religioso que en relación con Dios busca trascenderse, en la apertura a la esperanza, al amor que no termina y a la vida plena-eterna.

La fe con Pablo de Tarso nos comunica todo esta antropología, misión y humanismo. En donde la familia e iglesia doméstica, como esposa de Cristo, es realidad de amor y comunión fraterna que transmite todo este humanismo antropológico, ético, social y trascendente. Siguiendo a la revelación bíblica (Gn 2,23-24) que culmina en Jesús (Mt 19,5; Mc 10, 7-8), en San Pablo (Cor 6,16; Rom 1,18-32; Ef 5,31) se encuentra de fondo esta antropología familiar e integral; con toda la dignidad e importancia del cuerpo, que se dona en amor entregado del hombre con la mujer, en su diversidad y complementariedad, abierto a la vida, a los hijos y al bien común.

La fe con San Pablo

En relación solidaria, responsabilidad ética y compromiso con la comunidad social, política e histórica. La misión y la fe con San Pablo nos muestran al matrimonio, a la familia y mujer (iglesia doméstica) como sujetos protagonistas de la misión y de la comunidad con toda su dignidad, igualdad y trascendencia en dicha fe evangelizadora Ahí tenemos por ejemplo a Aquila y Priscila (Hch 18; 1 Cor 16, 19-20), a Junia apóstol (Rm 16, 7) o a Febe diaconisa (Rm 16, 1-2).

Y toda esta familia e iglesia doméstica, cuerpo de Cristo, tiene un inherente carácter político. Ya que son las comunidades que simbolizan y expanden por la sociedad, el mundo y la humanidad todo este amor ( 1 Cor 13), comunión fraterna y justicia liberadora del mal e injusticia que aprisiona la verdad (Rm 1, 18). Es la humanidad nueva en Cristo con su Espíritu y Gracia, que nos trae la trascendencia de la vida que hay que respetar y cuidar en todas sus fases, dimensiones o formas.

Una vida transformada, fraterna y justa (Rm 5) que nos libera de todo orden opresor, ley injusta y muerte con la verdadera libertad que se realiza en este amor fraterno y solidario (Gal 5, 13). Todo orden, ley o autoridad solo tiene sentido y es legítima (moral) si posibilita el Reino del amor fraterno, vida, justicia y paz que va más allá de toda norma o legislación que no realice el bien con los otros, con los más débiles (Rm 14, 17-18).

La Gracia de Dios en Cristo, acogida y vivida en la fe por el amor que realiza justicia, no es conformista ni sumisa al des-orden injusto e inhumano del mundo (Rm 12,2), es liberadora de todo ley y estructura de pecado (de mal e inmoral, Gal 3).

Desde Cristo pobre-crucificado, es la iglesia y comunidad pobre con los pobres que transmite toda esta auténtica sabiduría de la cruz en el amor fraterno, la paz y la justicia. Y que se opone a los falsos saberes, poderes e imperialismos que dominan, oprimen y generan la injusticia. Todos esos ídolos del saber, poder, poseer y tener (1 Cor 1-2).

“Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo y locura” para los poderes de este mundo….”Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Cor, 23. 26-28).

En la encarnación de Dios en Cristo, como celebramos en Navidad, se nos manifiesta esta Kénosis, el abajamiento solidario con lo humano, con los esclavos, oprimidos, pobres y crucificados de la historia (Flp 2, 6-8). La iglesia celebra este acontecimiento de la encarnación en el cuerpo y la pasión de Cristo, como símbolo (sacramento-Eucaristía) de amor donado y fraternidad solidaria en la comunión de vida, de bienes y justicia con los pobres. En contra de toda desigualdad, injusticia e idolatría de la riqueza-ser rico que pervierte toda esta comunión eucarística, fraterna y solidaria (1 Cor 1, 17-34).

Desde sus comienzos en la misión, Pablo lleva a la práctica de la fe la memoria solidaria de los empobrecidos (la opción por los pobres), que es esencial en iglesia de Jesús (Gal 2, 10). Es la fe que promueve la justicia liberadora de toda injusticia e idolatría de las cosas (poderes) de este mundo (Rm, 1-3).

Tal como se ha estudiado, la fe con San Pablo nos transmite este humanismo integral y verdadera utopía fraterna que desde la vida en Cristo, simbolizada (sacramentalmente) en el bautismo, nos hace hijos de Dios. Por tanto, nos convierte en hermanos con toda esta libertad y dignidad sagrada e inviolable, con relaciones fraternas de amor, solidaridad y justicia.

La revolución de la fe con San Pablo

De ahí que en esta verdadera revolución que nos trae la fe, se termine con toda desigualdad e injusticia por razón: de sexo, se acaba con la opresión y violencia sobre la mujer; de raza, nación y religión frente a todo racismo, nacionalismo excluyente e integrismo religioso; de clase social-económica en contra de la explotación y pobreza injusta, en oposición a los falsos dioses de la propiedad y del capital que sacrifican la vida del pobre (Gal 3,26-28; 1 Cor 12, 13). “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28).

El humanismo ético y la fe con San Pablo nos muestran claramente el amor universal, la fraternidad mundial y la justicia global que trasciende toda frontera, barrera y exclusión de cualquier tipo. Esta vida nueva en Cristo Crucificado-Resucitado, que nos transforma personal y socialmente en la historia, anticipa y realiza ya la salvación liberadora de todo pecado, muerte e injusticia. Lo cual se culmina en la vida plena-eterna, en la belleza de la eternidad que consuma la trascendencia de toda la humanidad, el mundo y el cosmos cuando “Dios sea todo en todos” (1 Cor 15, 28).

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Y la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime a una y está con dolores de parto hasta ahora; no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Rm 8, 19-23).

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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