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Compañera de la Universidad Loyola Andalucía en la Simulación de las Naciones Unidas.

Marta Isabel Campos: «Nuestra actual clase política ha perdido totalmente la esencia de los debates»

El pasado mes de octubre Marta Isabel Campos, compañera 3º del doble Grado en ADE Bilingüe y Derecho, tuvo la oportunidad de asistir a la Simulación de Naciones Unidas MIMUN-UCJC (Madrid International Model United Nations), organizada por la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Más concretamente, representó a la delegación del Reino Unido e Irlanda del Norte en la comisión de asuntos jurídicos de la Asamblea General. Ganó el premio a la mejor delegación de la sexta comisión jurídica, en la cual se debatió sobre el ‘Derecho a la privacidad en la era digital’ y el ‘Tratado sobre el comercio de armas’.

Pregunta (P): Segundo año que lo consigues ¿Ha sido un reto repetir?

Respuesta (R): Fue todo un reto defender los intereses del principal exportador de armamento del mundo junto con Estados Unidos y uno de los países europeos con mayores programas de vigilancia en la actualidad.

(P): ¿Qué supone para ti ganar este premio?

(R): Para mí este premio supone, como es lógico, una gran satisfacción por el trabajo realizado, pero, por encima de todo, también es una motivación para seguir mejorando, para ir siempre más allá de las que un día consideré que eran mis propias posibilidades.

Torneo de debate Simulación de Naciones Unidas
Marta Isabel Campos en el torneo disputado en la Universidad Camilo José Cela.

(P): ¿Cómo fue el proceso desde que quisiste ir a Madrid hasta que te tocó hacer Reino Unido? ¿Qué hacías exactamente? ¿Cuál fue tu trabajo?

(R): No era la primera vez que iba a este tipo de simulaciones y ya conocía de primera mano los protocolos a seguir como delegada. El año pasado ya participé en la Simulación de Naciones Unidas de la Universidad Rey Juan Carlos y muchos compañeros que conocí allí me aconsejaron ir a MIMUN-UCJC este curso. Al principio, he de admitir que estaba bastante nerviosa por el gran nivel que prometía el modelo y la complejidad de representar a una primera potencia europea, pero también es cierto que, una vez allí, y tras las primeras horas, empecé a ganar confianza en mí misma y a disfrutar muchísimo del debate. Mis funciones en el comité eran muy variadas: desde conseguir alianzas hasta liderar el que resultó siendo el proyecto de resolución de la temática discutida.

(P): Cuéntanos lo más difícil y lo más fácil de la experiencia, alguna anécdota…

(R): Considero que, como todo en la vida, la palabra “fácil” no tiene cabida en el mundo del debate. Y la verdad es que, siendo sincera, prefiero que así sea. Es increíble lo mucho que llegas a aprender en las semanas de investigación previas al debate y de los diferentes puntos de vista de tus compañeros durante el mismo. En este aspecto, no puedo estar más orgullosa de la evolución de los miembros del club que me han acompañado en esta gran experiencia: Rocío Muñoz Monzó y Jaime Rufino Campos. Con ellos, he vivido muchísimos momentos de tensión y nervios, pero también de risas y aprendizaje. Recuerdo que nuestra compenetración era tal que, incluso en uno de los debates, uno de los participantes nos comentó que le resultaba tremendamente peculiar cómo podíamos comunicarnos entre nosotros simplemente con miradas o con gestos sutiles, acertando en cada una de nuestras predisposiciones antes de comenzar el discurso.

Interés por el debate

(P): ¿De dónde viene tu interés por el debate? ¿Desde pequeña?

(R): Mi pasión por la oratoria y el derecho se la debo, sin duda alguna, a una de las personas más importantes de mi vida: mi padre. Él es quien siempre me ha guiado por la senda del esfuerzo y la perseverancia, me ha educado en los valores del espíritu crítico y el inconformismo, y, por encima de todo, me ha ayudado a comprender que el mayor reto que existe es cumplir con las exigencias de uno mismo, y no con las críticas del resto. Para mí, siempre ha sido, es y será todo un ejemplo a seguir tanto a nivel profesional como personal.

(P): Ahora, además, Valme y tú, junto a dos compañeros de Córdoba coordináis el Club de Debate… otro gran reto ¿no?

(R): ¡Sí! Ambas estamos muy ilusionadas por el gran proyecto que se nos ha presentado este año. Somos conscientes de la gran dificultad que supone las tareas de formación y organización del club, y por ello, nuestra implicación es plena y absoluta. Esperamos por tanto estar cumpliendo con las expectativas  y la confianza depositada en nosotras, garantizando así la satisfacción de los alumnos que semanalmente acuden a las sesiones del club.

(P): ¿Qué objetivos tenéis desde el club y cuál es vuestro reto personal?

(R): A corto plazo ya está planificada la siguiente actividad, que tendrá lugar en nuestro campus el próximo 25 de Noviembre. Se trata del II Torneo de debate Intercampus Sevilla-Córdoba, que reunirá a alumnado de ambas ciudades para debatir acerca de la situación actual con respecto a Cataluña.

En cuanto a nuestro objetivo más a largo plazo, y, por qué no decirlo, también más personal, siempre será conseguir que los alumnos saquen lo mejor de sí mismos, que comprendan que más allá del talento, con esfuerzo, pasión y constancia podrán lograr cualquier meta que se propongan, ya sea como oradores o como futuros profesionales en sus respectivos puestos laborales.

Alumnos y compañeros del debate
Simulacion de Naciones Unidas en la Universidad Camilo José Cela en Madrid.

(P): Llevándolo a la actualidad… ¿Crees que faltan argumentos en los grandes debates? ¿Por qué?

(R): Creo que no solamente faltan argumentos, sino que nuestra actual clase política ha perdido totalmente la esencia de los debates que mencionas. En la década de los 70, un joven Adolfo Suárez pronunció las siguientes palabras: “Agradeceré que busquen siempre las cosas que les unen y dialoguen con serenidad y espíritu de justicia sobre aquéllas que les separan”. En aquellos años, no mucho mejores que los presentes, el espíritu de la transición y la necesidad de una democracia consolidada hicieron que personalidades políticas tan dispares como Manuel Fraga o Santiago Carrillo trabajaran por un proyecto de Estado común, por una España por y para los españoles.

Parece, sin embargo, que esa predisposición al diálogo y al entendimiento se ha ido desvaneciendo hasta nuestros días, transformando lo que antes era la vocación política en una mera oportunidad para inculpar continuamente al oponente sin llegar a soluciones comunes lógicas y coherentes. Esperemos, no obstante, que las nuevas generaciones sí sepan aportar ese halo de luz y de esperanza tan necesario, y, a la vez tan justamente reclamado, en el aún inestable contexto político nacional.

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