La experiencia espiritual en la teología

A la vuelta del verano puede ser bueno el retomar algún tema de fondo y más vivencial en el quehacer teológico que nos ayude a resituarnos tras el verano. En concreto, quería simplemente reflexionar sobre la relación entre la teología como ciencia y la experiencia espiritual, parte fundamental de la vida cristiana.

Por experiencia espiritual entiendo no sólo los sentimientos espontáneos, sino el encuentro profundo con Dios del fiel cristiano en su interior por medio de las prácticas espirituales como la oración o los sacramentos. Lo que San Juan de la Cruz llamaba “la unión con Dios” para subrayar el carácter básicamente relacional que ha de tener.

Normalmente, la percepción es que esta experiencia espiritual es algo bueno y piadoso, pero que no tiene nada que ver con la reflexión sesuda y rigurosa que se espera de la teología. Esta percepción refleja bien la evolución de la teología en la baja Edad Media cuando se profesionalizó en las universidades convirtiéndose en una disciplina intelectual.

Sin embargo, la mayor parte de los que han reflexionado desde y sobre la fe cristiana a lo largo de la historia lo han hecho desde su experiencia de Dios en la oración o la liturgia o el servicio de los más pobres. Este es el caso de todos los Padres de la Iglesia o de muchos teólogos que han sido canonizados como San Buenaventura o Santo Tomás de Aquino.

Frente a esta aparente dicotomía hay que tener presente la posición de Gustavo Gutiérrez quien, desde su primer libro, Teología de la liberación. Perspectivas (1971), afirmaba que la teología como disciplina es un momento segundo que se limita a formular la experiencia que se ha tenido en un momento primero.

En este sentido, para Gustavo Gutiérrez todo cristiano es teólogo en cuanto que tiene ocasión de encontrarse con Dios en ese momento primero y de intentar describir ese encuentro. Algunos se forman particularmente para poder formular esa experiencia de una manera más académica y según criterios intelectuales compartidos. Esos serían los teólogos como los solemos entender.

La necesidad de la experiencia espiritual en teología

Gustavo Gutiérrez entiende que, en ese momento primero lo que se da es una experiencia de Dios en sentido muy amplio, lo que incluye la vida espiritual, pero también el servicio a los demás y el trabajo por la justicia. En cualquier caso, la experiencia del Dios vivo y la escucha de su palabra sobre nuestra propia vida que podemos hacer en la oración o la liturgia es la base de toda teología posterior.

Ciertamente la teología tiene el peligro de desconectarse de la experiencia espiritual y en más de una ocasión a lo largo de la historia lo ha hecho. Sin embargo, cuando nuestro discurso sobre Dios se va limitando a nuestra palabra sobre la idea de Dios que tenemos, y no sobre una experiencia auténtica en nuestro interior, nuestro discurso se acaba secando. Un ejemplo histórico de teología “seca” es la escuela nominalista de los siglos XV y XVI.

La conexión entre experiencia espiritual y teología es una necesidad hoy en día, en que los hombres y mujeres demandan testimonio más que ideas. El teólogo alemán Hans Urs von Balthasar hablaba de la necesidad de “hacer teología de rodillas”. Este hecho explica que una teología que se considere ignaciana y jesuita deba estar siempre marcada por la experiencia de los Ejercicios Espirituales, lugar privilegiado de “unión con Dios” que nos legó Ignacio de Loyola.

Autor

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagrán, jesuita, licenciado en ADE y doctor en teología. Profesor en la Facultad de Teología de Granada. Su empeño es llevar la teología al debate público y enriquecer éste con la sabiduría de la fe. Le preocupa la voz de la Iglesia en la sociedad pluralista y el diálogo interreligioso.

Comments

  1. Lo importante en mi vida es ese diálogo constante personal con mi Padre. Me falta el analices teórico de esa experiencia vivida y sentida

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