Ética y estética liberadora como arte de vida.

Ética y estética: La belleza que libera

Se ha realizado recientemente el Seminario Internacional de Diseño y Creatividad, organizado por mi Universidad- la Pontificia Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI)-, en donde he impartido una Conferencia. Tuvo por título Ética y Diseño: Hacia una estética liberadora. El arte de la vida.

En esta intervención, aborde el diseño, el arte y la cultura en general desde la filosofía en diálogo con la teología, centrándome en la inter-relación entre las temáticas de la ética y de la estética.

La clave de fondo es la entraña antropológica y moral que constituye a la persona y que se expresa en su actividad creadora, en sus manifestaciones artísticas y culturales. El arte y la cultura no son neutrales, ya que vehiculan una forma de sentido de la existencia,  una compresión y praxis del ser humano, una cosmovisión de la realidad y del mundo.

Siguiendo a la filosofía y la ética, por ejemplo a autores tan relevantes como T. W. Adorno, entendemos que la cultura es el intento de humanizar a la persona que, a diferencia del animal, no es esclava de los instintos y  estímulos.

De esta forma, el arte y cualquier expresión cultural nos señalan unos valores, principios o criterios sociales y éticos-políticos que se encuentran con la realidad en donde habitamos y nos realizamos. Por tanto, en la estela de esta reflexión filosófica y del mismo Adorno o su compañero W. Benjamin-por solo citar a algunos autores relevantes-, el arte y la cultura no puede ser neutra e impasible ante la realidad del mal, del sufrimiento y la injusticia.

Frente a la realidad de Auschwitzel GulagHiroshima o Sudán, como paradigmas del símbolo de este mal (de la muerte e injusticia, de la dominación, violencia y de la miseria), el arte debe expresar una responsabilidad ética y compromiso social.

Ya que si no caería en la indiferencia, pasividad y complicidad ante todos estos totalitarismos e injusticias de la violencia, de la opresión y del empobrecimiento del mundo.  El arte y la cultura no pueden dejarse domesticar ni estar atrapados por la banalidad del mal, en la senda de H. Arendt, ese mal e injusticia cotidiana que la vemos ya como normal, acostumbrándonos e insensibilizándonos ante tanto sufrimiento injusto.

Promoción de la justicia

Por tanto, todo arte y cultura ha de ser inspirado por la pasión solidaria en la promoción de la justicia liberadora con las víctimas, con los excluídos y  pobres de la tierra. Con un sentido crítico, ético y liberador, frente a toda esa industria cultural que manipula el arte y cualquier otra manifestación de la cultura para deshumanizarnos o alienarnos.

La cultura como industria y mercado, como nos muestra el Papa Francisco,  produce la globalización de la indiferencia, la cultura del descarte, el individualismo relativista, el hedonismo y el consumismo economicista que mantiene al orden injusto establecido

Como nos sigue mostrando Adorno, el sufrimiento es condición de verdad, el conocimiento tiene su luz en la redención y el pensamiento que es real se abre la trascendencia. Por lo que el arte y la cultura tienen que promover toda esta estética ética y liberadora desde la memoria de las víctimas de la historia, en la compasión y justicia con los pobres de la tierra.

Es un arte y cultura que se abre al sentido de la vida, al anhelo de justicia y de plenitud, al sufrimiento e injusticia que padecen los crucificados de la historia y los mártires por la justicia por tanto mal, opresión y pecado.

En la senda de la teología con autores tan significativos s como H. U. Von Balthasar, es la espiritualidad y al amor que solo es digno de fe, en la trascendencia de la verdad, del bien y de la belleza. Una estética teológica que encuentra el culmen de lo bello en la figura de Jesús Crucificado, la Revelación plena de la belleza del Dios del amor que se entrega, en fraternidad solidaria, por la humanidad.

De esta forma, Dios nos ha manifestado que la belleza y el arte de la vida más profundo son el servicio, entrega y testimonio (el mártir) en el compromiso por el amor, la paz y la justicia con los crucificados  y pobres de la tierra.  Lo que nos libera y nos salva de todo pecado e injusticia, nos da vida, la belleza de la vida plena, eterna.

Así nos lo han mostrado todos los santos y testigos de la fe que convirtieron su vida en un arte, en el arte del amor, de la misericordia compasiva y justicia liberadora ante todo sufrimiento, mal e injusticia.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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