Agenda

Noticias

Sevilla

Córdoba

Desafíos para la credibilidad de la ética teológica con Francisco

Desafíos para la credibilidad de la ética teológica con Francisco

Este artículo surge a raíz del Congreso de la CTEW, Conferencia internacional sobre Ética Teológica, que se celebró en la Universidad de Sarajevo. Allí presenté la ponencia “ciencias, filosofía y ética en diálogo con la eco-espiritualidad”, inspirada en el magisterio del Papa Francisco, por ejemplo, en Laudato si‘ (LS) con su ecología integral.

Tal como afirmaba en un importante mensaje a la Asociación Teológica Italiana, Francisco nos señala “algunos desafíos inéditos que involucran hoy a la humanidad: como el de la crisis ecológica, el desarrollo de las neurociencias o de las técnicas que pueden modificar al hombre; como el desafío de las cada vez más grandes desigualdades sociales o de las migraciones de pueblos enteros; como el del relativismo teórico, pero también el del relativismo práctico”.

El mismo Francisco afronta estos restos en su magisterio, cuando apunta que ya, “en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium (EG), me referí al relativismo práctico que caracteriza nuestra época, y que es «todavía más peligroso que el doctrinal»… Es la lógica interna de quien dice: «dejemos que las fuerzas invisibles del mercado regulen la economía, porque sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables».

Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas, ¿qué límites pueden tener la trata de seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados…? ” (LS 122-123).

Ética y moral

Y ante toda esta realidad, en otro significativo discurso ante el cuerpo diplomático en Roma (2018), Francisco afirma claramente estos principios y valores firmes, que objetivan la verdad ética y la vida moral para protección real de los derechos del ser humano.

El Papa nos comunica en dicho discurso que “duele constatar cómo muchos derechos fundamentales están siendo todavía hoy pisoteados. El primero, entre todos, el derecho a la vida, a la libertad e inviolabilidad de toda persona humana. No son menoscabados sólo por la guerra o la violencia.

En nuestro tiempo, hay formas más sutiles: pienso sobre todo en los niños inocentes, descartados antes de nacer; no deseados, a veces sólo porque están enfermos, con malformaciones o por el egoísmo de los adultos. Pienso en los ancianos, también ellos tantas veces descartados, sobre todo si están enfermos, porque se les considera un peso. Pienso en las mujeres, que a menudo sufren violencias y vejaciones también en el seno de las propias familias. Pienso también en los que son víctimas de la trata de personas, que viola la prohibición de cualquier forma de esclavitud.

¿Cuántas personas, que huyen especialmente de la pobreza y de la guerra, son objeto de este comercio?….Defender el derecho a la vida y a la integridad física significa, además, proteger el derecho a la salud de la persona y de sus familias”.

En la línea de las ciencias actuales y de su enseñanza con la ecología humana e integral, en donde cita a Benedicto XVI (LS 155), Francisco continua transmitiendo que “estos derechos tienen su fundamento en la naturaleza que aúna objetivamente al género humano. Ellos fueron enunciados para eliminar los muros de separación que dividen a la familia humana y para favorecer lo que la doctrina social de la Iglesia llama al desarrollo humano integral, puesto que se refiere a «promover a todos los hombres y a todo el hombre […] hasta la humanidad entera». En cambio, una visión reduccionista de la persona humana abre el camino a la propagación de la injusticia, de la desigualdad social y de la corrupción”.

Y es que, sigue enseñando el Papa en su texto programático, “el cientismo y el positivismo se rehúsan a «admitir como válidas las formas de conocimiento diversas de las propias de las ciencias positivas». La Iglesia propone otro camino, que exige una síntesis entre un uso responsable de las metodologías propias de las ciencias empíricas y otros saberes como la filosofía, la teología, y la misma fe, que eleva al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana.

Humanismo ético

La fe no le tiene miedo a la razón; al contrario, la busca y confía en ella, porque «la luz de la razón y la de la fe provienen ambas de Dios», y no pueden contradecirse entre sí. La evangelización está atenta a los avances científicos para iluminarlos con la luz de la fe y de la ley natural, en orden a procurar que respeten siempre la centralidad y el valor supremo de la persona humana en todas las fases de su existencia. Toda la sociedad puede verse enriquecida gracias a este diálogo que abre nuevos horizontes al pensamiento y a la razón… Es un camino de armonía y de pacificación” (EG 190).

Francisco nos presenta así un bioética global y ecología integral, con humanismo ético asentado en la razón que “es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana. Pero si además la miramos desde la fe, ‘toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre… Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad -por poner sólo algunos ejemplos-, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona” (EG 213, LS 117).

El Papa nos muestra pues una ética y teología moral compacta, coherente, creíble y global que nos lleva a la vida de santidad, en donde “la defensa del inocente que no ha nacido debe ser clara, firme y apasionada; porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte.

No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo: unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo, que afuera otros solo miran mientras su vida pasa y se acaba miserablemente” (GE 101).

En esta línea, en el prólogo que hizo a un libro que recoge diversos textos de Benedicto XVI, Francisco afirma que “se vuelve a presentar la misma tentación del rechazo de cualquier dependencia del amor que no sea el amor del hombre por el propio ego, por ‘el yo y sus deseos’. Y, como consecuencia, el peligro de la ‘colonización’ de las conciencias por parte de una ideología que niega la certeza profunda según la cual el hombre existe como varón y hembra, a quienes ha sido asignada la tarea de la transmisión de la vida.

Esa ideología que llega a la producción planificada y racional de seres humanos y que, tal vez por algún fin considerado ‘bueno’, llega a considerar lógico y lícito cancelar lo que ya no se considera creado, donado, concebido y generado, sino hecho por nosotros mismos”.

Las diversas ciencias como la física, la biología, la medicina, las neurociencia y las ambientales están mostrando toda esta verdad de la naturaleza humana, ética y ecológica. Tal como nos enseña, asimismo, la fe e iglesia con los Papas como Francisco, que nos transmiten constantemente la alegría del Evangelio y estos principios del amor, el matrimonio, la familia, la vida, el bien común y la justicia con los pobres de la tierra. (AL 56, 285, 292, 307). La acogida, protección y defensa de las víctimas o excluidos como son, por ejemplo, los  hermanos migrantes y refugiados.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas noticias

La deuda pública de los países que lideran la economía mundial alcanza e 73,5%.

¿La deuda pública se paga?

La deuda pública no es inocua, en términos reales es diferir impuestos hacia el futuro y una muestra clara de falta de solidaridad intergeneracional de la que no estamos previendo las consecuencias. Leer más →