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Ética antropológica financiera ante el capital especulativo y usurero.

Ética antropológica financiera ante el capital especulativo y usurero

La Congregación para la Doctrina de la Fe y El Dicasterio para el servicio del Desarrollo Humano Integral, conjuntamente, han elaborado y presentado un documento muy importante,Oeconomicae et pecuniariae quaestiones (OPQ). Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del sistema económico-financiero actual”.

Aprobado por el Papa Francisco, este documento viene precedido por otros relevantes sobre estas cuestiones financieras, como es la enseñanza que constituye la Doctrina Social de la Iglesia. Por ejemplo, el del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, “Por una reforma del sistema financiero y monetario interna­cionalen la prospectiva de una Autoridad Pública con com­petencia universal”.

En este último documento citado, analizando la realidad en torno a la estafa de la crisis financiera global, se nos recuerda que “los peligros de una situación de desarrollo económico, concebido en términos de liberalismo, fueron denunciados lúcida y proféticamente por Pablo VI —a causa de las nefastas consecuencias sobre los equilibrios mundiales y la paz— ya en 1967, después del Concilio Vaticano II, con la encíclica Populorum progressio.

El pontífice indicó, como condicio­nes imprescindibles para la promoción de un auténtico de­sarrollo, la defensa de la vida y la promoción del progreso cultural y moral de las personas. Sobre tales fundamentos, Pablo VI afirmaba que el desarrollo plenario y planetario «es el nuevo nombre de la paz».

Pero ¿qué es lo que ha impulsado al mundo en esta di­rección extremadamente problemática incluso para la paz? Ante todo, un liberalismo económico sin reglas y sin supervisión. Se trata de una ideología, de una forma de «apriorismo económico», que pretende exagerar algunos aspectos de la teoría de las leyes del funcionamiento del mercado y las denominadas leyes del desarrollo capitalista.

Ideología económica

Una ideología económica que establezca a priori las leyes del funcionamiento del mercado y del desarrollo econó­mico, sin confrontarse con la realidad, corre el peligro de convertirse en un instrumento subordinado a los intereses de los países que ya gozan, de hecho, de una posición de mayores ventajas económicas y financieras.

En la base de las disparidades y de las distorsiones del desarrollo capitalista se encuentra en gran parte, además de la ideología del liberalismo económico, la ideología utilitarista, es decir, la articulación teórico-práctica según la cual «lo que es útil para el individuo conduce al bien de la comunidad».

Es necesario advertir que una «máxi­ma» semejante contiene un fondo de verdad, pero no se puede ignorar que no siempre lo que es útil individual­mente, aunque sea legítimo, favorece el bien común. En más de una ocasión es necesario un espíritu de solidari­dad que trascienda la utilidad personal por el bien de la comunidad.

En los años veinte del siglo pasado, algunos economistas ya se habían puesto en guardia para que no se diera crédi­to excesivamente, en ausencia de reglas y controles, a esas teorías, que hoy se han transformado en ideologías y praxis dominantes a nivel internacional. Un efecto devastador de estas ideologías, sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado y en los primeros años del nuevo siglo, ha sido la explosión de la crisis, en la que aún se encuentra sumergido el mundo”.

Pues bien, en este último documento (OPQ) se sigue mostrando que este mundo en crisis, provocada por la ideología del liberalismo y su sistema dominante del capitalismo, con  sus “aspectos depredadores y especulativos” sigue generando “desigualdades, hoy tan pronunciadas… Han aumentado las desigualdades entre los distintos países y dentro de ellos. El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme” (OPQ 5).

Citando al Papa Francisco, se enseña a nivel antropológico y ético que “es cada vez más claro que el egoísmo a largo plazo no da frutos y hace pagar a todos un precio demasiado alto; por lo tanto, si queremos el bien real del hombre verdadero para los hombres, « ¡el dinero debe servir y no gobernar!»” (OPQ 6).

Sobre el capitalismo

En efecto, el sistema económico y financiero-bancario capitalista impone el mal e injusticia de la especulación y usura que convierte la vida, el trabajo y los bienes de la humanidad en un negocio y mercado para el beneficio, lucro y ganancia. “Lo que había sido tristemente vaticinado hace más de un siglo, por desgracia, ahora se ha hecho realidad: el rendimiento del capital asecha de cerca y amenaza con suplantar la renta del trabajo, confinado a menudo al margen de los principales intereses del sistema económico.

En consecuencia, el trabajo mismo, con su dignidad, no sólo se convierte en una realidad cada vez más en peligro, sino que pierde también su condición de “bien” para el hombre, convirtiéndose en un simple medio de intercambio dentro de relaciones sociales asimétricas.

Precisamente en esa inversión de orden entre medios y fines, en virtud del cual el trabajo, de bien, se convierte en “instrumento” y el dinero, de medio, se convierte en “fin”, encuentra terreno fértil esa “cultura del descarte”, temeraria y amoral, que ha marginado a grandes masas de población, privándoles de trabajo decente y convirtiéndoles en sujetos “sin horizontes, sin salida”:

«Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, “sobrantes”» (Francisco)” (OPQ 15).

En este sentido, OPQ deslegitima de forma crítica, antropológica y moral la entraña perversa del capitalismo, ya que niega su “dogma principal” del libre mercado que rechaza la regulación ética con la justicia social y política para el bien común (cf. OPQ 10).

“El mercado es incapaz de regularse por sí mismo: de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesión social, honestidad, confianza, seguridad, leyes…); ni de corregir los efectos externos negativos (diseconomy) para la sociedad humana (desigualdades, asimetrías, degradación ambiental, inseguridad social, fraude….)” (OPQ 13).

“La experiencia de las últimas décadas ha demostrado con evidencia, por un lado, lo ingenua que es la confianza en una autosuficiencia distributiva de los mercados, independiente de toda ética y, por otro lado, la impelente necesidad de una adecuada regulación, que conjugue al mismo tiempo libertad y tutela de todos los sujetos que en ella operan en régimen de una sana y correcta interacción, especialmente de los más vulnerables” (OPQ 21).

“Ningún beneficio es legítimo, en efecto, cuando se pierde el horizonte de la promoción integral de la persona humana, el destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres. Estos tres principios se implican y exigen necesariamente el uno al otro en la perspectiva de la construcción de un mundo más justo y solidario” (OPQ 10).

De esta forma, OPQ ejerce esta crítica antropológica y moral a la “financialization de la economía”. Con su “volatilidad del capital”, (OPQ 12), “con su riqueza virtual, concentrándose principalmente en transacciones marcadas por un mero intento especulativo y en negociaciones de alta frecuencia, que atraiga a sí excesivas cantidades de capitales” (OPQ 15). Una crítica ética y negación clara de esta economía capitalista especulativa, usurera e inmoral que endeuda y arruina (OPQ 35).

“La aplicación de tasas de interés excesivamente altas, que de hecho no son sostenibles por los prestatarios, representa una operación no solo ilegítima bajo el perfil ético sino también disfuncional para la salud del sistema económico. Desde siempre, semejantes prácticas, así como los comportamientos efectivamente usurarios, han sido percibidos por la conciencia humana como inicuos y por el sistema económico como contrarios a su correcto funcionamiento…

Es tan evidente que no resulta legítimo, desde el punto de vista ético, arriesgar injustificadamente el crédito que deriva de la sociedad civil, utilizándolo con fines principalmente especulativos. Es un fenómeno éticamente inaceptable, no la simple ganancia, sino el aprovecharse de una asimetría en favor propio para generar beneficios significativos a expensas de otros; lucrar explotando la propia posición dominante con desventaja injusta de los demás o enriquecerse creando perjuicio o perturbando el bienestar colectivo” (OPQ 16-17). Y es inmoral e injusto el sistema fiscal que enriquece a pocos a costa de los pobres, por ejemplo, con los fraudes tributarios de paraísos fiscales y el lavado de dinero (OPQ 31).

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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