Termino el Grado en Relaciones Internacionales y, ¿ahora qué?

relaciones internacionales y medioambiente

Cuando te vas acercando al final de la carrera, después de cuatro años inmerso en clases de Oriente Medio, terrorismo y derecho internacional, piensas dos cosas. Primero, lo rápido que se ha pasado el tiempo. Ayer, Adolfo Hamer me estaba dando un repaso de historia contemporánea, inocente cachorro salido de bachillerato y, de repente, hoy apuro mis últimas horas de Fuerza Militar con José Emilio Besteiro, menos idealista, con alguna cana, pero un poco menos bobo (solo un poco).

Segundo, te das cuenta de que tus paseos del edificio G a la cafetería se van a acabar. Que en unos meses dirás adiós a la Universidad Loyola y te enfrentarás al peor enemigo de todos: la realidad. Terminas en junio, pero ¿qué tienes pensado hacer en septiembre, después del verano?

En solo unos meses, una etapa completamente nueva de tu vida empieza. ¿Un máster, prácticas, buscar trabajo? Y, lo más importante, ¿de qué? ¿A qué quieres dedicarle tu vida profesional? Encontrar la respuesta a estas preguntas no es nada fácil. Supone un ejercicio de introspección muy grande para plantearte qué quieres hacer con tu vida y tu futuro.

Yo, después de darle muchas vueltas, cambiar de opinión cien veces y soñar despierto durante horas, llegué a la conclusión de que quería dedicarme a ese terreno donde el impacto del cambio climático, las nuevas tecnologías y la geopolítica hacían encontrarse a las Relaciones Internacionales y el medio ambiente. Negociaciones climáticas, prevención de conflictos inducidos por fenómenos ambientales, implantación de nuevas tecnologías para descarbonizar la economía…

Mi experiencia en Honduras con la Fundación ETEA, donde viví el cruento impacto del cambio climático en economías agrarias, y la asignatura de Medio Ambiente y Conflicto de Alfonso Sánchez, fueron grandes inspiraciones.

Estudiar un máster en Environmental Policy

De este modo, el año que viene estaré en Sciences Po, una de las mejores universidades de toda Europa, estudiando su máster en Environmental Policy. Entrar en una de estas universidades “de élite” es, sin tapujos, difícil, así que quiero compartir mi experiencia con vosotros con la esperanza de que os pueda ser de ayuda.

En primer lugar, me ha hecho falta un currículum académico muy bueno, eso está claro. Hay que ir a por todas en cada asignatura. Para mí, la clave es saber organizarse. No hace falta ser Einstein para sacar un 10 (si no, yo no habría sacado ninguno nunca) pero sí organizarte con tiempo para currarte unos buenos trabajos y aprenderte cada párrafo del temario del examen. Dadle caña por las tardes, participad en clase y vuestros profesores os lo recompensarán en la nota.

No obstante, que yo vaya a Sciences Po es, tal vez, más mérito de otras personas que mío. Especialmente de Alfonso Sánchez, profesor de RRII en la Universidad Loyola. Uno de los pilares cruciales de tu candidatura a estos másters es la “carta de motivación” o “statement of purpose”. En un par de páginas, tienes que convencerles de lo genial que es tu proyecto profesional, de quién eres como persona y ser humano, de tus aspiraciones vitales y de cómo todo ello encaja con su máster. Una persona con un currículum académico excepcional sin un proyecto de vida con impacto no vale nada para estas universidades.

Yo no sabía ni por dónde empezar esta carta tan determinante. Al principio, no sabía siquiera qué debía ir en ella. Alfonso Sánchez, que había sido profesor mío de EE.UU. y de “Medio Ambiente, Sostenibilidad y Paz Regional”, me dio las claves, ejemplos y hasta me corrigió varios borradores. Me avergüenza un poco la enorme cantidad de tiempo que invirtió en mí. Cada tarde leyendo mis borradores – y tachando sin piedad la zurraspa – eran ratos que restaba a su tiempo libre. Sin su apoyo, no habría conseguido nada de esto. Desde aquí le digo públicamente que muchísimas gracias por todo.

Otro apartado clave de la candidatura son las cartas de recomendación. Necesité que varios profesores (dos o tres) escribieran una carta o respondieran a varias preguntas sobre mí. Lo que la universidad quiere escuchar no es lo bueno que eres como alumno – eso ya lo saben con tus notas – sino quién eres como estudiante, cuáles son tus fortalezas, cómo es tu personalidad, en qué destacas… Por lo tanto, necesitaréis encontrar a profesores que os conozcan con cierta profundidad, que puedan expresar cómo sois.

Para mi aplicación a los másters, Alfonso Sánchez, Pedro Rivas y María Ángeles Alaminos me hicieron el grandísimo favor de escribir estas cartas. Se lo agradezco de corazón, porque, aunque nunca las leí, sus palabras debieron ser muy nobles conmigo. El apoyo y las enseñanzas – académicas y de vida – que me han dado a lo largo de los años, simplemente, no tienen precio.

En definitiva, conseguir entrar en Sciences Po me ha sido, sin paliativos, muy duro. Me ha costado cuatro años de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor en cada examen (copyright a Churchill); semanas enteras para describir mi proyecto de vida en una sola carta; y el apoyo impagable de los profesores que han sido más importantes para mí. Pero se puede. Hubo un momento en el que pensaba que las mejores universidades del mundo estaban reservadas a hijos de diplomáticos y familias pudientes de apellidos altivos. Pero me apellido Martínez y aquí estoy. Sí que se puede.

Texto escrito por Julián Martínez Bejarano, estudiante del Grado en Relaciones Internacionales

Estudios Internacionales

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Blog del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Loyola Andalucía.

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