Terrorismo, Yihadismo, Fundamentalismo, Islamismo… necesitamos clarificar conceptos

Terrorismo y Yihad: ¿De qué hablamos cuando hablamos de yihadismo?

Numerosos han sido los ataques yihadistas perpetrados en suelo europeo en los últimos años. Probablemente el hito en este terreno fue el ataque sufrido por la revista Charlie Hebdo el 7 de enero del 2015, cuando tres individuos encapuchados y armados entran en las instalaciones de la revista satírica Charlie Hebdo (equivalente a nuestro El Jueves) y matan a disparos a 12 personas, la mayoría trabajadores de la citada revista, incluidos su director y varios de los dibujantes y colaboradores más relevantes. A nivel global y especialmente en Occidente, la sociedad civil, profundamente impactada y afligida, se manifiesta de manera masiva en varias ciudades en contra de la matanza y a favor de la libertad de expresión bajo el eslogan Je suis Charlie.

Los autores de la matanza fueron dos hermanos de 34 y 32 años respectivamente y un tercer hombre de 18 años, todos ellos de origen magrebí y nacionalidad francesa, nacidos y criados en París y detenidos previamente por formar parte de una red de captación de yihadistas franceses a Irak. Testigos de la masacre relataron que al tiempo que disparaban y mataban, los atacantes gritaban “Ala es Grande” y clamaban venganza por las caricaturas del profeta del islam Mahoma publicadas por esta misma revista poco tiempo atrás.

Por tanto, si asumimos que el motivo del ataque fue la venganza por algunas de las publicaciones de esta revista, libertaria y aficionada a caricaturizar líderes y símbolos religiosos, incluido Mahoma, este hecho provoca que tanto la opinión pública como los medios de comunicación hablen de yihadismo al referirse a este tipo de ataques.

Hasta 2010, la Europol calificaba este tipo de ataques terroristas como islamistas. Actualmente, la definición aplicada por esta agencia es la de terrorismo por motivos religiosos (religously motivated terrorism). ¿A qué se debe este cambio? Comprender este salto cualitativo es fácil si atendemos a lo que significan cada uno de estos conceptos, en especial el de islamismo.

Por otro lado, caemos en la cuenta de que este nuevo apelativo de la Europol elimina las referencias explícitas al islam y a la yihad; sin embargo, en los medios de comunicación se sigue hablando de yihadismo.  Cabe así preguntarse: ¿De qué hablamos cuando hablamos de yihadismo? ¿Es el yihadismo un tipo de terrorismo? ¿Son lo mismo yihadismo e islamismo? ¿Qué es el islamismo? ¿Son lo mismo islamismo y fundamentalismo islámico?

Veamos hasta qué punto pueden sostenerse las asociaciones de este tipo, clarifiquemos realidades y conceptos antes de indagar en las causas y perfiles de los autores de este tipo de ataques, que dejaremos para futuros post.

Terrorismo y Yihad: ¿De qué hablamos cuando hablamos de yihadismo? ¿Es el yihadismo un tipo de terrorismo?

Si bien el de terrorismo es un concepto ambiguo, muy fácil de utilizar pero muy difícil de definir que en los años recientes ha conducido a laberintos jurídicos y ha amparado mucha hipocresía (ResetDOC), en Occidente la definición más aceptada es aquella recogida en el británico Terrorism Act 2000, siendo el único texto jurídico europeo que intenta una definición completa del término (Ibid.).

Así, terrorismo puede ser definido como un daño serio a las personas, a las posesiones y/o un serio peligro para la salud y la seguridad de las poblaciones. ¿Está la yihad compuesta de actos terroristas? Para los musulmanes, la yihad que significa prueba o esfuerzo laborioso, es la guerra santa, la guerra prescrita cuya legitimación nadie puede discutir y que pretende el triunfo de la palabra de Dios (Velasco, 2001). Desde un punto de vista teológico, pues, para el islam, aquello que es considerado yihad es también considerado legítimo.

Islamismo y Fundamentalismo Religioso: ¿Son lo mismo yihadismo e islamismo? ¿Qué es el islamismo? ¿Son lo mismo islamismo y fundamentalismo islámico?

Demetrio Velasco da cuenta de los fundamentalismos religiosos en su libro Pensamiento Político Contemporáneo (2001). El fundamentalismo religioso, de manera similar al integrismo, se define como la interpretación literal o dogmática de los textos religiosos, sin lugar para metáforas, excepciones ni contextualizaciones, o como movimiento que reivindica la autoridad de una sagrada tradición que hay que restaurar como antídoto para una sociedad desviada de sus anclajes constitutivos. Para los fundamentalismos – debemos recordar que el fundamentalismo no es una expresión exclusiva del islam – pues, se trata de recuperar los fundamentos de la vida colectiva (política) perdidos tras el afloramiento de la secularización propia de la modernidad.

En este sentido, para los fundamentalismos religiosos, leyes e instituciones deben derivar de forma directa de las ideas y normas religiosas que se encuentran en los textos sagrados así como en las interpretaciones que de ellos hacen las correspondientes jerarquías religiosas (Velasco, 2001). Los fundamentalismos religiosos son, por tanto, movimientos político-religiosos reactivos de la modernidad y la secularización y pluralismo que ésta conlleva.

No debemos, sin embargo, confundir fundamentalismo islámico con islamismo o islam político, ya que tal y como se explica en la web ResetDOC, el islamismo o islam político es una ideología extraída selectivamente de los textos, leyendas, precedentes históricos, experiencias organizacionales y reclamos actuales del islam, como forma de reacción defensiva frente a la pérdida de la hegemonía del islam en la vida pública, institucional, económica, social, política y cultural de las sociedades de tradición musulmana.

¿Hasta qué punto podemos, por tanto, relacionar el islam político o islamismo con el terrorismo por motivos religiosos? Resultaría problemático establecer este paralelismo, ya que siguiendo a Javier Martín – periodista experto en Oriente Medio – en su libro Estado Islámico. Geopolítica del Caos (2015: 21), “el movimiento panislamista suní con más atractivo entre los jóvenes musulmanes europeos y que más crece en Estado Unidos e Indonesia” es “promotor de un cambio radical no violento en las tierras en las que el islam es mayoritario” y “reniega de los autodenominados estados islámicos actuales”. De manera similar, la equivalencia entre islamismo y yihadismo quedaría también anulada.

Sobre la legitimidad del islam político o islamismo, Jesús Núñez, Co-Director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), emitía unas punzantes declaraciones en el programa La Noche en 24 Horas en noviembre de 2015:

“los 22 países del mundo árabo-musulmán son un conjunto de gobiernos fracasados, de gobiernos corruptos, de gobiernos represivos que han mantenido a su población insatisfecha en sus necesidades básicas y violando sus derechos humanos a diferentes niveles desde hace muchas décadas. Encima con nuestro apoyo, el de todo Occidente […] En ese sentido somos corresponsables, como mínimo, de lo que allí ocurre […] Cuando, después de eso, vemos que la población de esos países se moviliza […] nos encontramos atrapados en nuestro juego, porque decimos que defendemos los valores y los principios de la democracia […] ¿Qué han dicho las urnas?”

Para responder a la pregunta planteada por Núñez, y parafraseando y resumiendo sus propias palabras, debe decirse que cuando se abren las urnas de la democracia en los países árabo-musulmanes, sus poblaciones votan a los barbudos, votan islamismo radical (así en Argelia, Palestina y Egipto), que no es terrorismo yihadista sino un movimiento político cuyo surgimiento, además, podría asociarse a la presencia colonial occidental en la región así como a los acuerdos Sykes-Picot de 1916.

Entendido así, puede verse que el concepto de islamismo guarde similitudes con el de pan-arabismo – si bien este último se circunscribe a la dimensión cultural – ya que se define como un movimiento cultural moderno surgido como respuesta al colonialismo occidental en el mundo árabe y cuyo objetivo es la unificación la de sus naciones (ResetDoc).

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