La política exterior de Emmanuel Macron: en busca de un nuevo élan para Francia y Europa

Claves de la política exterior de Macron en Francia

“Chaque génération, sans doute, se croit vouée à refaire le monde. La mienne sait pourtant qu’elle ne le refera pas. Mais sa tâche est peut-être plus grande. Elle consiste à empêcher que le monde se défasse”.

Albert Camus, “Discours de réception du prix Nobel de Littérature”, 1957

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas del pasado 7 de mayo propició el choque de dos visiones radicalmente opuestas de Francia y de su papel en Europa y en el mundo.

Una victoria de Marine Le Pen hubiera supuesto una ruptura radical con los principios que han inspirado la política exterior francesa desde el nacimiento de la V República en 1958. Su programa eurófobo, fruto de su ideología ultranacionalista, pretende llevar a Francia a abandonar el Euro y, en última instancia, la propia Unión Europea (UE), planteando, así, problemas de enorme magnitud para la propia continuidad de su proyecto de integración.

La llegada de Emmanuel Macron al Elíseo supone, en cambio, una continuidad sustantiva con las líneas maestras de la política exterior de Francia de las últimas décadas, con las lógicas variaciones y diferencias introducidas por la personalidad e ideología de cada presidente. Por supuesto, en el marco de estas grandes líneas, también Macron imprimirá su impronta personal e ideológica a la política exterior de su país.

Claves de la política exterior de Macron

La política exterior de Macron se basará en dos ejes fundamentales estrechamente unidos: europeísmo y globalismo. Como europeísta, Macron considera necesario avanzar hacia la federación europea, de la mano de Berlín, fortaleciendo los instrumentos para gobernar la Eurozona. Así, quiere introducir, por ejemplo, los llamados ‘eurobonos’, que hasta ahora han encontrado la férrea resistencia alemana. En esta misma línea, el nuevo presidente francés también considera imprescindible profundizar en la defensa de la Unión.

Macron asume la sempiterna idea francesa de grandeur y considera que Francia sólo puede ser relevante en el mundo a través de una Europa unida y fortalecida. Se trata, pues, de que ambas afronten los desafíos de la globalización y aprovechen sus oportunidades.

Precisamente, el globalismo de Macron ha quedado patente en su apoyo a los grandes tratados de libre comercio como el CETA, así como en su apertura a la recepción de inmigrantes y refugiados, en claro contraste con el proteccionismo y el cierre de fronteras promovidos por Le Pen. Ahora bien, consciente de los estragos que la globalización económico-financiera ha causado en los derechos sociales de los europeos y de los franceses, Macron, en sintonía con las recientes iniciativas de la UE, propone medidas para gobernar la globalización tratando de evitar los abusos de las grandes corporaciones transnacionales.

De estos ejes fundamentales se desprenden, a su vez, otros dos principios rectores de la política exterior de Macron que es necesario señalar: un multilateralismo modulador del intervencionismo francés y un atlantismo moderado.

En efecto, la cercanía entre el nuevo presidente y Dominique de Villepin, uno de sus principales asesores y ex ministro de asuntos exteriores de Jacques Chirac, parece indicar que, bajo el signo del multilateralismo, está dispuesto a corregir la política intervencionista de corte neoconservador impulsada por Sarkozy y seguida por Hollande, especialmente en África, durante el último decenio.

Asimismo, Macron pretende mantener buenas relaciones con EE.UU. y conservar el actual estatus de su país en la OTAN, adquirido en 2009 tras la decisión de reintegrase en la estructura de su mando militar, manteniendo, en todo caso, cierta libertad de acción.

El mandato de Macron se presenta particularmente complicado. La principal dificultad que va a afrontar a la hora de implementar su programa político, que también incidirá en su política exterior, es la aguda polarización sociopolítica que vive Francia.

El hecho de que un partido racista, xenófobo y homófobo como el Front national haya obtenido casi el 34% de los sufragios (16 puntos más que Le Pen père en 2002), ilustra la gravedad de la crisis democrática por la que atraviesan las principales democracias del mundo.

Esta polarización se ha puesto de manifiesto claramente en la crisis de los dos partidos hegemónicos –especialmente del Parti socialiste, que ha sufrido una verdadera debacle— y en el debilitamiento del llamado ‘Frente Republicano’, con un crecimiento significativo de la abstención, y un récord del voto nulo y del voto en blanco.

Y es que el discurso renacionalizador de la política y la economía, plasmado en el ultranacionalismo lepenista y en el soberanismo del líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon, ha calado en un amplio sector del electorado, tanto conservador como progresista.

Desafíos de Macron

La idea de que los problemas de Francia se solucionan fuera de Europa, con un Estado fuerte que recupere la soberanía perdida y proteja a sus ciudadanos de la globalización y de los poderes económicos antidemocráticos seduce a jóvenes sin oportunidades y a trabajadores precarizados. La oposición política y social a las políticas de Macron es, pues, amplia y transversal.

Por otro lado, la posibilidad de que se produzca una nueva cohabitation –que sería la cuarta en la historia de la V República— con un gobierno de un partido distinto al del presidente, puede ser otro impedimento relevante para que Macron desarrolle su programa, incluida su política exterior.

Están por ver los resultados que su partido, En Marche !, creado hace poco más de un año, pueda obtener en las elecciones legislativas de junio. Aunque la Constitución francesa confiere al presidente amplios poderes en materia de política exterior, la existencia de un primer ministro y de un ministro de exteriores de otro partido no dejaría de ser un obstáculo evidente para los planes del líder centrista, como bien demostró el conflictivo periodo de cohabitación entre el gaullista Chirac y el socialista Jospin.

En definitiva, la victoria de Macron supone un alivio para una UE asediada por las perniciosas dinámicas nacionalistas resurgidas estos últimos años, alimentadas por el ‘Brexit’ y por la llegada de Donald Trump al poder. Los desafíos a los que se enfrenta Macron son enormes y complejos, y del éxito de su política exterior, particularmente de su política europea, dependerá buena parte de las soluciones que pueda hallar tanto para Francia como para Europa.

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