A vueltas con la ¿recuperación?

Retos para lograr el desarrollo humano y sostenible indicado

Abro el periódico y me alegro al descubrir que la economía española está desbordando todas las expectativas, el Banco de España mejora tres décimas la previsión de crecimiento de este año, hasta situarla en el 3,1% y además estamos creando empleo.

Llego al final de la noticia y me quedo con la duda, ¿qué nos quieren transmitir con esta noticia? ¿es que esto supone que salimos ya de la crisis? Y sobre todo, ¿esto significa que estamos ya en la senda del crecimiento y del desarrollo como parece dejar entrever el titular?

El paso de un punto a otro ni es automático, como hace décadas se pensaba, ni tan simple. El desarrollo es más complejo que un indicador, es un objetivo pero también es un proceso y un resultado. Como indica Helen Clark, administradora del PNUD; “va mucho más allá del aumento o la disminución de los ingresos de un país…el desarrollo implica ampliar las oportunidades para que cada persona pueda vivir una vida que valore. El desarrollo es entonces mucho más que el crecimiento económico, que constituye sólo un medio —si bien muy importante— para que cada persona tenga más oportunidades”.

Si algo hemos aprendido de esta crisis es que golpea fundamentalmente a las personas y al planeta. Por ello, para promover el desarrollo debemos poner nuestra mirada en los sujetos objeto del mismo, pues el desarrollo si no es humano y sostenible, no es desarrollo.

¿Qué es el desarrollo humano?

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de desarrollo humano? Ya en 1992 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) definía el desarrollo humano como el “Proceso de ampliar la gama de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de educación, atención médica, ingreso y empleo, y abarcando el espectro total de opciones humanas, desde un entorno físico en buenas condiciones hasta libertades económicas y políticas” (PNUD, 1992: 18).

Se trata de ampliar las libertades de las personas a fin de que puedan aprovechar las oportunidades que la vida les brinda y aquellas que ellas consideran valiosas.

Hace unos meses vio la luz el Informe de Desarrollo Humano: PNUD (2016) que, con periodicidad bianual, publica el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y en el mismo profundizaba en esta idea de libertad. Una libertad que abarca dos aspectos necesarios y fundamentales:

  • la libertad de bienestar, que está reflejada en la posibilidad de funcionamiento de las personas (aquello que las personas valoran ser o hacer, como por ejemplo estar adecuadamente alimentado) y, en el desarrollo de capacidades para que estas posibilidades de funcionamiento puedan lograrse (siguiendo con el ejemplo, supondría conocer lo que es una dieta equilibrada y sana).
  •  la libertad de agencia, que supone tener capacidad de actuar para hacer o lograr aquello que se valora (lo que podría suponer en nuestro caso capacidad adquisitiva para comprar productos alimenticios sanos).

Desarrollo sostenible

¿Y si hablamos de desarrollo sostenible qué queremos decir? El concepto desarrollo sostenible fue descrito en 1987 en el Informe de la Comisión de Bruntland como un “desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.

Hoy, sin perder esa dimensión intergeneracional, el concepto desarrollo sostenible ha evolucionado hacia una concepción más holística en donde están presentes cuatro dimensiones del desarrollo: la económica, la social, la medioambiental y la gobernanza.

En estos últimos 27 años, desde que vio la luz el primer informe del PNUD, los avances han sido notables y nos llenan de esperanza. Pero también el mundo sigue enfrentándose con numerosos problemas. Como señala en el actual informe, algunos problemas son persistentes, como el hambre en el mundo; otros se están intensificando, como la desigualdad en la distribución de la renta y otros son nuevos, como el extremismo violento.

Algunos tienen alcance mundial (desigualdad de género); otros son regionales (escasez de agua) y otros locales (desastres naturales). Pero la mayoría de ellos son problemas que traspasan las fronteras físicas de los estado-nación y se refuerzan mutuamente y de una forma u otra afectan al planeta. A todos ellos la promoción del desarrollo humano y sostenible deberá hacer frente.

Agenda 2030

En septiembre de 2015, la Asamblea de Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 y el gobierno de España la ratificó en abril de 2016. Cuando leo estos titulares siento que apenas ha habido avances hasta el momento, más allá de numerosas declaraciones de intenciones por parte de los actores de la cooperación española. Sin embargo, la Agenda 2030, no es la Agenda de la cooperación, es la Agenda del Desarrollo.

La Agenda 2030 vió la luz con una premisa: “No dejar a nadie atrás”. Esto se ha convertido en una especie de mantra en las instituciones internacionales de Naciones Unidas pero ha obrado casi el milagro de cambiar la mirada y hacer que las políticas de los organismos multilaterales, dentro de Naciones Unidas, así como los avances de resultados sean valorados desde esa clave inclusiva para todos y todas. Pues todas las vidas son igual de valiosas, con independencia de procedencia, raza, sexo, etnia y/o religión.

Los grupos de personas que tienen más probabilidad de ser excluidos son según el PNUD: las mujeres y las niñas; las minorías étnicas; las personas con discapacidad; los migrantes y los pueblos indígenas. Todos ellos, excepto los pueblos indígenas, son colectivos presentes en la sociedad española y sujetos en mayor o menor grado de discriminación y privación.

Los informes de la Fundación Foessa (Caritas), la Coordinadora de ONGD, Intermon Oxfam, Plena Inclusión, la campaña Venid Ya o el Forum de Política Feminista, por citar alguna de las organizaciones y movimientos de la sociedad civil que trabajan en pro de las personas en riesgo de exclusión, denuncian cómo estos colectivos son proclives a sufrir discriminación y también proponen alternativas.

No dejar a nadie atrás supone promover que nuestros gobiernos tanto nacional como autonómico, en el uso de sus competencias, favorezcan la inclusión de todas las personas. En este sentido, el PNUD (2016) señala que la acción política debe estar cimentada en torno a cuatro ejes de actuación:

1) reorientar y adaptar las políticas universales para que lleguen a las personas excluidas;

2) aplicar medidas específicas para aquellos colectivos con necesidades especiales que podrían quedar desasistidos por la aplicación de las políticas universales si estas no han sido adecuadamente readaptadas y/o reorientadas;

3) promover medidas que favorezcan un desarrollo resiliente;

4) empoderar a las personas excluidas para que, si las políticas y los actores pertinentes no cumplen su cometido, ellas puedan alzar la voz y reclamar sus derechos.

Queda mucho por hacer a nivel mundial pero también en nuestro espacio territorial cercano, nacional y autonómico, el Informe de Desarrollo del PNUD 2016 y la Agenda 2030 nos ofrecen elementos para una hoja de ruta,  ¿Sabrán nuestras instituciones tomar nota de estos desafíos? ¿O seguiremos celebrando la mejora de unas décimas en las cifras de crecimiento?

Para saber más:

  • PNUD (2016). Informe Desarrollo Humano: Un desarrollo humano para todo el mundo. Mundi Prensa, Madrid.

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