Timeo danaos et dona ferentes

academicos antes los complejos desafios sociales

<<La percepción del resultado global de un combate que experimenta un soldado aislado por el humo, el fuego o el aturdimiento a menudo resulta más justa que los juicios formulados por los oficiales del Estado Mayor.

En el momento decisivo de la batalla a veces se produce un cambio asombroso cuando el soldado que se cree próximo a coronar el objetivo mira alrededor, desorientado, sin ver a los compañeros con los que había iniciado la acción, mientras el enemigo, que todo el tiempo le había parecido singular, débil y estúpido, de repente se convierte en plural y, por ello, invencible. El intrépido e inteligente “nosotros” se transforma en un tímido y frágil “yo”, mientras que el desventurado adversario se convierte en un compacto, temible y amenazador “ellos”.

[…] En la comprensión de esta transición es donde reside lo que a menudo permite hablar de la guerra como un arte.>>

Aunque las palabras de Grossman admiten múltiples lecturas, siendo quizá la más extendida aquella que reflexiona sobre las nociones de unidad y pluralidad, esta cita me sirve para recapacitar sobre otro gran leitmotiv presente en “Vida y destino”. Este es: el de los difícilmente identificables, pero a la vez imparables cambios que se producen en el devenir histórico de todo acontecimiento.

Esa basculación entre dos estados –que acaso con acierto Grossman juzga más perceptible a ojos del soldado del frente que al de los oficiales que diseñan estrategias desde las trincheras–, se presenta en formas aún más sutiles cuando ocurren en la esfera de lo social. Más aún, en la percepción que la sociedad tiene de las cuestiones que le afectan o le son propias. Pero no por ello el cambio resulta menos inevitable. Sólo que para cuando se adivinan sus contornos, nos recuerda Cortázar parafraseando a los reos de su propia ceguera, “ya no hay nada que hacer, […] uno es favorito de esto o de aquello”.

Indudablemente, la basculación de las percepciones sociales no es un fenómeno que afecte en exclusiva a nuestra labor como académicos, aunque éste será el objeto de reflexión en las siguientes líneas. Los caprichos del favor social afectan de igual modo a políticos, artistas o deportistas, o en general a cualquier persona, pues en definitiva se posicionan sobre toda cuestión, desde las grandes corrientes de pensamiento hasta el mundanal espacio de los amigos o de la familia. El refranero popular, con su campechanía tan castiza, interpreta a este último nivel la tesis que sostengo cuando reza: “más vale caer en gracia que ser gracioso”.

¿Maldecir la oscuridad o encender una cerilla?

En los últimos años, que probablemente no alcancen aún a contarse en décadas, parece que los académicos hayamos dejado de caer en gracia. Puede que no seamos tan graciosos como 20 o 30 años atrás, quién sabe, y la mediocridad también haya hecho mella en nuestras líneas. No es el fin de estas líneas dilucidar si tales prevenciones son merecidas o inmerecidas, y menos aún si justas o injustas. Lo que a mis ojos se antoja inconfundible es que, mientras que pocos años atrás la presencia de cualquier académico apoyando un proceso social era celebrada como una señal de refuerzo y de legitimidad, ahora incluso a los mejores se les mira con recelo o hasta desconfianza.

Parece que hoy se nos aplicase por defecto el viejo adagio de Virgilio: Timeo danaos et dona ferentes. Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos.Aunque desde la Academia se propongan soluciones viables a problemáticas sociales, incluso aunque éstas alcancen a demostrarse eficaces, la legitimidad de resultado no es suficiente pues la labor académica parece deslegitimada desde la base. De eruditos alejados de una sociedad que celebraba nuestras tímidas incursiones con agradecimiento, hemos devenido en bárbaros que intentan introducir un caballo de Troya en todo proceso social, sospechosos de acercarnos a estos con el único propósito, en el mejor de los casos, de sacar datos para escribir un paper.

Considero que es plausible un cuestionamiento a mi hipótesis de partida. Lo que creo que es incuestionable es que, si aceptamos como válido este juicio,sería inevitable que planteásemos algunos cuestionamientos a nuestra labor. Y me preocupa que un diagnóstico acelerado pueda llevarnos a plantear las cuestiones equivocadas.

Creo que, más allá de preguntarnos las razones que nos puedan haber llevado a cargar con este prejuicio -no hablemos ya de detenernos en lo merecido o no del mismo-, deberíamos concentrar nuestras energías en revertir el flujo de esta corriente social. Más allá de rezongar en la mayor o menor proporcionalidad de esta pérdida de gracia cartografiando qué nos ha llevado a este punto, deberíamos identificar qué vías debemos transitar para salir de él, y recorrerlas.

Porque (y sigo recurriendo a la primera persona para remarcar que se trata de una reflexión personal) creo firmemente que los complejos desafíos sociales requieren, hoy más que nunca, del reposado análisis crítico que sólo la Academia puede proveer. Y para que las propuestas derivadas de este análisis sean eficaces, esto es, reconocidas como legítimas y por ende aplicadas o al menos defendidas por los actores sociales, es necesario actuar. Debemos dedicar esfuerzos a reconstruir los puentes dinamitados, apuntalar aquellos que están afectados estructuralmente, y levantar nuevos vasos comunicantes donde aún haya ocasión para ello.

Congreso Internacional de Estudios de Desarrollo en la Universidad Loyola Andalucía

En estos términos de reconexión con la sociedad estamos planteando el Congreso Internacional de Estudios de Desarrollo, que REEDES organiza bianualmente y que en su Cuarta edición hospedaremos en la Universidad Loyola Andalucía los días 12 a 14 de diciembre de 2018. Es por este motivo que el título del mismo, que algunos juzgarán de oxímoron y otros de pleonasmo, será “La investigación al servicio del Desarrollo inclusivo y sostenible”. Y siempre con el mismo fin, la ponencia que le dará inauguración y marco epistemológico versará sobre “Los riesgos de la ciencia ensimismada”.

Creemos que este espacio puede ser idóneo no sólo para presentar los avances que la comunidad epistémica del Desarrollo plantea en la materia que le es propia, sino para reflexionar sobre la necesidad de recuperar la fundamental confianza de la sociedad hacia nuestra institución. Una institución, conviene no olvidarlo, con la que esta misma sociedad se dotó para afrontar sus desafíos más desentrañables.

Porque sin esta confianza, las muy legítimas propuestas que podamos plantear resultarán estériles. Sin una confianza social reconstruida de forma honesta y transparente, todos los caballos que podamos ofrecer, por cuanto ornamentados resulten, serán mirados con recelo y hasta temidos por el contenido real de sus entrañas. Recuperar esa confianza es nuestro deseo, pero ante todo nuestra responsabilidad.

Antonio Sianes

Antonio Sianes

Antonio Sianes es profesor del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Loyola Andalucía, e investigador en su Instituto de Desarrollo, la Fundación ETEA. Será copresidente del IV Congreso Internacional de Estudios del Desarrollo de REEDES, red de instituciones e investigadores en el ámbito del Desarrollo, de la que actualmente es vocal en su Junta Directiva.

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