No estoy inspirado

El pasado miércoles 23 de abril celebramos en nuestra universidad el Día del Libro. Uno de los actos previstos, organizado por la Biblioteca de la Universidad Loyola Andalucía, fue un encuentro literario entre tres profesores de la casa: Pedro Rivas, Manuel López y yo mismo.

En esa charla, amena y distendida, poníamos en común nuestras experiencias acerca de la labor (a veces heroica) de editar un libro. Algunas de las reflexiones iban dirigidas a cómo era el proceso creativo (al menos el nuestro) y surgió, como no podía ser de otra forma, el manido tema de la inspiración.

Supongo que cualquier persona que se dispone a crear (a escribir, a pintar, a componer…) espera que algo ‘fluya’ que, de pronto, como por arte de magia, las ideas que no acaban de estar del todo definidas en tu cabeza se materialicen en algo cuajado, hecho, rematado. Por si no lo sabían: eso no existe (casi nunca).

La experiencia de escribir

Claro que he tenido la experiencia de tener un día bueno, de esos en los que parece que tu mente está más despejada de lo normal y que todo lo que sale de ella se engarza perfectamente con un hilo invisible. Pero no es lo habitual. Lo normal es pasar varias horas dándole vueltas a una idea, empezar a escribir y borrar en el ordenador tantas veces que, si en vez de en una pantalla estuviésemos escribiendo en papel, habrían talado varios árboles por nuestra culpa.

No soy una persona supersticiosa. No tengo amuletos, ni rutinas, ni manías a la hora de escribir. Escribo indistintamente por la mañana o por la tarde (casi nunca por la noche). Lo que sí necesito es silencio. No puedo escribir con música. Alguna vez he escrito en un bar, pero con dificultad.

Hay días que pienso: “Guau, qué bien ha salido todo, qué inspirado estaba”, y cuando reviso el texto veo que apenas ha sido medio folio, pero muy aprovechado. Otros días, en cambio, directamente me quiero morir. Estoy atascado, obtuso, dudo por dónde tirar, hasta dónde revelar la trama, cómo desarrollar un personaje… Horas y horas dándole vueltas para… ¿nada? En realidad (ahora lo sé) nunca es “para nada”. Los atascos son necesarios, imprescindibles. Detrás de ellos está el premio.

Lo que sí he entendido es que escribir es una gimnasia. Hay que hacerlo cada día. Las etapas productivas de mi vida han sido, precisamente, cuando más constancia he tenido escribiendo (y, sobre todo, tachando y borrando). Así que, como decía Picasso, si las musas tienen que venir, que me pillen trabajando.

Autor

Juan F. Plaza

Docente e investigador en Comunicación. Profesor de Comunicación Escrita en la Universidad Loyola Andalucía, coordinador del Aula Literaria Loyola y escritor. Mi investigación está orientada al estudio de las representaciones de varones y mujeres en los medios de comunicación de masas. De vez en cuando, escribo para no odiar. Puedes seguirme en Twitter: @woodyplace y en mi blog juanplaza.es

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