Espiritualidad ignaciana y pobreza para una Navidad con sentido

Espiritualidad ignaciana y pobreza para una Navidad con sentido

Una de las realidades claves y esenciales de la fe e iglesia, que está mostrando constantemente el Papa Francisco, es la pobreza. En la tradición espiritual e ignaciana, como dijo el Papa Francisco en la Habana, la pobreza es “madre ya que engendra más confianza en Dios, y muro porque protege de toda mundanidad. El hijo de Dios se hizo pobre, se hizo nada, se humilló para ser uno de nosotros”, como continúa afirmando el Papa Francisco siguiendo a San Ignacio de Loyola.

En la Segunda Semana de los Ejercicios Espirituales (EE), San Ignacio nos pone ante la contemplación del nacimiento de Jesús. Nos muestraal Señor nascido en summa pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí” (EE116). Es la existencia de Jesús que nace, vive y muere pobre, crucificado por nuestra salvación liberadora.

De esta forma, se nos muestra el sentido profundo del acontecimiento de la Navidad. Esto es, la Encarnación de Dios que, en Jesús, se hace pobre en fraternidad solidaria con los pobres de la tierra para liberarnos del mal y del pecado, del egoísmo con sus ídolos del poder y la riqueza-ser rico, de todo mal, muerte e injusticia (EE 102, 106-07)

Tal como escribía San Ignacio, en su recordada Carta a la Comunidad de Padua, “son tan grandes los pobres en la presencia divina, que principalmente para ellos fue enviado Jesucristo a la tierra: por la opresión del mísero y del pobre ahora – dice el Señor – habré de levantarme; y en otro lugar: para evangelizar a los pobres me ha enviado, lo cual recuerda Jesu Cristo, haciendo responder a san Juan: los pobres son evangelizados, y tanto los prefirió a los ricos que quiso Jesucristo elegir todo el santísimo colegio entre los pobres y vivir y conversar con ellos, dejarlos por príncipes de su Iglesia, constituirlos por jueces sobre las doce tribus de Israel, es decir, de todos los fieles.

Pobreza

Los pobres serán sus asesores. Tan excelso es su estado. La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno. El amor de esa pobreza nos hace reyes aun en la tierra, y reyes no ya de la tierra, sino del cielo. Lo cual se ve, porque el reino de los cielos está prometido para después a los pobres, a los que padecen tribulaciones, y está prometido ya de presente por la Verdad inmutable, que dice: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos, porque ya ahora tienen derecho al reino…

Si esto es verdad en los pobres no voluntarios, ¿qué diremos de los voluntarios? Los cuales, por no tener ni amar cosa terrena puedan perder, tienen una paz imperdurable y una suma tranquilidad en esta parte, mientras que los ricos están llenos de tempestades…Baste lo dicho para mutua consolación y exhortación mía y vuestra para amar la santa pobreza” (BAC, 701-104).

Este es el Principio y Fundamento (PYF, EE 23), que sostiene la existencia humana. Una vida libre y liberadora de las cosas, como el dinero y la autoridad que se pueden convertir en los ídolos de la riqueza-ser rico y del poder que nos esclavizan. Una vida en la verdadera libertad que se realiza en la gloria, alabanza y servicio a Dios, a la iglesia y al prójimo.

Se trata de ser para los demás, para servir y comprometernos por el bien más universal, en la promoción de la solidaridad y justicia con los pobres del mundo. En la Meditación de las Dos Banderas, San Ignacio nos muestra lo que significa seguir a Cristo Pobre y Crucificado. Una vida espiritual y moral, en el amor, que se hace pobreza liberadora de la idolatría de la riqueza-ser rico, del poder y de la soberbia. Afirma el Santo que hay que promover: la pobreza contra riqueza; oprobrio o menosprecio contra el honor mundano; humildad contra la soberuia; y destos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes” (EE 146).

Es la realización de la experiencia espiritual, moral y social, en el seguimiento y encuentro con Jesús Pobre-Crucificado, con esta vida de pobreza fraterna que libera de estos falsos dioses de la riqueza-ser rico, del poder y la dominación. Tal como presenta S. Ignacio en las Tres Maneras de Humildad (de Amar), en este seguimiento de Jesús Pobre y Crucificado, en comunión con Él.

“Por imitar y parecer más actualmente a Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobrios con Cristo lleno dellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo” (EE 167). Como le sucedió a Jesús ya desde su nacimiento, y en este seguimiento, los poderes (los ricos y poderosos) de este mundo van a perseguir y crucificar al que trata de transmitir al Dios de la paz, de la vida y justicia con los pobres.

Lo que nos expone S. Ignacio en los EE fue la experiencia de su vida, tal como se refleja de forma ejemplar en su Autobiografía (A). Una existencia libre y liberada del poder, la riqueza y la codicia para amar, para servir a Dios y a los otros, a los pobres e iglesia.

Buscando las mediaciones de todo tipo para ese servicio al bien más (magis) universal, para la salvación y liberación integral de todo mal e injusticia. Es la vivencia de la contemplación en la acción para buscar a Dios en todas las cosas, sirviendo a la fe, a la misión y a la caridad en la solidaridad liberadora con los pobres, promoviendo la dignidad y la justicia.

La meditación de Dios en el Niño Pobre, nacido en una familia obrera que padece la pobreza, lleva a S. Ignacio a esta vida de fe y de servicio, de amor, pobreza solidaria y justicia con los pobres. Tal como contempla a la “Señora y a Joseph y a la ancila y al niño Jesú después de ser nascido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus neccessidades, como si presente me hallase” (EE 114).

Toda esta fuente ignaciana se ha actualizado en la misión actual de la Compañía de Jesús, como se ha expresado en sus Congregaciones Generales, por ejemplo en la XXXII. En ella se actualiza la “misión” de la Compañía, centrándola en el servicio a la fe y a la “promoción de la justicia, en la lucha contra la pobreza en el mundo”.

Así lo explicitaba el Decreto 12 de la Congregación, Una pobreza auténtica. “Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír el clamor de los pobres, si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres.

Es absolutamente impensable que la Compañía pueda promover eficazmente en todas partes la justicia y la dignidad humana, si la mejor parte de su apostolado se identifica con los ricos y poderosos o se funda en la seguridad de la propiedad, de la ciencia o poder” (n. 5). Tal como, asimismo, expresara y desarrollara la “Carta sobre la pobreza” del fallecido P. Kolvenbach.

Significado real de la Navidad

En este sentido, desde su encarnación en el Sur empobrecido como es América Latina y en palabras de los Papas, la Iglesia y la Compañía se manifiesta como Iglesia pobre con los pobres. Es la opción por los pobres que, desde don de Dios, significa que el amor y la justicia se efectúan con los pobres de la tierra.

Los pobres son los sujetos principales de la misión de la iglesia, de su promoción liberadora e integral, frente a toda desigualdad e injusticia, en contra de todo paternalismo y asistencialismo. Como muy bien enseñó el jesuita mártir I. Ellacuría, se trata de revertir la historia con los pobres y pueblos crucificados, promoviendo la civilización de la pobreza y del trabajo frente a la de la riqueza y del capital.

En donde el motor de la historia y del desarrollo no sea el capital sino el trabajo digno, con la erradicación de las necesidades de los pueblos y de los pobres. Y que el sentido de la humanidad, para su realización y felicidad, es la pobreza solidaria en el compartir y en la paz, en la comunión de vida, de bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra; en contra de los ídolos que deshumanizan, causan infelicidad y dan muerte como la riqueza-ser rico, el tener y el poseer. Todo ello es el significado real de la Navidad.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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