Escuchando a la Escritura en moral

Por el 19 febrero 2016

A pesar de que la Escritura cristiana – la Biblia – sea la Palabra de Dios para el creyente, y a pesar de que el Concilio Vaticano II pidiera que la Escritura fuera el alma de la teología (Dei Verbum, 24), la realidad es que el uso de la Escritura en la reflexión moral católica es aún un tema por resolver.

Frente a la sola Scriptura descarnada protestante, la posición católica supone siempre un acercamiento profundamente humanista, encarnatorio podríamos decir, a la revelación cristiana. La Palabra de Dios habla al ser humano, pero habla a una persona situada en un contexto determinado, con una personalidad determinada, y con una tradición eclesial determinada detrás. Todos esos elementos condicionan y forman parte del mensaje final que nos comunica la Biblia.

Todo esto ha hecho que, históricamente, se privilegiara en el catolicismo un acercamiento a los temas morales, ya sean sexuales, familiares, políticos o económicos, basado en una razón sensata y moderada con no más de una cierta inspiración de fondo en la Escritura. Esto explica por ejemplo el lugar que el paradigma de la ley natural tiene en la tradición moral católica, se privilegiaba sobre todo como camino de acceso a la verdad moral la recta razón capaz de descubrir los imperativos morales de la naturaleza humana.

Dificultades en el uso de la Escritura 

La creciente sensibilidad ecuménica y la más profunda comprensión que el Vaticano II ofrece de la articulación de Escritura, tradición y magisterio (Dei Verbum, 9), suscitan hoy en día una fuerte llamada a poner la Escritura más en el centro de la reflexión moral en la Iglesia. Se quiere elaborar una reflexión que sea más clara y más explícitamente cristiana y no sólo un fruto de cierto sentido común y razonabilidad.

Sin embargo, este deseo sincero y profundo de la teología moral católica actual choca con la dificultad de hacer hablar a la Escritura sobre realidades humanas, sociales y políticas de enorme complejidad completamente ausentes de la cosmovisión de los autores de los libros de la Biblia. En la Escritura podemos encontrar varios códigos morales, desde el decálogo a las bienaventuranzas, pasando por el código de la Alianza o el código deuteronómico.

Sin embargo ¿cómo vamos a encontrar en ellos normas sobre problemas como las bioética, las leyes electorales, o los mercados de futuros? Si no queremos caer en un literalismo fundamentalista ridículo hemos de pensar en acercamientos adecuados a la Biblia que nos permitan desgajar de ella enseñanzas morales válidas para nuestra realidad.

Propuestas para hacer hablar a la Escritura

El jesuita moralista hongkonés – recientemente fallecido – Lucas Chan trabajó intensamente estas preguntas intentado ofrecer un paradigma válido de acercamiento a la Escritura. Chan habla de la necesidad de ver la Escritura a la vez como “escrito” y como “guion”. Como escrito la Biblia es un texto histórico que es necesario estudiar en profundidad para poder captar plenamente su sentido literal, el sentido primero que quiso transmitir su autor.

Como guión, la Escritura es siempre una llamada a la acción al creyente, llamada que es necesario interpretar según un paradigma ético válido. Sólo la unión de ambos acercamientos — profundización en su sentido literal y estudio de su interpretación moral – nos puede dar el sentido pleno de la Escritura ante una pregunta moral.

Chan afirmaba que el problema hoy en día era cómo articular adecuadamente estos dos acercamientos. En su caso, Chan proponía leer la Escritura desde el paradigma de la ética de las virtudes, por ser un texto que de forma natural invita a desarrollar unas virtudes concretas al lector. No es ésta la única posibilidad, otros autores como David Tracy y William Spohn proponían más bien desarrollar una imaginación analógica capaz de correlacionar las afirmaciones de la Escritura con las realidades históricas para deducir así afirmaciones morales válidas hoy.

En cualquier caso, este sencillo repaso por el estado de la cuestión del uso de la Biblia en la moral da cuenta del deseo del teólogo moralista contemporáneo de conservar en su integridad la dimensión teológica de su discurso. En el fondo es el deseo de que la Palabra de Dios sea auténtica palabra de vida que pueda guiarnos ante las preguntas y encrucijadas morales del existir humano.

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagran SJ

Gonzalo Villagrán, jesuita, licenciado en ADE y doctor en teología. Profesor en la Facultad de Teología de Granada. Su empeño es llevar la teología al debate público y enriquecer éste con la sabiduría de la fe. Le preocupa la voz de la Iglesia en la sociedad pluralista y el diálogo interreligioso.

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