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Pablo Millan, director del Departamento de Ingeniera de la Universidad Loyola Andalucia.

Pablo Millán: «El proyecto de Honduras genera investigación científica de calidad que se transfiere directamente a comunidades en vías de desarrollo»

A comienzos de diciembre de 2015 la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación y el Departamento de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía pusieron en marcha un proyecto ilusionante en Honduras: la instalación de una micro-hidrocentral en la comunidad de San Miguelito. Ubicada en plena sierra hondureña, esta población de calles de tierra y rodeada de zonas de cultivos y el verdor de la flora autóctona, acoge la vida de 60 familias que, cuando finalice el proyecto, mejorarán su calidad de vida. El director del Departamento de Ingeniería, Pablo Millán, visitó hace pocos meses el proyecto para trabajar junto al equipo de ingenieros de la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA) en la revisión de los cálculos y hacer los ajustes finales para la colocación de una turbina Pelton mejorada y un tendido eléctrico que dotará de energía eléctrica a toda la comunidad.

(P): ¿En qué consiste el proyecto que la Universidad Loyola Andalucía y la Fundación ETEA están desarrollando en Honduras?

El proyecto, en el que participa también la Fundación Hondureña para la Investigación Agrícola, consiste en proporcionar energía eléctrica a una de las tantas comunidades de este país que están ubicadas en sitios remotos, en los que la red eléctrica nacional ni ha llegado, ni se le espera. Para ello instalaremos una micro-hidro-central, que mediante una turbina tipo Pelton, transformará la energía hidráulica de un arroyo cercano en energía eléctrica. La población se llama San Miguelito, y allí, a unos 2.000 metros de altura, viven más de 40 familias, principalmente del cultivo de pataste y café.

(P): La misión de los proyectos de la Universidad Loyola Andalucía y de la Fundación ETEA es ayudar a transformar la sociedad y el mundo, ¿de qué manera lo hará este proyecto?

Se puede contestar a esto desde dos perspectivas: el impacto en el desarrollo de San Miguelito y el potencial para generar nuevo desarrollo en otras comunidades. Una consecuencia inmediata de visitar poblaciones como San Miguelito es tomar conciencia del nivel de dificultad al que se enfrentan y su necesidad de desarrollo. Hay que pensar que, al no tener la electricidad, no sólo carecen de bombillas con las que alumbrase de noche, sino que no pueden disponer de alimentos refrigerados, ni de radio o televisión, como medios de formación e información, o de teléfonos móviles para estar conectados con otras comunidades.

Este proyecto les permitirá instalar iluminación en el interior de las casas y en la escuela, así como enchufes para radio o televisión, para cargar teléfonos móviles y conectar herramientas domésticas o de trabajo de pequeña potencia. Además, se instalarán 4 grandes neveras, lo que les permitirá el acceso a una mayor variedad de alimentos que necesitan refrigeración. También es importante el impacto medioambiental del proyecto: las comunidades donde se instalan este tipo de centrales ya no requieren quemar leña para alumbrase y pronto comprenden la necesidad de evitar la erosión de los bosques, ya que sin ellos no hay agua y sin agua no hay energía eléctrica.

«Lo que hará que el proyecto no muera nunca es su componente de investigación científica»

Por otro lado, lo que hará que el proyecto no muera nunca es su componente de investigación científica. Los resultados que estamos obteniendo han permitido mejorar el diseño de la central y estas mejoras se transferirán a la FHIA para que se puedan trasladar a futuros proyectos que se realicen en el país. Hay que tener en cuenta que la situación de San Miguelito no es excepcional: más del 80% del territorio de Honduras está constituido por montañas de hasta 2.500 m de altura en las que viven comunidades muy dispersas en su misma situación.

(P): ¿Cómo surge la idea de este proyecto? ¿Lo propuso la Universidad o fueron ellos los que contactaron con la Fundación ETEA? 

La idea de llevar a cabo este proyecto en concreto parte de la Fundación ETEA, cuya experiencia de trabajo en Centroamérica es muy amplia e incluye numerosos proyectos de desarrollo y cooperación. Por otro lado, la FHIA ya había comenzado a instalar las primeras micro-hidro-centrales a finales de la década de los 90, con resultados muy positivos y también aspectos tecnológicos que mejorar. Ambas instituciones se encontraron en 2014 en el Congreso ‘Energías Renovables como Instrumento de Lucha Contra la Pobreza’, celebrado en la Universidad Loyola Andalucía.

«Más del 80% del territorio de Honduras está constituido por montañas de hasta 2.500 m de altura en las que viven comunidades muy dispersas en su misma situación»

Con la experiencia de la FHIA en mente, la idea de la Fundación ETEA fue contactar con el Departamento de Ingeniería de la Universidad y comenzar a trabajar para llevar a cabo un nuevo proyecto de micro-hidro-centrales mejoradas a través de la investigación.

En este punto tengo que agradecer el impulso y el apoyo institucional que nos ha dado la Universidad, en particular a través de Carlos García, nuestro Vicerrector de Investigación, que nos convenció de que había lugar para la investigación científica en este proyecto, cuando nosotros aún no estábamos seguros. El tiempo le ha dado la razón, y a día de hoy es uno de nuestros proyectos favoritos, porque genera investigación científica de calidad que se transfiere directamente a comunidades en vías de desarrollo. También debo agradecer el apoyo tanto del actual director de la Fundación ETEA, José Manuel Martín, como de su antiguo director, Pedro Caldentey, así como el trabajo, la ilusión y el seguimiento tan profesional que han hecho las profesoras Mª José Vázquez y Michela Accerenzi.

(P): ¿De qué manera participa la Universidad, y sobre todo, de qué manera participan sus estudiantes?

La Universidad Loyola Andalucía participa en el proyecto a través del Departamento de Ingeniería. Nuestro papel es la investigación científica para la mejora del sistema, lo que incluye varias líneas de trabajo. La primera consiste en el desarrollo de una nueva técnica para seleccionar el emplazamiento de las instalaciones, de forma que se maximice la potencia que puede obtenerse tendiendo en cuenta el caudal del río y su topografía. Para esto hemos utilizado fotogrametría con drones y técnicas de optimización, lo que nos ha permitido obtener en torno a un 7% más de potencia frente a la solución inicial. La segunda linea de trabajo investiga la posibilidad de realizar diseños automáticos de estas instalaciones y fabricar las turbinas mediante impresión 3D. Para ello se están llevando a cabo pruebas con nuevos tipos de materiales disponibles en este tipo de impresoras, como la fibra de carbono y nylon sobre matrix de poliestireno. La tercera linea del proyecto es desarrollar técnicas de control avanzado que mejoren la estabilidad del sistema. Por último, también realizamos tareas de supervisión técnica de la ejecución. 

«La implicación de los estudiantes en este proyecto ha sido impresionante»

Los estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía están participando del proyecto a través de varias vías. Quizás la más importante sea el equipo LoyolaTeams de Responsabilidad Social y Sostenibilidad. LoyolaTeams es una iniciativa de la Escuela que apoya la organización de los estudiantes en equipos que hacen proyectos concretos en campos como la ingeniería sostenible, la automación, o la robótica. La implicación de los estudiantes en este proyecto ha sido impresionante.

Como resultado de todo lo anterior, ya se han presentado dos Trabajos Fin de Grado (TFG), se han publicado media docena de artículos de investigación en congresos nacionales e internacionales y se publicarán también varios en revistas científicas de prestigio indexadas en en Journal Citation Reports, como Renewable Energy. Aquí es clave el papel del profesor Alejandro Tapia, que está haciendo un trabajo fantástico de investigación para su tesis doctoral.

(P): ¿Cómo es la experiencia de trabajar en un lugar tan distinto a nuestro día a día?

Estuve en Honduras hace un par de meses y la experiencia fue impresionante. Fuimos a San Miguelito para revisar el estado de las obras y pude comprobar el compromiso y la ilusión de la comunidad con el proyecto. Un ejemplo: el nombre del proyecto es ‘Aplicación de sistemas de micro-hidro-centrales mejoradas en comunidades remotas de Honduras’. Ellos lo llaman ‘Bendición de Dios’.

«El nombre del proyecto es ‘Aplicación de sistemas de micro-hidro-centrales mejoradas en comunidades remotas de Honduras’. Ellos lo llaman ‘Bendición de Dios»

También visitamos otras dos poblaciones: una en la que en estos momentos no tienen energía eléctrica y queremos comenzar un nuevo proyecto y otra segunda, ‘El Recreo’, en la que le instalaron la turbina hace unos años. Es muy reconfortante comprobar cómo les ha cambiado la vida el acceso a la electricidad, el desarrollo que ha supuesto y lo agradecidos que están. Te enseñan su turbina con orgullo, la tienen súper cuidada y se saben de memoria cómo funciona y cómo mantenerla ‘en forma’.

El profesor Alejandro Tapia también estuvo al inicio del proyecto trabajando con la comunidad y el director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería, Fabio Gómez-Estern, que ha estado intensamente involucrado en el proyecto tanto a nivel de gestión como de investigación, viajará de nuevo en breve. 

(P): ¿Qué otro proyecto tenéis entre manos ahora mismo en el Departamento de Ingeniería?

Ahora tenemos un know-how importante y hemos comprobado que en estos proyectos se puede llevar a cabo investigación de calidad, al servicio del desarrollo, que se transfiere directamente a colectivos necesitado y produce resultados científicos relevantes.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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