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La profesora del Departamento de Estudios Internacionales, Maria Angeles Alaminos

Mª Ángeles Alaminos: «La acumulación de los recursos, la corrupción y el uso de la violencia han impulsado el levantamiento popular pacífico en Sudán»

En Sudán hay una revolución en marcha. Las imágenes que llegan a Occidente muestran a jóvenes, muchos jóvenes, lanzando gritos y portando la bandera del país. Colores rojo, blanco y negro del panarabismo y en el lado del mástil, un triángulo verde, color tradicional del Islam que simboliza la prosperidad. Calles llenas donde suenan cánticos, algunos reconocibles, como la versión sudanesa de la popular canción partisana italiana Bella ciao’. Podría decirse que más que una revolución es una fiesta. Una fiesta a la que el Ejército no se opone, por el momento… Sobre este tema hablamos con la profesora del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Loyola, María Ángeles Alaminos, conocedora del país y con múltiples contactos en el mismo.

(P): El presidente de Sudán, el teniente general Omar al-Bashir está arrestado. Ha permanecido al mando del país durante 29 años, resistido a una Guerra Civil (1983 – 2005); a que Estados Unidos lo considere una amenaza nacional por cobijar a terroristas (Carlos ‘el Chacal’ y Osama Bin Laden); a la independencia de Sudán del Sur (2011)…  ¿Qué ha pasado ahora para que finalmente haya caído?

(R): Efectivamente, durante estos casi treinta años en el poder, Omar al-Bashir ha sido capaz de lidiar con múltiples amenazas y desafíos, tanto internos como externos. El presidente derrocado ha conseguido mantener su liderazgo tanto tiempo gracias, por un lado, a sus tácticas para equilibrar las ambiciones políticas de las distintas facciones presentes en su Gobierno, incluyendo redes de patronazgo y clientelismo; por otro lado, debido a sus habilidades estratégicas y su control de las distintas ramas del complejo aparato de seguridad del Estado, diseñado por él mismo para garantizar su supervivencia y evitar golpes contra su autoridad; y por último, por la ayuda y apoyo de los países aliados regionales e internacionales.

Acostumbrado a reprimir violentamente las protestas populares que se han llevado a cabo en el país de manera intermitente durante la última década, el mayor error de al-Bashir ha sido subestimar el alcance de las recientes manifestaciones, la intensidad del malestar social ante la grave crisis económica, y la determinación de la población para terminar con su Gobierno.

De hecho, dada la estrecha relación de al-Bashir con el Ejército y con los poderosos servicios de inteligencia sudaneses, inicialmente el escenario del cambio político no parecía el más plausible, hasta el momento en que parte del Ejército, principalmente oficiales jóvenes de bajo y medio rango, se posicionó del lado de los manifestantes, protegiéndoles de la policía y de los servicios de seguridad durante sus protestas.

 

(P): Las imágenes de la joven sudanesa Alaa Saleh, estudiante de ingeniería, hablando vehementemente desde el techo de un coche han dado la vuelta al mundo. Son el símbolo de las aspiraciones de libertad de la gente joven. Sin embargo hay quienes apuntan a que esta revuelta no tiene su origen en las aspiraciones de libertad del pueblo sudanés, afirman que tiene más que ver con el hambre. ¿Qué hay de cierto en eso?

(R): El factor desencadenante de las protestas en Sudán, que comenzaron el 19 de diciembre de 2018 en Atbara, y se extendieron rápidamente por todo el país, desafiando seriamente al régimen de Bashir hasta provocar su caída, fue el retiro del subsidio gubernamental y la triplicación del precio del pan (de una a tres libras sudanesas), así como la escasez de productos básicos. Es por ello que en algunos análisis y medios de comunicación el levantamiento popular sudanés ha sido denominado ‘protesta del pan’ o ‘revuelta del pan’, pero en mi opinión ése es un término equivocado, ya que confunde el desencadenante de las protestas con las causas subyacentes, e ignora la profundidad y el alcance de la movilización masiva de la población.

Si bien la mayor parte de las protestas sudanesas de los últimos años han tenido como desencadenante la subida del precio del pan o de otros alimentos, y en general, las medidas de austeridad que implican recortes en los subsidios a los productos básicos, el malestar social es más profundo, y las reclamaciones económicas han dado paso rápidamente a reivindicaciones en el ámbito político, en pos de un cambio de gobierno o una apertura hacia un sistema democrático. La acumulación de los recursos, la corrupción y el uso de la violencia han impulsado el levantamiento popular pacífico que ha terminado con el Gobierno de al-Bashir.

Asimismo, debemos recordar que el mero acto de salir a la calle y protestar de forma pública y colectiva constituye en Sudán un acto de valentía y una expresión de disenso político arriesgada dado el carácter autoritario del anterior régimen y las tácticas de represión violenta de las protestas, que han dejado decenas de muertos y cientos de heridos, sin contar las detenciones arbitrarias y la censura de los medios de comunicación.

Por otra parte, en cuanto a las imágenes icónicas que mencionas, hay que resaltar cómo la participación de las mujeres ha sido muy importante desde el inicio de las revueltas, situándose en primera línea de la resistencia pacífica contra el régimen. Sin embargo, su liderazgo en muchos contextos de las protestas rara vez se reconoce en los medios de comunicación, que informan sobre las mujeres sudanesas como si su implicación fuera un hecho excepcional o como si se hubieran ‘unido’ a las protestas, en lugar de reconocer su papel fundamental en las mismas.

 

(P): En España hay muchas personas que no conocen Sudán, ni cómo es su sociedad. ¿Cómo es la sociedad y cómo son los jóvenes de Sudán?

(R): Ésta es una pregunta muy abierta y difícil de responder sin caer en generalidades, me resulta difícil describir brevemente un país con tanta diversidad como Sudán. Es importante resaltar que, en el caso de Sudán, como del resto de países que conforman el Cuerno de África, el país se encuentra a caballo entre las dos regiones geográficas que conforman África y Oriente Medio, y sirve asimismo de bisagra entre África del Norte y África Subsahariana, lo cual ha tenido una influencia fundamental en el carácter de la formación del Estado sudanés y en la composición de su población.

Además, la inmensa heterogeneidad interna de Sudán en términos étnicos y lingüísticos, unido al tamaño del país, han llevado a describir Sudán como un ‘microcosmos de África’, sobre todo antes de la independencia de Sudán del Sur en 2011. Sudán es, como todos los países de África, un país étnicamente muy heterogéneo, que comprendía antes de la independencia del Sur hasta 600 grupos diferentes cuyos miembros hablan más de 400 lenguas y dialectos; y, aunque en la actualidad es un país de mayoría musulmana, era anteriormente, junto con la región Sur, un país multirreligioso, donde convivían el Islam sunní, el Cristianismo y las religiones tradicionales animistas.

Las recientes revueltas de finales de 2018 y principios de 2019, en forma de manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades de la parte central de Sudán, ponen de manifiesto el impulso de los movimientos sociales sudaneses, reflejan la existencia de una intensa cultura política y muestran una juventud muy activa y movilizada en busca de una transición política que conduzca a un proceso de democratización, a pesar de las dramáticas consecuencias para estos grupos de la sociedad civil en términos de violencia.

 

(P): El general al-Burhan, ahora en el poder, fue el jefe de las tropas sudanesas que han luchado recientemente con las tropas saudíes en Yemen. Los saudíes lo apoyan. A al-Bashir lo apoyaba económicamente Qatar, a cuyo aliado, Turquía, alquiló el control de una isla en Suakin para que establezca durante 100 años una base militar. ¿Cree que detrás de la revolución está la pugna que mantienen Arabia Saudí y Qatar por el control de la influencia política en la región?

Se trata de un levantamiento civil, liderado por el pueblo sudanés.  De hecho, las recientes protestas populares que acontecen en Sudán desde mediados del mes de diciembre de 2018 constituyen la culminación de un prolongado e intermitente periodo de marchas de protesta que se han llevado a cabo en el país durante la última década, con particular intensidad desde 2013. Estas manifestaciones expresan el malestar social ante la intensificación de la crisis económica y muestran la oposición de gran parte de la sociedad civil al Gobierno de Omar al-Bashir.

Por otra parte, las alianzas regionales son muy importantes evidentemente. Durante estos meses de revueltas, antes de su caída, Bashir en diversas ocasiones ha agradecido públicamente su apoyo al régimen, tanto político como económico, a un grupo de países amigos de Sudán, entre ellos China, Rusia, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Otros aliados que han brindado su apoyo son Arabia Saudí, Egipto y Turquía. El apoyo al anterior régimen ha tornado estas últimas semanas en el apoyo al Consejo Militar de Transición.

Los países del Golfo, junto con Turquía y Egipto juegan un papel fundamental en las relaciones exteriores de Sudán. Bashir se había mantenido neutral ante las rivalidades de los países del Golfo y la reciente crisis de 2017 donde los saudíes y emiratíes fomentaron, junto con Bahrein y Egipto, el boicot contra Catar, que obtuvo el apoyo del Gobierno turco. Catar es uno de los principales aliados regionales del anterior régimen sudanés.

De hecho, el emir de Catar llamó por teléfono a Bashir a los cuatro días del inicio de las protestas para mostrarle su apoyo al régimen y su disposición para ayudar a restablecer una situación de estabilidad, y Doha fue el destino elegido por Bashir en su primer viaje al extranjero el 23 de en enero tras el inicio de las protestas populares, con el objetivo de recabar apoyos regionales al régimen y lograr ayuda económica que contribuyera a la recuperación del país.

Por otro lado, como mencionas, no debemos olvidar que Bashir ha contribuido militarmente a la coalición liderada por Arabia Saudí en la Guerra de Yemen, y que los saudíes constituyen uno de los aliados regionales más cercanos. Los saudíes han declarado su apoyo a Sudán hasta que se recupere de la situación actual y han recalcado que la seguridad y estabilidad de Sudán son fundamentales para la propia seguridad y estabilidad de Arabia Saudí.

Tanto Arabia Saudí como Emiratos Árabes Unidos han facilitado grandes cantidades de ayuda al régimen durante los últimos años, y se han comprometido en ayudar en la crisis actual. Bashir intentó recabar, a nivel regional e internacional, el máximo posible de apoyos políticos y de ayuda financiera para superar la grave crisis interna que vive Sudán. Para ello, el régimen intentó negociar con tacto con sus socios regionales, equilibrando sus relaciones con los dos bandos de aliados enfrentados, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos por un lado, y Catar y Turquía por otro.

 

(P): Cómo cree que ha influido en la revuelta la pérdida de Sudán del Sur, zona del país con las tres cuartas partes de reservas petrolíferas del país, y que se independizó en 2011.

(R): Un factor fundamental para la actual crisis económica lo constituye la independencia de Sudán del Sur en julio de 2011. En Sudán del Sur se concentra hasta el 75% de las reservas de crudo anteriormente compartidas, mientras que Sudán controla los oleoductos necesarios para la exportación internacional. El petróleo constituía el principal generador de ingresos para el país, y la pérdida de tales ingresos ha provocado dificultades considerables para el Estado sudanés.

Las autoridades han implementado, desde la secesión del Sur, ajustes parciales para ayudar a estabilizar la economía y favorecer el crecimiento, pero no han resultado efectivos para lograr la estabilidad macroeconómica, debido por un lado a condiciones internas desfavorables, ya que el presupuesto en el momento de la independencia dependía principalmente de la extracción petrolera, y, por otro lado, a un contexto exterior difícil, que limita la posibilidad de que el déficit presupuestario se cubra con financiación exterior, además de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos en 1997 y su impacto en los flujos comerciales y financieros, las cuales fueron revocadas finalmente en octubre de 2017.

El Fondo Monetario Internacional recomendó a las autoridades sudanesas medidas como la liberalización del régimen cambiario a principios de 2018 y la eliminación de los subsidios para el combustible y el trigo, los cuales representan aproximadamente el 5% del PIB, a lo largo del periodo 2019-2021, alegando evidencias que sugieren que tales subsidios benefician en gran medida a la población urbana de altos ingresos en lugar de a los grupos vulnerables. Ya antes del comienzo de la implementación de estas reformas, los informes del FMI preveían el impacto que tendrían en el aumento sustancial de los precios, así como las posibles consecuencias en términos de descontento social, como así ha sido.

 

(P): El Gobierno de transición ha anunciado que se mantendrá en el poder al menos durante dos años. Militares y civiles parecen no ponerse de acuerdo en cómo conformar el Consejo de Soberanía (los militares quieren que sea de 10 miembros y que 7 sean militares; por su parte las Fuerzas de la Libertad y el Cambio quiere que sea de 15 miembros y que 8 sean civiles). ¿Qué es este órgano y qué importancia tiene para el futuro de Sudán?

(R): Después del golpe de Estado y el derrocamiento de Bashir, los militares anunciaron la formación de un Consejo Militar de Transición para administrar el país durante un periodo de transición de dos años, entre otras medidas. La reacción de las fuerzas de la Declaración de Libertad y Cambio, que representan a la sociedad civil y la oposición política, fue el rechazo inmediato de la declaración militar, al considerar que las fuerzas del régimen habían ejecutado un golpe de Estado interno para reproducir las mismas caras e instituciones contra los que la población se había rebelado. La decepción con la formación del Consejo Militar de Transición ha llevado a la Alianza por la Libertad y el Cambio a pedir reiteradamente la entrega del poder a un gobierno civil que responda a las expectativas de la población.

Posteriormente, la Alianza por la Libertad y el Cambio y el Consejo Militar de Transición han establecido un diálogo y negociaciones para gestionar un periodo de transición de tres años y la constitución de un nuevo órgano de gobierno que sustituya al Consejo Militar. Una de las demandas cruciales de los manifestantes, es que este órgano, el denominado Consejo de Soberanía, esté liderado por un civil y que la representación militar sea limitada. Las dos partes están enfrentadas sobre la composición de la autoridad de transición, ya que ambas aspiran a obtener una mayoría de los once miembros en el Consejo para dominar el poder durante el periodo de transición.

El diálogo y las negociaciones con el Consejo Militar siguen su curso de manera intermitente, con un acuerdo preliminar de establecer un periodo de transición de tres años y un Parlamento de trescientos miembros, de los cuales dos tercios provendrían de la esfera del grupo de los manifestantes, aunque las tensiones y desacuerdos entre los militares y los líderes de las protestas siguen muy presentes.

Por el momento, podemos interpretar los aparentes cambios como una continuación del régimen anterior bajo nuevas apariencias, es decir, el reciclaje del régimen y la ausencia de verdaderas reformas políticas y económicas como ha exigido la población durante los últimos cinco meses. Pero el levantamiento popular ha mostrado su fortaleza y no parece que vaya a abandonar la lucha por una transición democrática que culmine la revolución sudanesa.

 

(P): ¿Cuáles son los retos a los que se tendría que enfrentar un Gobierno democrático sudanés?

(R): Si los manifestantes consiguen alcanzar su objetivo de cambio de sistema político y la conformación de un gobierno civil, tomando como ejemplo las revoluciones populares de 1964 y 1985, han de tener en cuenta las lecciones aprendidas de esos momentos históricos, cuando el proceso de cambio democrático derivó rápidamente en un nuevo gobierno autoritario. También la oposición política ha de plantear soluciones estructurales para los problemas socioeconómicos del país, y ofrecer una salida o una alternativa viable a los miembros y afines de la élite gobernante. Además, la estabilidad de Sudán es fundamental en términos internacionales, y la eventual inestabilidad política puede afectar seriamente a los países vecinos y al entorno regional.

En cambio, si el escenario de transición política hacia un gobierno civil y democrático no se materializa en el corto plazo, el Consejo Militar deberá comprometerse a escuchar las reclamaciones legítimas de la población y responder a las demandas de la movilización masiva ciudadana, con el fin de abordar los graves problemas que sufre el país, incluyendo fórmulas de repartición del poder, medidas para el desarrollo económico de todas las regiones, actividades de lucha contra la corrupción y la colaboración para el respeto de los derechos humanos.

 

(P): Como experta que conoce el país: ¿cómo cree que terminará todo esto?

(R): En la actual coyuntura, existen varios escenarios posibles para el futuro próximo de Sudán. En primer lugar, partiendo de los precedentes históricos de 1964 y 1985, momentos en los cuales las protestas no violentas de la población sudanesa lograron derrocar a los dictadores en el poder, se puede plantear un escenario de cambio político, siempre y cuando el Consejo Militar de Transición ceda a las demandas de la sociedad civil y organice el traspaso de poder a un gobierno provisional civil. Si bien la presión del pueblo de Sudán ha logrado derrocar a Bashir, el golpe de Estado militar parece más bien una argucia para que el anterior régimen se mantenga en el poder, reciclando su fachada.

Un segundo escenario contempla una línea continuista, donde la posibilidad de conseguir cambios políticos y económicos mediante la movilización pacífica, de forma real y profunda, termina con el endurecimiento de la represión violenta de las protestas y el uso excesivo de la fuerza, mientras prosigue el mismo sistema político, sin acometer reformas estructurales, gracias en parte al apoyo proporcionado por los socios regionales e internacionales.

Una variante de este escenario sería la continuidad del anterior régimen después de una operación de lavado de cara del mismo, sin recurrir a la violencia.

Por último, un cuarto escenario presupone que las protestas populares generan una presión por el cambio tan importante que, a pesar del carácter represivo del régimen, lo cual obstaculiza la caída total del régimen y aumenta el control por parte de las fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia, el Consejo Militar decide tomar en consideración las reivindicaciones de los manifestantes y acometer reformas (en mayor o menor medida) tanto económicas como políticas, con el objetivo de beneficiar a la población y abrir el ámbito de la acción política.

Autor

Francisco Javier Burrero

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. fjburrero@uloyola.es Twitter: @javierburrero

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