Montes sagrados

No hay que buscarlos ni en Roma ni en Jerusalén nos decía el jesuita Esteban Velázquez, coordinador de la Delegación de Migraciones del Arzobispado de Tánger, en Marruecos.

Los montes sagrados hay que encontrarlos más bien en el monte Gurugú cercano a Melilla, desde donde los emigrantes subsaharianos intentan saltar la valla. O en el montañoso departamento de Morazán donde Esteban convivió con desplazados y refugiados durante la guerra en El Salvador. O en tantos otros de los lugares que simbolizan el sufrimiento y la esperanza de los excluidos o los más vulnerables.

Como Siria, donde fue asesinado el padre Frans Van der Lugt, jesuita holandés, una de las más de 100 mil víctimas del prolongado conflicto en Siria que dura ya más de 3 años ante la mirada pasmada de la comunidad internacional.

Ésta ha sido una de las reflexiones que hemos compartido esta semana de trabajo entre la comunidad de la Universidad Loyola Andalucía en torno a los dilemas y debates que plantea la frontera de Melilla y Nador, entre España y Marruecos, entre África y Europa.

Una frontera simbólica entre el desarrollo y la esperanza, como la de México y EEUU o las de Palestina e Israel. Fronteras llenas de vallas gigantes con espinas y concertinas, con puertas minúsculas, como metáfora del fracaso de la sociedad global para responder a las necesidades básicas de todo el mundo, independientemente del país y la casa en la que te haya tocado nacer.

Centro Baraka

No hay tema más apropiado que éste, con todas sus complejidades, para trabajar en la Universidad en torno a la promoción de la justicia global, el derecho a sobrevivir o sobre el diálogo entre culturas. La universidad y su comunidad (alumnos, antiguos alumnos, personal) se quieren comprometer con los dos principales proyectos de la delegación de migraciones en Nador.

La atención a los emigrantes subsaharianos que esperan dar el salto a la valla en la frontera y el Centro Baraka con el que el Arzobispado quiere ofrecer opciones de formación y trabajo a las mujeres y hombres jóvenes de la zona con menos oportunidades y descartar entre ellos la obligación de emigrar como única opción.

Autor

Pedro Caldentey

La Universidad Loyola Andalucía nace de una experiencia de universidad local pero abierta al mundo. Pedro Caldentey estudió en ETEA pensando en Melbourne y Estocolmo pero empezó su carrera descubriendo el mundo en Centroamérica. Es profesor de economía aplicada en el departamento de Economía y ha dirigido hasta 2015 la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación que promueve la presencia de la Universidad en actividades de formación y asistencia técnica y en intervenciones de desarrollo en América Latina y Asia.

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