Ellacuría y la trascendencia en el Derecho (I)

Qué puede aportar al mundo jurídico un enfoque teológico crítico del Derecho como el que realiza Ignacio Ellacuría?

El campo jurídico, como se suele entender en Occidente, está todavía bajo los presupuestos metodológicos del proceso de secularización. Uno de los padres de la ciencia jurídica moderna, el internacionalista Alberico Gentili (1552-1608), hizo célebre el imperativo de la autonomía de ámbito del Derecho con su llamado “Callad teólogos, en lo que no es de vuestra incumbencia”. Ante esta reacción científica e histórica de los últimos siglos que subsiste en nuestro días, cabe preguntarse si toda teología merece ser silenciada, si todo en ella es defensa de intereses sectarios, de imposición a otros de puntos de vista particulares, y si el horizonte de sentido en el que se practica la teología cristiana no es pertinente para impulsar un ejercicio crítico de la razón como, a nuestro juicio, realizó Ellacuría.

No se trata aquí y ahora de justipreciar este proceso, sino de señalar que a nuestra altura histórica, todavía estamos inmersos en sus derivaciones culturales. Sin embargo, sí podemos señalar, que en el planteamiento de fondo de la teología y filosofía de IgnacioEllacuría hay un intento de enfrentar los problemas sociohistóricos implicados en estas luchas metodológicas porque, a su vez, éstas inciden en la marcha social. De hecho, no podemos permanecer en la ingenuidad ilustrada de que se trata de un asunto resuelto históricamente. Antes bien, creo que Ellacuría aplicó no sólo la sospecha epistemológica al problema de la secularización en la Modernidad, sino que constataba desde el reverso de la historia de Occidente, el lado oscuro, irracional e injusto del proyecto civilizatorio de la Modernidad, pero no por ser “antimoderno” o “antilustrado”, sino por reconocer sus efectos negativos y reales. En el campo del Derecho, Ellacuría es plenamente consciente de su carácter dialéctico y agónico, recta y complejamente entendido. Por ello, no basta para enfrentarse al campo jurídico con planteamientos puramente formales e ideales pues el conflicto fundamental que se encarna en el mundo del Derecho, no es sólo el triunfo de la razón sobre la fuerza, sino “más en concreto, la defensa del débil contra el fuerte”.

En este contexto, se han producido ideologías jurídicas ilustradas y hegemónicas, por ejemplo, como la del positivismo jurídico contemporáneo, que han funcionado en buena medida de manera ideologizada al servicio de las élites sociales, de los fuertes en los sistemas sociales, y por otra parte, que también ha absolutizado o sacralizado instancias mundanales como la ley o el Estado que se han empleado como ídolos violentos que pueden someter a las “masas humanas excedentarias”.

Por ello, el Derecho no se puede enfocar bajo la forma de la “normatividad absoluta y abstracta”, justamente para que no se produzca la idealización de la realidad social, que encubriría bajo el discurso formal y universal del Derecho las fracturas sociales existentes. Nos encontramos, pues, una doble línea de crítica en la perspectiva intelectual de Ellacuría sobre el Derecho en su desarrollo hegemónico en la Modernidad. Denuncia su proceso de idealización que deviene en ideologías que encubren y justifican el orden violento sobre el que se construyen las relaciones sociales, tanto en su interior como en relación a otros pueblos: “Aunque idealmente se presentan como derechos humanos, son derechos limitados a una forma determinada de ser hombres. Tan es así, que ni siquiera atribuyen esos derechos a quienes conviven con ellos (…) se vuelve a cubrir con el manto de la universalidad ideal la particularidad real, favorable para unos pocos y desfavora­ble para las mayorías, las de cada país y, sobre todo, las del mundo entero”.

Frente al uso de la ley para amparar lo propio a costa de la exclusión de los otros, surge la reacción ética para relanzar el dinamismo más humanizador de las relaciones sociales. Y es aquí donde la perspectiva crítica teológica se hace más presente. Por ello, Ellacuría también se enfrentó teológicamente a los ídolos o dioses y sus ideologías derivadas que pretenden ocupar el lugar del Dios de los pobres y que en lugar de servir y dar vida, alienan la historia humana cerrando su dar de sí, queriendo anular la libertad y creatividad humana, negando la posibilidad de ejercer dinámicas de superación y trascendencia. ¿Qué dinámicas de trascendencia? Lo veremos en la siguiente entrada.

Autor

Juan Antonio Senent de Frutos

Profesor Titular de Filosofía jurídica y política. Director del Departamento de Humanidades y Filosofía. Coordinador de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos