Elegir la pastilla correcta

En una de las secuencias más conocidas de Matrix, Morfeo le ofrece a Neo la posibilidad de elegir entre la pastilla roja y la pastilla azul.

Si toma la pastilla azul despertará en su cama (virtual) y nada habrá cambiado, pero si toma la pastilla roja accederá a la verdadera realidad (“Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, nada más”, le dice Morfeo).

Cuando empiezas a escribir una historia, tienes también que elegir. Como es fácil de adivinar, son muchas las decisiones que hay que ir tomando para construir el relato, pero ahora me refiero exclusivamente a la decisión más importante: qué historia quiero contar.

Contar historias

¿De dónde surgen las historias? ¿Cómo se le ocurre a alguien explicar las Instrucciones para subir una escalera o enamorarse de su compañera de asiento en El avión de la bella durmiente? Entiendo que la respuesta a esta pregunta no es unívoca.

Al comienzo, casi todos escribimos de lo que conocemos, de nuestras experiencias, de lo que tenemos encerrado en nuestro interior. Pero, desde mi punto de vista, el gran salto de un escritor o escritora consiste en salir del propio cuerpo, en ser capaz de empatizar con asesinos, beatos, profesoras de danza, cantantes de ópera, cirujanas excelsas, ricos miserables…

La inspiración para uno de los relatos que he escrito, titulado Las pastillas rojas del doctor Gacitúa, llegó de una forma curiosa. Hace un tiempo un buen amigo me contó que él y sus hermanos, cuando eran niños, se colaban en la consulta de su padre, un psiquiatra chileno, y le “tomaban prestado” un bote de pastillas de color rojo.

Les atraía el color y, sobre todo, su sabor dulce. Chupaban el excipiente azucarado que las envolvía hasta que llegaba la píldora con su sabor amargo. Entonces la escupían (aviso: no repitan este experimento en su casa). En cuanto lo escuché supe que ahí había una historia. Un tiempo después surgió el relato titulado Las pastilla rojas del doctor Gacitúa.

No voy a estropear nada del contenido, pero os advierto de que, excepto el apellido y la profesión del doctor (tiene un apellido bonito, no digáis que no) y el detalle de las pastillas rojas, no hay ni una sola coincidencia con la realidad.

Autor

Juan F. Plaza

Docente e investigador en Comunicación. Profesor de Comunicación Escrita en la Universidad Loyola Andalucía, coordinador del Aula Literaria Loyola y escritor. Mi investigación está orientada al estudio de las representaciones de varones y mujeres en los medios de comunicación de masas. De vez en cuando, escribo para no odiar. Puedes seguirme en Twitter: @woodyplace y en mi blog juanplaza.es

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