El primer paso

Quien comienza ya tiene algo andado, escribió Horacio en una de sus epístolas. A continuación añadió: sapere aude -atrévete a saber-. Esta alocución latina fue popularizada por el filósofo alemán Emmanuel Kant, que la adoptó como lema de toda una corriente filosófica en su pequeño ensayo sobre la Ilustración, presentándola como un mandato a la investigación y a la búsqueda de la verdad empírica. Desde entonces ha sido elegida con frecuencia como consigna en muchas Universidades y otras instituciones educativas.

En Horacio, la expresión está dirigida a Lolio, un joven abogado amigo suyo a quién exhorta a emprender el camino de la sabiduría. El sentido no es el que luego adopta Kant. No se trata de una búsqueda del conocimiento científico, sino del logro de un equilibrio interno, del establecimiento de una vida a partir de valores y principios éticos.

La pereza y el seguidismo, la cobardía, o el materialismo superficial son las causas de que muchas personas permanezcan cómodamente en minoría de edad a lo largo de su vida.

Una de las principales misiones de las Universidades es despertar nuestras conciencias y orientar nuestras vidas a la búsqueda del conocimiento, pero entendiendo éste como algo que supera la instrucción, que va más allá de los concretos niveles de enseñanza o de los créditos de un Plan de estudios. La educación Universitaria debe aspirar a formarnos a cada uno de nosotros en el valor la responsabilidad, poniendo de manifiesto que los derechos tienen límites y que no todo vale; y en los valores de la igualdad, de la justicia social y de la solidaridad. Se trata de aprender a ser, pero también de atreverse a hacer. O sea, que además de atreverse a saber, hay que saber atreverse. El conocimiento inspirado en valores éticos y orientado a la acción es el mejor instrumento para la subversión del desorden establecido.

Para ello, debemos aprender a distinguir lo esencial de lo accesorio, para luchar por lo primero y adaptar o prescindir de lo segundo. Lograrlo no es fácil. Hay que actuar como un idealista con ilusión, pero no como un iluso; es decir, con conocimiento de la complejidad de las cosas, pero sin perder la fe en que cada uno de nosotros puede contribuir a mejorarlas siempre que oriente sus conocimientos al servicio de la sociedad. Adolfo Nicolás S.J. ha definido esta misión en un lema luminoso: saber para servir. ¡Atrévete a saber, da el primer paso!

Autor

Juan Antonio Carrillo Donaire

¡Atrévete a saber, da el primer paso! Este verso de Horacio nos anima a la búsqueda del conocimiento y al logro del equilibrio interno, al establecimiento de una vida a partir de valores y principios éticos. El conocimiento inspirado en valores y orientado a la acción, al servicio a los demás, es el mejor instrumento para la subversión del desorden establecido. Se trata de aprender a ser, pero también de atreverse a hacer. Porque además de atreverse a saber, es imprescindible saber atreverse.

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