El pensamiento social y ético de Ellacuría

Este jueves día  6 de Marzo, la Universidad Loyola Andalucía presenta la Cátedra Ignacio Ellacuría de Análisis de la Realidad Política y Social, a la que recientemente se ha adscrito esta universidad.

Esta adscripción ha sido impulsada por Juan Antonio Senent de Frutos, profesor titular de Filosofía del Derecho, director del Departamento de Filosofía y Humanidades y Coordinador de la Cátedra.

Senent de Frutos es uno de los estudiosos y promotores principales del pensamiento de Ignacio Ellacuría, sobre el que hizo su cualificada e importante tesis doctoral, que trataba sobre la aportación de este  significativo filósofo, teólogo y jesuita vasco a los derechos humanos.

Por todos estos motivos, nos parece interesante e importante recordar, presentar y ver la actualidad de las aportaciones que nos ha legado el pensamiento (la filosofía y teología) de Ellacuría, uno de los conocidos como ‘mártires de la UCA‘, al pensamiento social y ético o moral; lo cual puede conformar toda una visión del ser humano o antropología, un humanismo y personalismo, con su carácter político y liberador.

Como ha sido estudiado, Ellacuría se puede enmarcar en la corriente de filosofía y de pensamiento conocida como personalismo, en este caso de inspiración cristiana. Con autores como J. Maritain, E. Mounier, G. Rovirosa o su maestro X. Zubiri, del que Ellacuría fue el más estrecho colaborador de este relevante filosofo, también de origen vasco.

Teología latinoamericana liberadora

Al igual que desde este personalismo, un humanismo contemporáneo– con su principal referencia en Zubiri-, Ellacuría actualiza y profundiza todo ello desde América Latina, por lo que es uno de los principales representantes de la filosofía y teología latinoamericana de carácter liberadora en su opción por la justicia con los pobres (empobrecido, oprimidos y excluidos).

Todo este personalismo y pensamiento liberador ha aportado mucho y bueno al pensamiento social cristiano, o a la que se conoce como Doctrina Social de la Iglesia. Desde estas coordenadas, en sintonía con lo más valioso de la filosofía y las ciencias sociales actuales, Ellacuría plantea una filosofía primera (metafísica), donde la persona es un ser religado a lo real, a la realidad humana, social e histórica, y co(n)-vertida a  los otros y al Otro.

Frente al individualismo del neoliberalismo/capitalismo, Ellacuría pone las bases para una antropología integral y solidaria. Es una visión del ser humano que contempla todas sus dimensiones inter-relacionadas: la personal y socio-comunitaria, la espiritual y política, la trascendente e histórica…

De esta forma, la persona es un ser en relación social y solidaria con los otros, con la realidad socia-histórica, un ser ético-político que busca el bien común y la justicia con los pobres. El ser humano es, pues, libre y liberador, sujeto y protagonista de la vida, de su realidad inter-personal y social, política y espiritual, abierto a la trascendencia; frente al comunismo colectivista o colectivismo (leninista-estalinista).

La persona está constituida y llamada, así, a transformar y dinamizar toda esta realidad personal y socio-histórica, todas las capacidades y posibilidades, en la que se trasciende hacia la vida plena, eterna…

Ética del bien común

Como vemos, en la línea de lo  más significativo de la filosofía, del personalismo y de las ciencias sociales tal como ya indicamos, Ellacuría contempla a la persona y la sociedad-mundo (realidad socio-histórica) de forma co-relacionadas, en inter-acción mutua: sin que la persona, de forma individualita e insolidaria, se olvide y desentienda de los demás, de la realidad comunitaria, social e histórica, y contribuya o coopere entonces al bien común y la justicia con los pobres, contra el neoliberalismo/capitalismo; y sin que la realidad social e histórica niegue o vaya en contra de la persona, de su libertad, participación y protagonismo en la trasformación o co-gestión de la vida, frente al colectivismo.

Vemos, pues, que todo este pensamiento antropológico y social nos abre a una ética, donde nada ni nadie puede ir en contra de la vida, dignidad y protagonismo de las personas, de sus derechos, del bien común. Es el “principio-vida”, ya que todo aquello, cualquier relación o realidad, que no defienda o promocione la vida, en todas sus dimensiones o estadios, no es ética y hay que transformarlo en vida, justicia y liberación integral. Tal como nos muestra toda esta cualificada filosofía y ética latinoamericana.

El pensamiento social de Ellacuría nos muestra como la persona en sus relaciones humanas va generando unas leyes e instituciones, unas condiciones y estructuras sociales, políticas y económicas que en la realidad histórica, en la verdad de lo real, lejos de cohesionar, unir y buscar el bien común, lo que ha generado es dominación, injusticia y desigualdad social-mundial.

De ahí que el pensamiento social y ético de Ellacuría con su método de historización, de contemplar y analizar las cosas y principios o valores en la realidad histórica, viera que en nuestro mundo no existe el bien común sino el mal común, la injusticia y un abismo desigualdad social-internacional entre grupos, estratos sociales y países: la violación de la vida digna en vez del respeto y promoción de los derechos humanos.

Una democracia insuficiente y mermada, no real, ya que las personas y los pueblos no son los sujetos y actores de la vida civil, pública y política, de su capacitación posibilitantes. El derecho de propiedad conculcado, porque la propiedad es negada a la mayoría de las personas y pueblos, por la acumulación y acaparamiento de los bienes y recursos en unas pocas manos, de los más poderosos y enriquecidos.

Adelantándose como en tantas cosas a tu tiempo, Ellacuría observó y estudió muy bien como nuestro mundo, cada vez más, se iba unificando e interconectando, lo que hoy se conoce como la era de la globalización, que es en la que vivimos.

El capitalismo con su injusticia se iba a haciendo global, la civilización del capital como él lo llamaba, en donde el  lucro o beneficio (el capital) es el motor de la historia, a lo que contrapuso la civilización del trabajo. Esto es, la vida y dignidad del trabajador, de las personas, la satisfacción de sus necesidades en un desarrollo humano e integral, que sería lo que dinamizaría un verdadero progreso.

Y discernió muy bien como el capitalismo, que por todo ello no es ético- el capitalismo es intrínsicamente inmoral nos enseñaba Ellacuria-, está enraizado en la civilización de la riqueza, en la deshumanización de ser ricos con su afán de tener y consumir.

Civilización de la pobreza

Frente a lo anterior, proponía Ellacuría la civilización de la pobreza, de ser pobres en austeridad solidaria y liberadora con los pobres de la tierra. Ya que según él, esta solidaridad y compromiso por la justicia liberadora con los pobres: es lo que nos va dando sentido en la vida, nos va dando vida, es lo que nos va haciendo feliz.

Como se observa en todo lo expuesto, para Ellacuría, los pobres, los crucificados de la tierra por la injusticia y el mal, es el signo permanente de los tiempos. Los pobres de la tierra es la clave “hermenéutica”, el lugar que da verdad, la verdad real de nuestro mundo, que desvela la injusticia del mundo y la mentira del poder que la encubre.

Un principio ético básico es que todo lo que no sea históricamente universalizable, que no incluya a todos los seres humamos y la vida del planeta, a los pobres y víctimas de la historia: no es justo ni humano.

Por todo ello el capitalismo no es moral, ya que no promueve vida, justicia e inclusión de todos, como muestran la no vida (indigna) a la que se someten a los pobres; ni la salvaguarda del ambiente y ecosistema ya que los niveles de productivismo, crecimiento y consumismo del capitalismo no son sostenibles, no se pueden mantener, no son universales porque destruyen el planeta.

Ellacuría, tal como se ve, promueve todo un método (camino) para la inteligencia, el conocimiento y una educación-formación integral que consta de ‘hacerse cargo de la realidad’, dimensión más intelectiva o cognoscitiva, analizar y ser conciente de la realidad, utilizando las mediaciones de la razón, como son la filosofía y las ciencias sociales o humanas.

Cargar con la realidad‘, dimensión más ética, por la que asumo la realidad, el dolor y sufrimiento de los otros en una ética de la com-pasión (con el otro) ante su miseria e injusticia que llevo a mi corazón (el principio miseri-cordia). ‘Encargarme de la realidad’, dimensión más práctica, por la que me implico y comprometo en la praxis de la paz y la justicia liberadora con los pobres.

Y ‘dejarme cargar por la realidad‘, dimensión más de gratuidad, acoger el don de la realidad, de los otros, de su fraternidad, solidaridad, justicia, etc.  En esta línea, Ellacuría, nos animaba a estar presente y comprometido con los movimientos sociales y ciudadanos, emancipadores y liberadores con los pobres de la tierra.

Todo lo anterior, igualmente, recoge y actualiza el corazón de la espiritualidad y misión ignaciana, de ser compañeros de Jesús siendo personas  para (por y con) los demás, al servicio de la fe y la justicia fraterna-liberadora con los pobres, en dialogo con las culturas y pueblos.

Es ser contemplativos en la realidad y acción, en la reconciliación, justicia y liberación integral con los pobres, frente a todo mal e injusticia, a toda estructura social e internacional perversa que oprima. En definitiva, es la escuela del corazón, del amor que se entrega y que da vida, vida en abundancia como nos mostraron Ellacuría y sus compañeros mártires de la UCA.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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