El nuevo mercado político

De las elecciones municipales del pasado día 24 se pueden extraer muchas lecciones, pero hay una que los economistas explicamos fácilmente. Tiene que ver con la competencia y los monopolios.

Hasta este ciclo electoral, la política española ha sido un caso de duopolio. Los dos grandes partidos se comportaban cada uno como un monopolista en su lado del espectro ideológico y competían sólo por la franja del centro (típica solución de Hotelling), por lo que el resultado conjunto era un duopolio imperfecto. Estos monopolios en cada lado del espectro ha dado como resultado que ambos partidos (PP y PSOE) se hayan acomodado en sus propuestas y hayan sido tan laxos con la corrupción, pues sabían que tenían un voto cautivo que sólo iba a votarles a ellos.

Es esta situación es la que está cambiando con el crecimiento de los nuevos partidosCiudadanos y Podemos compiten ahora con los dos grandes partidos en su espacio natural, lo que ha hecho que se incremente significativamente la competencia. Cada votante tiene ahora una opción más para votar, mientras que el votante de centro llega a tener hasta tres o cuatro opciones, por supuesto, nacionalismos aparte. Está creciendo, pues, la competencia en cada punto del espectro político, y eso es, en sí mismo y como sabemos los economistas, bueno para la democraciay para la innovación política.Con una mayor competencia, el votante se vuelve más sofisticado, razonan más su voto, matizan más sus preferencias.

La política española está cambiando

Precisamente porque hay más competencia, porque somos votantes más sofisticados y porque las elecciones municipales las han planteado los partidos en clave nacional, en estas elecciones, además de los candidatos a las alcaldías (como era tradicional), han pesado también las siglas. La caída del PP en más de 2,5 millones de votos no se ha debido tanto a los errores que hayan podido cometer sus alcaldes, sino a la excepcionalidad de los resultados de las elecciones anteriores, y, sobre todo, a los casos de corrupción y el trato que se les ha dado desde la dirección del partido, lo que ha desviado el voto a Ciudadanos. Como le ha pesado en la caída de votos los casos de corrupción del PSOE o de los partidos nacionalistas. El aumento de la competencia y los errores que han cometido los partidos tradicionales con la corrupción, más que la misma crisis o las políticas llevadas a cabo, son los factores que explican, en mi opinión, los resultados de estas elecciones. Y éstos deberían hacer reaccionar a los dos grandes partidos.

La política española está cambiando. Si la crisis trajo nuevos actores a la vida política, su crecimiento se ha debido a la miopía de los partidos tradicionales ante los casos de corrupción. Sea como fuere, el resultado es que tendremos una democracia más limpia. Por eso, frente a aquellos que abogan por la “estabilidad” de los monopolios, me declaro a favor de la competencia, aunque suponga una mayor incertidumbre, y porque es uno de los ingredientes de una verdadera democracia.

Autor

Gabriel Pérez Alcalá

Profesor de Economía y Política Económica del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía. Profesor visitante de las Universidades de Passau (Alemania) y Linz (Austria). Colaborador del Diario Córdoba, Cadena Ser y Canal Sur. Consultor en programas de desarrollo y cooperación. Investigador en distribución de la renta, mercado de trabajo y evaluación de políticas públicas. Consejero de distintas empresas. Actualmente es el Rector de la Universidad Loyola Andalucía. Siempre amó el mar y la poesía.

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