La inteligencia artificial puede suponer una amenaza para la organización social y ciertas profesiones.

47 por ciento

47%. Esta cifra es lo que recordamos de un célebre artículo escrito por dos investigadores de Oxford en 2013. El trabajo ha sido y sigue siendo citado en todo tipo de publicaciones, técnicas, económicas y antropológicas. Y aunque han llovido réplicas y contrarréplicas, sigue izada esa cifra totémica en lo alto del mástil, sigue siendo objeto de tertulias y muchos lo admiten casi como un dogma de fe.

Cierto es que la inteligencia artificial, especialmente si tiene un despliegue rápido, puede representar una amenaza para la organización social y un sustituto inmediato para ciertas profesiones. No hace falta ir al futuro ni esperar el advenimiento de los super robots para medir los efectos de la digitalización en el empleo: ¿cuántos puestos de libreros, taquilleros de cine, creadores de contenido, vigilantes, administrativos, se han perdido desde que comenzó la revolución digital?

Efectos de la digitalización en el empleo

Sin embargo, conviene mirar a fondo el contenido de este trabajo, más allá de la cifra. En primer lugar, habla de los puestos susceptibles de automatizar, pero no trata de estimar cuántos serán realmente automatizados. Por ejemplo, habrá muchos puestos de atención al cliente “susceptibles”, técnicamente, de ser automatizados por un asistente virtual con la suficiente capacidad lingüística, pero que por consideración al cliente, por seguridad (cajeros), por frenos legislativos o por estrategia de recursos humanos no se acaben automatizando.

Hay otros muchos empleos que se crearán, especialmente en áreas donde la creatividad es importante –en cuyo caso la informática se convierte en un recurso complementario, capaz de potenciar ciertos puestos -. Por otra parte, no aborda la cuestión del exceso de producción debido a la automatización, que puede redundar en una disponibilidad adicional de recursos que, si son bien distribuidos, se traducirían en la aparición de nuevas actividades y empleos asociados.

En general, el artículo afirma que estarán más a salvo los empleos en los que se requiera un grado de destreza avanzado en alguno de tres aspectos: Percepción/manipulación, Inteligencia creativa e Inteligencia social. ¿Somos sensibles en la Universidad a estos retos?

Lo debemos ser, fomentando y cuidando especialmente el desarrollo de las tres características en la persona. La primera se desarrolla más en la Formación Profesional, y también en Ciencias de la Salud, en su grado máximo en cirugía.

En los grados y máster de la Universidad Loyola Andalucía, se hace un esfuerzo especial en la Inteligencia social, a través del desarrollo de competencias interpersonales, club de debate, prácticas, actividad cultural, iniciativas estudiantiles, etc., y en la Inteligencia creativa, planteando la formación no como una mera asimilación de conocimientos, sino reforzando el aprendizaje “haciendo”, introduciendo el descubrimiento, los retos y la exploración en el aula y fomentando la iniciativa personal.

Pero más allá de esto, en el aspecto técnico, tomamos muy en serio la nueva relación de los ingenieros con las máquinas. No podemos resolver casi ningún problema complejo al margen de ellas, debemos habituarnos a tenerlas como compañeras de trabajo, y saber estar al día y sacarles el máximo partido. Por ejemplo, muchas asignaturas de los grados en Ingeniería se abordan desde un enfoque programático, con análisis de datos.

Si nos subimos al tren de la inteligencia artificial y la incorporamos en nuestros quehaceres, avanzaremos al mismo ritmo que la tecnología y, por tanto, difícilmente podemos ser sustituidos.

Autor

Fabio Gómez Estern

En este blog el profesor Fabio Gómez Estern, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Loyola Andalucía, despieza la actualidad desde una perspectiva dual: la tecnológica y la humana. En este análisis, basado en ensayos, publicaciones y eventos recientes, se trata de señalar qué productos de la ingeniería son susceptibles de modificar los usos sociales. Más que vaticinios, se aportan preguntas: ¿cómo y a qué ritmo se producirá este impacto?, ¿cómo debemos prepararnos para ello? ¿cuáles son las oportunidades que se abren? ¿Es preciso despertar el espíritu crítico e incluso oponer resistencia a dichos cambios? ¿Es, acaso, posible?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de eventos