Eduardo Ibañez destaca que la educación es la mejor política social para luchar contra la desigualdad.

“La educación es una de las políticas sociales más relevantes en la lucha contra la desigualdad”

Los problemas de desigualdad y pobreza, acentuados tras la crisis de 2008 en nuestro país, su irrupción en la agenda política, o la relación entre educación e igualdad, son algunos de los temas tratados en el diálogo con el profesor de ética profesional y empresarial de Loyola Andalucía Eduardo Ibáñez. Son asuntos que conoce en profundidad, pues ha trabajado durante años en diversos proyectos sociales tanto en España como en el extranjero.

Antes de la crisis de 2008, ya había muchos problemas de desigualdad en España como lo ponían de manifiesto los informes de entidades como Cáritas, Intermon-Oxfam o la Cruz Roja. Sin embargo, es ahora cuando el tema de la desigualdad se ha metido de lleno en la agenda política ¿Por qué? 

R. Lo primero de todo es darle la bienvenida al debate político al tema de la desigualdad en el ámbito nacional. En el ámbito internacional ya en 1992 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) nos dio un golpe en nuestra conciencia global con el famoso gráfico de la distribución de los recursos en el mundo y que casi todos conocemos como copa de champán por su parecido a ella. El PNUD cada año ilustra su ahora influyente Informe sobre Desarrollo Humano con algún tipo de gráfico y en el año 1992 se dedicaba a la desigualdad económica. En este gráfico se denunciaba que 1/5 de la humanidad posee el 82,7% de la riqueza mientas que el 1/5 más pobre apenas posee el 1,4% de ella.

Por primera vez en nuestra historia reciente, en los últimos años y como consecuencia de la crisis, en el ámbito nacional la pobreza ha crecido, aunque sobre este tema hay que hacer algunas matizaciones. La primera es que es un fenómeno estudiado el de la persistencia de la pobreza, es decir, la dificultad reducir las cifras de pobreza relativa que se han mantenido tozudamente en el entorno del 20% aunque andaba agazapada tras las buenas cifras macroeconómicas y de empleo en la etapa de la burbuja inmobiliaria y financiera. La segunda, es que ya no nos quedamos satisfechos con la contabilización de la pobreza a través de un indicador de pobreza relativa que es un indicador estadístico que nos dice cuántas personas obtienen unos ingresos por debajo del 60% de la mediana de la renta. El problema con el que nos encontramos en el indicador de pobreza relativa es que marca un punto de referencia pero no nos dice si la vida de las personas reales está en mejores condiciones, por eso se trabaja hoy sobre indicadores en los que se incluyan otros elementos que nos puedan dar información sobre la verdadera calidad de vida de las personas. Decimos, si miramos la tasa de pobreza relativa hoy en España, que hay menos pobres que el año pasado, pero hay que decir también que ha bajado porque la renta media ha sido menor y que puede bajar la tasa de pobreza sin mejorar las condiciones de vida de las personas.

Por esta razón se buscan otros indicadores que nos puedan dar más información como el indicador de desigualdad de Gini o la relación de renta 80/20 que compara los ingresos del 20% más rico y el 20% más pobre. Un indicador que ha tomado relevancia en Europa es la tasa AROPE (at Risk of Poverty and Exclusion) y que ha sido diseñado por La Estrategia de la UE 2020 combinando la pobreza relativa con elementos de exclusión, pobreza severa y la intensidad en el trabajo, con la finalidad de poder ser un indicador para comparar la pobreza entre los diferentes países de la UE. Además en esta línea se pueden consultar los Informes Foessa, que van incorporando esta visión y proponen desde hace años más indicadores como la renta y desigualdad, el empleo, la pobreza y la privación, y los derechos sociales. La European Antipoverty Network-España (EAPN-Es), también está realizando informes como El estado de la pobreza en España. Aún así, en mi opinión, siguen faltando indicadores que vayan en la dirección de la medición de la pobreza de manera absoluta y que puedan guiar las políticas de inclusión en España en nuestro peculiar contexto histórico y social.

Para terminar, en el ámbito nacional el debate sobre la igualdad también ha irrumpido como una pregunta sobre cuáles van a ser las respuestas de los diferentes partidos a las posibles salidas de la crisis. Evidentemente no es una sola respuesta la que se puede dar a la pobreza, pero se van ofreciendo diferentes soluciones. 

Distribución de la riqueza para corregir la desigualdad

2. Para  luchar contra la desigualdad y la pobreza, ¿hay que crear riqueza y centrarse en el crecimiento económico o por el contrario poner el foco en la redistribución de la riqueza y corrección de las desigualdades?

R. Es que ambas políticas están más conectadas de lo que a primera vista puede parecer, el crecimiento económico en sí mismo es sin duda un factor importante pero claramente insuficiente para el desarrollo y más aún para combatir la desigualdad y la pobreza. Ya tenemos la experiencia de América latina en la segunda mitad del siglo XX donde el crecimiento sin distribución de la riqueza genera sociedades más ricas pero no necesariamente donde mejoran las oportunidades y las condiciones de vida de las personas. Desde los años ochenta, a esta forma de entender el desarrollo se le llamó desarrollo en cascada, pues se pensaba, erróneamente por desgracia, que la mejora y el crecimiento de la economía acabaría teniendo ese efecto cascada que beneficiaría a finalmente a toda la población. Hoy sabemos que la riqueza tiende concentrarse y que el sistema capitalista es mejor y más eficiente en la producción que en la distribución de la renta y por lo tanto debe ser corregido en aras de la propia sociedad y del sistema económico que de otra manera acabaría generando cada vez una mayor exclusión económica y social. Actualmente lo vemos en nuestra economía, por ejemplo, en la petición de ir limitando la austeridad en los salarios para que la mejora en los mismos impulse y consolide la propia recuperación y salida de la crisis. En cualquier caso para responder a esta pregunta no podemos soslayar es hacia dónde queremos caminar como sociedad, y qué concepto de persona tenemos como horizonte de humanización.

3. ¿Hasta qué punto el bajo nivel de capital humano (educación) puede hacer que la desigualdad sea un problema crónico en nuestro país? 

R. La educación, sin duda, es una de las políticas sociales más relevantes en la lucha contra la desigualdad y quizás en España no se ha visto tan claramente reflejado en la política educativa como en otros países de nuestro entorno. A través de la educación y de la formación profesional y/o universitaria se amplía el horizonte y las oportunidades de las personas, pero también de toda la sociedad y del propio país. De hecho la educación es uno de los elementos fundamentales de medición del desarrollo humano. Pero habría que medir no sólo la eficacia de nuestro sistema educativo en el nivel de los conocimientos, que por supuesto hay que hacerlo, sino también en el impacto que puede estar teniendo en la inclusión social de los ciudadanos y ciudadanas pobres. Es un hecho descrito el alto índice de fracaso escolar pero pocas veces se relaciona este fracaso escolar con la pobreza como ponen de relieve los datos sobre fracaso escolar de un reciente informe de la OCDE donde se muestra que los menores en  hogares pobres tiene tres veces más posibilidades de repetir curso.

4. ¿Considera que hay una generación transversal expulsada del mercado del trabajo y condenada a la exclusión?

R. Uno de los grandes dramas de una crisis como la que estamos viviendo es que deja un eco social de amplio recorrido. Los sociólogos del trabajo (Zubero: 2006) han analizado como el empleo se ha convertido en uno de los elementos más relevantes en los procesos de inclusión o exclusión social junto con  la inserción relacional de las personas. Lo que hemos podido comprobar y es alarmante en nuestra sociedad es que se ha ampliado considerablemente el espacio de vulnerabilidad social, de manera que una red social débil sumado a un empleo precario o a una expulsión de facto del mercado laboral nos desliza hacia una amplia zona de vulnerabilidad e incluso de exclusión social en la que los procesos de inclusión van a tener que empezar por la reconstrucción de las capacidades y habilidades sociales de las personas, como de hecho hacen muchas entidades del tercer sector, a la vez que volver a la inclusión en el empleo, donde además existe la dificultad de encontrar empleo estable y de calidad.

Esto lo podemos ilustrar en España a través de la tasa AROPE, a la que ya hemos hecho referencia en la pregunta anterior que mide la intensidad de la exclusión en el empleo a través de un componente sobre el número de hogares con baja intensidad en el empleo y que ha crecido del 7,6% en 2009 al 15,7% en 2013.

Por tanto, el proceso de exclusión producido por la crisis va a tener que ser revertido con un intenso trabajo de inclusión social que no va a poder consistir sólo en la creación de empleo.

Desigualdad y recuperación de empleo

5. Algunos economistas afirman que la desigualdad no se va a reducir solamente con la recuperación del empleo en España ¿Qué medidas habría que tomar para afrontar este grave problema desde su propia raíz?

R. Los working poors o trabajadores pobres son un fenómeno que ha llamado la atención de las personas que analizan la pobreza en nuestras sociedades desde hace ya algunos años, y éste es un fenómeno que ya empezó a detectarse en EEUU hace algunos años. Las mediciones de la tasa AROPE nos muestran también en España hogares que sin estar en situación de baja intensidad en el empleo se encuentran en situación de pobreza. En España se ha defendido desde hace ya muchos años la generación de empleo como la mejor política social, negar la necesidad de la generación de empleo como un elemento crucial en la lucha contra la exclusión social sería un grave error, pero es sólo una verdad a medias. Hoy en España y en muchos otros países “desarrollados” la obtención de un empleo no garantiza una vida por encima de los umbrales de lo que denominamos pobreza (60% de la mediana de los ingresos y que en España se sitúa en el entorno a los 8.100,00€). El salario mínimo pretende dar respuesta a la necesidad de recuperar la dignidad del trabajo como un bien en sí mismo que debe proporcionar los recursos suficientes para poder satisfacer las necesidades de un hogar. No se puede tener una visión puramente instrumental del trabajo puesto que se refiere a una dimensión de la vida humana a través de la cual, además de conseguir la renta suficiente para la subsistencia, es un medio privilegiado para la inserción social y para la autorrealización de las personas. Por tanto para afrontar de raíz, como se me pregunta esta cuestión, tenemos que volver a preguntarnos sobre qué sociedad y persona tenemos en el horizonte compartido para poder articular los medios necesarios para su consecución, y cuando hablamos de la dignidad de las personas no caben atajos, ni caer en la tentación de la instrumentalización de las personas aunque sea en el pretendido buen fin de lo mejor para la mayoría como propone la doctrina utilitarista.

Autor

Nuria Gordillo

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. ngordillo@uloyola.es Twitter: @Nuria_GR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos

« Agosto 2017 » loading...
L M X J V S D
31
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
1
2
3