Economía en clave Ética desde la Justicia Social-Global y Ecológica

El Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús, Jesuitas, ha realizado un interesante e importante informe especial. Lleva como título “Por una economía global justa. Construir sociedades sostenibles e inclusivas”. Y constituye todo un estudio cualificado de Filosofía o Pensamiento social y Ético en perspectiva interdisciplinar, con el empleo de las Ciencias Sociales o Humanas en dialogo con la Teología, con la Moral y Doctrina Social de la Iglesia (DSI). En esta línea, se ha constituido el Foro Creyente de Pensamiento Ético-Económico, con el apoyo y bajo la coordinación de Cáritas, integrado principalmente por profesores universitarios cristianos.

A partir de estas iniciativas y dicho informe, invitando cordialmente a su lectura y estudio http://www.sjweb.info/documents/sjs/pj/docs_pdf/PJ_121_ESP.pdf, expondremos claves o criterios de este Pensamiento Social y Ético. Para promover una economía orientada por la justicia social, global y ecológica, por una ética sostenible y socio-ambiental, mundial e integral. Desde esta metodología del Pensamiento Social y Ético, interdisciplinar e inductiva-deductiva, nos situamos (encarnamos) en el contexto actual y nos adentramos en el ver o análisis de la realidad humana, social e histórica. Un ver y mirada con una epistemología (conocimiento) desde la clave hermenéutica, ética y social de la fraternidad solidaria y justicia liberadora con los pobres, con las víctimas y el planeta.

Desde esta clave de la fe y justicia con los pobres de la tierra, con una ética social-global y ecológica, en un empleo interdisciplinar de las Ciencias Sociales o Humanas, vemos que vivimos en un mundo desigual e injusto, violento e insostenible. Es un mundo que padece el dominio de las crecientes desigualdades e injusticias sociales, globales y ambientales con las lacras que sufre la humanidad y los pobres. Como son el hambre, la miseria y la pobreza (empobrecimiento), el paro y la explotación laboral con un trabajo basura e indecente, la destrucción ecológica y cultural, etc. Lo que causa los conflictos, divisiones y violencia institucionalizada, las guerras, la criminalidad y la corrupción, el drama e injusticia que padecen los migrantes y refugiados a los que se les niega la vida…

Como nos enseñan las Ciencias Sociales y la DSI, los Papas del siglo XX y XXI hasta llegar a Francisco, este mundo herido e injusto tiene como causa el individualismo posesivo. Con sus ídolos del tener y del poseer, de la riqueza-ser rico y del poder, del mercado y del beneficio/capital. Tal como domina e impone, en la realidad histórica, la ideologización perversa del liberalismo economicista, el sistema económico del capitalismo que, con su naturaleza injusta e inmoral, está generando toda esta desigualdad, injusticia y destrucción humana, social-global y ecológica.

Con su individualismo posesivo, con su fundamentalismo e integrismo del mercado y del capital erigidos en falsos dioses, el liberalismo económico y el capitalismo se oponen frontalmente a que la economía, las finanzas y la empresa o el trabajo estén constituida por la ética, por la justicia social, global y ecológica. Este rechazo al control y regulación ética, social y civil-política de la economía y de los mercados, que constantemente impone el capitalismo, ha causado toda esta desigualdad e injusticia social-global y ecológica. Lo cual ha implantado toda esta dominante globalización y economía financiera-especulativa que, a la búsqueda de la ganancia fácil y del beneficio rápido, ha mercantilizado al planeta, ha convertido al mundo en un mercado y casino global. En la realidad histórica, el capitalismo con su economía y banca-finanzas usurera y especulativa, basura e irreal: genera sistemáticamente crisis permanentes en forma de desigualdad e injusticia social, global y ecológica; arruina las economías de los pueblos, destruye y precariza el empleo; causa pobreza, exclusión y destrucción ecológica.

Frente a todo lo dicho, hay que establecer una economía justa y social, solidaria y sostenible. Una ética de la justicia social-global y ecológica que oriente al mercado, a las finanzas y a la empresa, al comercio y al trabajo. Esta justicia liberadora, con los pobres de la tierra y con el hábitat ecológico, es el sentido de la economía y la arraiga en el bien común. Toda economía y política, para ser ética, ha de servir al bien común, al bien de toda la humanidad en la justicia con los pobres, a la satisfacción de las necesidades vitales de las personas y pueblos. La economía tiene su fin en este servicio a las necesidades de todo ser humano, en el destino universal de los bienes, en la justa producción, distribución y consumo de los bienes que tiene la prioridad sobre la propiedad.

El bien común, que ha de guiar a la economía y al mercado, supone ineludiblemente el control y regulación de toda actividad empresarial o laboral, financiera y económica por parte de la sociedad civil y del estado social de derecho-s, de las pueblos y de los pobres de la tierra. Esta orientación ética, sociopolítica e institucional-jurídica, desde la comunidad social, debe asegurar la dignidad, capacidades y derechos de las personas o pueblos, el bien común con sus condiciones sociales.

Tales como un empleo decente, unas condiciones laborales dignas, un salario justo para el trabajador-a y su familia que está antes que el capital. Un sistema fiscal con equidad donde contribuyan más los que más tienen, los ricos y el capital con sus empresas, la banca con su actividad financiera; erradicando la inmoralidad de los paraísos fiscales y toda fuga o fraude tributario. Las políticas sociales y servicios públicos que aseguren estos derechos universalmente, con calidad como son una renta básica, la educación y cultura, la sanidad y medicamentos, la vivienda e infraestructuras, agua y energía… En definitiva, una espiritualidad en la pobreza solidaria y justicia liberadora con los pobres de la tierra, con la creación frente a los ídolos del poder y de la riqueza. En el seguimiento de Jesús, una iglesia pobre con el protagonismo y promoción integral de los pobres, como nos enseña la DSI y el Papa Francisco, que da testimonio del Dios de la vida.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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