Una ecología de saberes diversos, espirituales, éticos y sociales como se ha desarrollado en la historia con diferentes movimientos

Ecología de saberes y epistemologías desde el sur para el buen vivir

Este artículo, nace a raíz de la ponencia que expuse en el Encuentro Regional, “Los nuevos conocimientos emancipatorios desde el Sur”. Organizado por diversas universidades e instituciones académicas como, por ejemplo, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

La realicé el jueves 16 de noviembre, el día que  celebrábamos el aniversario de los queridos jesuitas mártires de la UCA (El Salvador). A su memoria impartí dicha ponencia e igualmente estuvo inspirada en ellos, en la filosofía y pensamiento de I. Ellacuría, I. Martín-Baró, S. Montes.

Ellacuría y los jesuitas mártires de la UCA, junto con otros pensadores o testimonios como Mons. Leónidas Proaño en Ecuador, son paradigma de lo que, en la actualidad, se viene estudiando e investigando en una ecología de saberes e integral. Una ecología y epistemología desde el Sur, desde y con los pobres (empobrecidos, víctimas y excluidos) de la tierra, para el buen vivir.

Esto, es una vida de comunión fraterna y solidaria en el cuidado y justicia: con la persona y sus valores e ideales humanizadores; (ecología mental); con los otros en el grito de los pobres (ecología social); y con la tierra en sus clamores liberadores (ecología ambiental). Lo que se enraíza y culmina en la ecología espiritual. La religación y apertura al sentido y trascendencia de la vida, a la búsqueda de la verdad, del bien y la belleza, a Dios mismo que es Amor y Vida.

Esta vida de fraternidad, solidaridad y compromiso por la justicia liberadora en el amor a Dios, a los otros, a los pobres y a la creación, esa casa común que es el planeta tierra, nos va regalando la paz, felicidad y realización (humana, social y espiritual).

Vida buena y el buen vivir

La auténtica calidad de vida y bienestar, con una vida realmente feliz, se va realizando en esta existencia de servicio y amor en la comunión solidaria de vida, bienes y luchas liberadoras por la justicia socio-ambiental con los pobres de la tierra.

Frente al vacío, sin sentido y esclavitud del egoísmo e individualismo insolidario con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia; con sus idolatrías del capital, mercado y estado. Como nos enseñan las ciencias sociales como la psicología, no es cierto que la felicidad se va logrando con el consumir, tener o el hedonismo como nos quiere imponer esta sociedad global materialista-economicista, consumista y capitalista.

La vida buena y el buen vivir, que no la buena vida (del lujo y de la riqueza), está en una vida austera y sobria. En una real solidaridad que es compartir hasta lo necesario para vivir, con la militancia por la paz, por el desarrollo humano integral y la justicia con los pobres de la tierra.

Ecología de saberes

La sabiduría y el verdadero conocimiento se encuentran en esta vida de comunión en el amor, fraternidad solidaria y praxis por la justicia social, global y ecológica con los pueblos, pobres y la hermana tierra. Una ecología de saberes diversos, espirituales, éticos y sociales como se ha desarrollado en la historia con diferentes movimientos. Como el monástico, mendicante, misionero, obrero, latinoamericano e indígena en sus diversos acentos y matices.

Con nombres y testimonios como San Benito y San Agustín, Francisco de Asís o Santo Domingo, Santo Tomás de Aquino e Ignacio de Loyola o Bartolomé de las Casas, Mounier y Rovirosa, los ya mencionados L. Proaño o Ellacuría y un largo etc.

Todos ellos e infinidad de rostros más que podríamos mostrar, como el niño Iqbal Masih, nos manifiestan esa sabiduría espiritual, moral y social. En el amor a Dios, a las comunidades espirituales como son las iglesias y a los otros con el compromiso solidario por la justicia con los pobres.

Es la epistemología y ética más auténtica de dar y promover la vida, en todas sus dimensiones o fases, y dignidad de las personas con la justicia con los pobres, con las víctimas en la compasión con sus sufrimientos, vidas dañadas e injusticias que padecen. Es esta memoria, compasión y misericordia, en la justicia con las víctimas y los pobres, la que nos va humanizando, dando la felicidad y liberándonos de toda esclavitud, patología, mal e injusticia.

El buen vivir y la ecología de los saberes supone, pues, una promoción de los valores y principios espirituales, morales y sociales que orienten la vida personal, comunitaria, cultural, pública, política y económica. Frente a la razón tecnocrática e instrumental, que pretende dominar todo y a todos, es un conocimiento crítico que, en la compasión y justicia con las víctimas, va impulsando un desarrollo humano y liberador de todo mal, opresión, desigualdad e injusticia.

Desde el principio-vida y liberación integral, todo aquello que dañe y destruya la vida, que no impulse la justicia liberadora con los pobres y con las víctimas, no es razonable ni ético, es inhumano e injusto. De esta forma, la economía debe servir a la vida, a las necesidades y capacidades de las personas, de los pueblos y de los pobres; con el destino universal de los bienes, la justa distribución de los recursos, que está primero que el derecho (secundario) de propiedad.  Los bienes y la propiedad siempre tienen este inherente carácter social, al servicio de una economía política del bien común y del desarrollo sostenible.

Las políticas del buen vivir promueven este bien común universal y la justicia con los pobres. Es la democracia ética y ciudadana, con la gestión y protagonismo de las personas, de los pueblos y de los pobres en su promoción liberadora e integral. Unas políticas que defiendan los derechos humanos y la ecología integral. El acceso e inclusión universal de los derechos para toda la humanidad.

Como son la alimentación y al agua, la educación y cultura, la sanidad y medicinas saludables, la vivienda, la tierra y al trabajo. Una soberanía y autogestión alimentaria, energética, económica, social y ecológica. Frente a la dominación y expolio de los recursos, de la misma tierra por parte de los poderes económicos y políticos. En esta línea, es clave esta defensa del trabajo decente.

Con la dignidad y derechos de las personas trabajadoras, como es un salario justo o unas jornadas humanizadoras de trabajo, que está antes que el capital, que el beneficio y la productividad. Y una cultura de la paz justa que, defendiendo los derechos humanos y la justicia socio-ambiental, vaya propiciando erradicar las guerras, las industrias militares y el desarme mundial.

Tal como nos enseña todo lo anterior el Papa Francisco con su encíclica “Laudato si”, un auténtico testigo de todo este buen vivir con la ecología integral.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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