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El Provincial de España, Antonio José España SJ.

Discurso del Provincial de España de la Compañía de Jesús en el acto de apertura del curso 2018/2019

El pasado 12 de septiembre, el Provincial de España de la Compañía de Jesús y Canciller de la Universidad Loyola Andalucía, Antonio España, presidió el acto de apertura del curso 2018/2019. A continuación os dejamos el texto de su intervención:

Intervención del Provincial de España de la Compañía de Jesús, Antonio España, en el acto de apertura del curso 2018/2019

“Esta es mi primera visita oficial a la Universidad Loyola Andalucía, y quisiera comenzar estas palabras transmitiéndoos mi agradecimiento por el esfuerzo generoso y denodado que han volcado sobre esta obra desde su fundación en 2010.

Como todos sabemos, han sido años complejos y no exentos de dificultades: la puesta en marcha de un proyecto tan ambicioso, las relaciones con la administración, el necesario asentamiento institucional interno, la integración con las otras universidades de la Compañía de Jesús en España, y la estructura financiera necesaria para llevarlo a cabo y sostenerla.

La audacia de este cometido ha afrontado grandes riesgos por un importante objetivo último: presentar ante la sociedad andaluza una oferta universitaria de iniciativa social, con un marcado carácter cristiano y jesuita. Por eso, muchas gracias por todo vuestro empeño y por las tremendas energías empleadas para el bien de la Evangelización donde esta universidad se constituye como un medio abierto hacia el pluralismo y la diversidad que debe existir en nuestra sociedad democrática.

Como universidad aún joven e incipiente, aunque anclada en la larga sabiduría acumulada en ETEA desde 1963, partimos de una situación privilegiada al no tener un pasado que sea muy difícil de alterar o modelar. Gracias a ello, la respuesta de esta universidad puede ser algo más rápida ante la aceleración del cambio social y tecnológico global que vivimos; así como su respuesta a las necesidades de la sociedad andaluza. También, las dimensiones manejables de la universidad garantizan una mayor flexibilidad ante los giros que haya que dar en el futuro. Todo ello, juventud y flexibilidad, ha ido acompañado de una dosis enorme ilusión que, sin duda, ha sido condición de posibilidad para que el proyecto se consolidara y afianzara. Desde la Compañía de Jesús trataremos de ayudar a hacer crecer esta obra para que sea fructífera junto con los agentes sociales y económicos que quieran sumarse al proyecto y compartan nuestra misión.

La pasada C.G.35 propuso a toda la Compañía de Jesús el desafío de integrar armónicamente tres dimensiones fundamentales: la identidad, la misión y la comunidad. Desde entonces, este tríptico se nos sigue presentando como una tarea siempre inacabada y a realizar; y no solo a los jesuitas sino también a todas sus obras apostólicas. Identidad, misión y comunidad que en este acto inaugural del curso académico podemos proyectar sobre nuestra Universidad Loyola con el deseo de que siga creciendo y articulándose en torno a las mismas.

De este modo, lo primero es la identidad jesuita de la universidad. Aunque algunos lo postulen, no hay universidades neutras ni existe una educación neutral. Cada universidad contiene una dinámica y un modo propio de concebirse y actuar. Se trata de profundizar en saber quiénes somos, sin complejos y de forma transparente. La cualidad del ser y su definición centra todo en una universidad y no solo los títulos o los rankings. Si conocemos lo que somos, llegaremos más hondamente al núcleo central, al corazón y, por tanto, al punto donde surgen iniciativas, proyectos, reflexiones y cualidades propias imposibles de ser imitadas. Esta identidad jesuita ha de fundarse en el mismo itinerario de Ignacio de Loyola, anclado en la experiencia de fe de los Ejercicios en contacto con la realidad del mundo. Se trata de sentir que no estamos ante un mundo con solo problemas sociales (desgaste del Estado de Bienestar), económicos (paro e inmigración), políticos (falta de liderazgo y de consensos de estado) o culturales (desintegración de las comunidades de referencia, soledad, individualismo,…).

Sin embargo, nuestra identidad nos invita a caminar hacia la esperanza, como nos diría el P. Arrupe, antiguo General de la Compañía y en proceso de canonización: “La esperanza fue una de las actitudes que distinguen a la figura de San Ignacio: esperanza ciega, como él mismo la llama, “in spem contra spem”. Esperanza que fue creciendo y aquilatándose a lo largo de su vida. Esta figura del Ignacio inspirado “peregrino” en la búsqueda lenta, incierta y a veces hasta angustiante del camino que Dios le iba trazando, es la verdadera y auténtica figura del Fundador de la Compañía de Jesús” (La identidad del jesuita, 467)

El segundo elemento es la misión. Una misión que alude directamente al porqué de la presencia de la Compañía de Jesús en el ámbito universitario y en el mundo intelectual. Se trata, sin duda, de una actividad que exige excelencia académica, rigor profesional y científico, claridad en los fines y una organización competente… Pero todas estas cosas entendidas como medios e instrumentos al servicio permanente de la verdad y de la sociedad; y sin que ahoguen el sentido final de la formación universitaria. Se trata de acudir donde se hacen las grandes preguntas de nuestro tiempo, en ámbitos diversos, para tratar de resolver los problemas de la sociedad. Pero la aproximación a esos problemas no puede dejar de lado que, al final, queremos personas formadas como agentes de transformación. Hoy día este elemento ha dejado de ponerse prioritariamente en la universidad española porque se pretende formar de forma pragmática y eficiente sin hacer hincapié a en los problemas que necesitan ser analizados a fondo tales como la estructura y la organización del trabajo, la participación pública democrática, la dimensión ética en la toma de decisiones, y las vías sostenibles y justas del crecimiento económico. Ante ello, como universidad jesuita, seguimos teniendo una ingente tarea que no dejará de seguir presentando interrogantes.

El tercer elemento es la comunidad, o lo que es lo mismo en este contexto, es saber que formamos parte de un conjunto mayor con una misión común. En el encuentro internacional de Bilbao en el pasado mes de julio, nos encontramos de 200 universidades jesuitas de todo el mundo, siendo, quizás, la red universitaria más amplia del mundo. El crecimiento de las comunicaciones, la globalización y mundialización de nuestras vidas nos pide que crezcamos en una mayor integración entre centros jesuitas.

Esta universidad ha conseguido una rica relación con otras universidades y eso aumenta el valor de su impacto. También podemos crecer en los vínculos comunes que nos señalaba el P. General, Arturo Sosa, y que resumiré brevemente: “Formar en la ciudadanía universal supone educar en el reconocimiento de la diversidad como dimensión constitutiva de la vida humana plena”. “Además, hace falta provocar las condiciones para la llamada al servicio público como compromiso personal”. (Pretendemos una) “Educación humanista porque acompaña el proceso de cada persona cuidando su particularidad al mismo tiempo que la ayuda a salir de sí misma para hacerse cargo de la humanidad y abrirse a la transcendencia”. “Hacemos lo posible por abrir nuevos caminos a la reconciliación humana en un momento de la historia en el que se cierran las posibilidades de vida para muchos pueblos”. Se trata, con todo ello, de acercarnos y acercar al alumnado a los marginados (empobrecidos, refugiados, migrantes, desplazados) y a las otras víctimas que se sienten vulneradas en su dignidad (menores, mujeres, discapacitados…).

Termino tomando de nuevo las palabras que nos han acompañado: identidad, misión y comunidad. Cada una de ellas nos pide un esfuerzo de profundización y silencio reflexivo. Las grandes iniciativas no nacen de los tumultos ni de los “sálvame” de turno. Juntos podremos más, tanto como Universidad Loyola Andalucía como conjunto de universidades de la Compañía en el mundo. “El trabajo en red presupone una cultura de la generosidad, que supere la tendencia a cuidar y multiplicar los recursos para uso exclusivo de cada institución universitaria. La cultura de la generosidad está a la base de la fecundidad que logra más y mejores frutos de vida plena”

Muchas gracias.

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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