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Diplomacia científica: una mediadora internacional para el desarrollo

La cuarta sesión del seminario permanente a cerca de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, organizados por la Fundación ETEA-Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola, ha contado con la presencia de Joxean Fernández, abogado y economista por la Universidad de Deusto, quien ha hablado sobre diplomacia científica y sobre la necesidad de un cambio en las pautas de acción exterior para contribuir de forma eficaz a la agenda de los ODS.

“En este mundo interconectado, cada vez menos los problemas son de ámbito nacional”, apuntaba Fernández. Y es que, desde el principio de la ponencia se ha resaltado la situación crítica en la que se encuentra el planeta a consecuencia del desarrollo tecnológico. Ante una población mundial que no deja de aumentar y unos programas políticos que solo persiguen el crecimiento constante y un mayor desarrollo tecnológico para ser más competitivos, los retos pueden ser insignificantes comparados con el hecho de que podamos sobrevivir en la Tierra.

No obstante, los actores en el ámbito global cada vez son más heterogéneos y, gracias a instituciones internacionales como la Unión Europea, los desafíos están más distribuidos. Es en este punto donde la diplomacia científica puede jugar un papel fundamental.

Teniendo en cuenta que la ciencia, la tecnología y la innovación se han consolidado como uno de los motores del avance social y económico e impulsores de la globalización, éstas pueden ser las herramientas que permitan encontrar un lenguaje común y servir de pasarela entre los diferentes marcos cognitivos, es decir, pueden servir de canal de comunicación entre los intereses de los actores internacionales y dar soluciones que atiendan a un beneficio común cuando las relaciones diplomáticas están bloqueadas.

Cómo entender este nuevo ecosistema

La diplomacia tiene que apoyar a la ciencia para garantizar un mayor número de recursos; y la ciencia debe nutrirse de la diplomacia para abordar los desafíos como un proceso de aprendizaje en el que se tienen en cuenta varios factores. “Los retos no se pueden resolver desde esfuerzos no concertados. Algunos proyectos de cooperación al desarrollo han fracasado porque tenían un buen planteamiento técnico, pero no habían tenido en cuenta el contexto”, añade Joxean Fernández.

Es evidente que los retos a los que se enfrenta el planeta son enormemente complejos, por lo que se requerirá una colaboración desde diferentes disciplinas. Así lo explicaba Fernández: “La diplomacia científica tiene la capacidad para iluminar el camino, sobre todo en los lugares en los que otras formas de diplomacia han fallado”.  Si a través de esa convergencia de capacidades y de acciones con fundamentos éticos se puede fomentar el diálogo inclusivo, la protección de bienes comunes y el compromiso del ciudadano de a pie, se podrá reconfigurar la realidad tanto nacional, como internacional, y consolidar el desarrollo y la cooperación del futuro.

Autor

Nuria Gordillo

Periodista del Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía. ngordillo@uloyola.es Twitter: @Nuria_GR

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