Análisis sobre cuestiones que pueden contribuir al diálogo con la fe para la convivencia.

Tolerancia, respeto y diálogo con la fe para la convivencia

En los últimos tiempos, en la opinión y medios de comunicación o redes sociales, se han sucedido cuestiones y debates que giran alrededor de la fe e iglesia católica, de sus creencias y convicciones, ética, vida moral y social, entre otros aspectos.

En este artículo queremos hacer una serie de apuntes y consideraciones que, sobre estas cuestiones profundas y delicadas o complejas, puedan contribuir al diálogo con la fe para la convivencia.

Creemos, hoy más que nunca, es necesario la libertad democrática, con el diálogo y encuentro sincero, fraterno y respetuoso: con el otro, entre la fe y la cultura; con las creencias, convicciones y cultura de diversas realidades, entre los creyentes o cristianos con el mundo del agnosticismo, ateísmo e increencia.

Para ello, como indicamos, es importante establecer el principio del respeto hacia el otro, mutuo, sin juzgar personal y globalmente la vida (ser) del otro. Sin descalificaciones y por supuesto, mucho menos, caer en el insulto o violencia.

Para este diálogo es importante conocer la historia, la cultura y el pensamiento. Lo que se ha aportado y realizado en la realidad social e histórica, las tradiciones y vida de las comunidades o testimonios más relevantes. Y, en este sentido, también es relevante no justificar una cuestión o realidad, que por ejemplo esté mal o no sea adecuada, sólo porque el otro (la otra parte), como es con la que se dialoga, ha hecho un mal semejante o peor.

Desde estos presupuestos y otros que se pueden mostrar, que podrían salir en las cuestiones tratadas, abordamos la realidad de la fe e iglesia en diálogo con los otros, con la cultura y el mundo social, político e histórico.

Historia de la fe e iglesia

Una objeción y punto muy frecuente es juzgar de forma general, gruesa la historia de la fe e iglesia tachándola de forma negativa: qué si siempre ha estado con el poder, con la riqueza-ricos y, por tanto, la iglesia es rica; que va en contra del desarrollo como es la ciencia; que su enseñanza y acción margina u ofende y discrimina a determinados colectivos o grupos, etc.

Evidentemente, la fe e iglesia, como toda comunidad o institución, tiene constantemente que hacer una revisión y discernimiento de su vida. Con una auto-valoración crítica de sus luces y sombras, de sus aciertos y fallos, de su mejora y cambio. Así lo ha hecho la fe e iglesia a lo largo de su historia, en especial en nuestra época con el Vaticano II y los Papas, que infinidad de veces ha reconocido sus errores y males.

Ha pedido perdón por ello y ha tratado de poner los medios para cambiar las situaciones. La fe e iglesia siempre tiene que estar en permanente reforma, discerniendo como seguir a Jesús y servir mejor a su Evangelio del Reino de Dios con su justicia, en la opción liberadora por los pobres de la tierra.

Al mismo tiempo, en ese “sentir con la iglesia” tal como nos enseñan los santos como Ignacio de Loyola– que los católicos realizan en un amor y comunión fiel con la iglesia-, hay que valorar todo lo bueno, bello y hermoso que ha hecho la fe e iglesia en su historia.

Con los santos, testimonios e instituciones que conforman la iglesia. Como son las ordenes o congregaciones religiosas, por ejemplo la Compañía de Jesús (Jesuitas), que tanto y bueno han aportado a la historia de la cultura y del pensamiento, de la acción social y solidaria, al desarrollo y liberación integral de los pueblos.

Si uno se acerca sin prejuicios a esta historia, si estudia e investiga los logros culturales, sociales, ético y espirituales, verá la aportación importante e imprescindible de la fe con la iglesia y dichos santos, testimonios e instituciones. No tenemos espacio para detallar en profundidad todo estos logros y aportaciones. Pero queremos mostrar algunos apuntes de como los genios del pensamiento y de la espiritualidad.

Como son los santos, como los Padres y Doctores de la iglesia, como los mártires y testimonios de la fe han fecundado la historia de la filosofía y de la cultura, que no sería la misma sin ellos. La acción social y solidaria no se hubiera desarrollado de tal forma, la realidad e identidad de la persona con su dignidad, la justicia y los derechos humanos no hubieran alcanzado su realización tal como la conocemos hoy sin dicha aportación fecunda de la fe e iglesia.

Como indicamos, basta conocer y estudiar la vida de todos estos pensadores, santos y testimonios que constituyen la iglesia. Ya en la edad antigua, con los Padres de la Iglesia, por ejemplo San Agustín, se va promoviendo la categoría de persona con su vida y dignidad sagrada e inviolable, en la cual se basa nuestro ordenamiento ético-jurídico, el pensamiento social, solidario y la justicia con los pobres.

Todo ello hizo caer al imperio romano, con su dominación e injusticia. Junto con S. Agustín, en la edad media, las ordenes mendicante con S. Francisco de Asís o S. Domingo, con los genios del pensamiento como S. Tomás de Aquino o S. Buenaventura van poniendo las bases para el humanismo renacentista y moderno. Lo que termina con la opresión del sistema feudal y da paso al llamado nuevo orden, a la época moderna.

Tal como se expresa en el siglo de oro español con la cultura y santos. Como S. Teresa de Jesús, S. Juan de la Cruz o S. Ignacio, la escuela de Salamanca con Vitoria, el jesuita Suárez o Bartolomé de las Casas, que junto a la naciente iglesia latinoamericana, son pioneros de todo este humanismo cultural y ético, de los derechos humanos e internacionales.

En la defensa y promoción de los pueblos indígenas, en la lucha contra la esclavitud con Papas como Pío II, Paulo III (con su bula SD) o Eugenio IV. Con sus fallos y aciertos, la fe siguió aportando a la filosofía y al pensamiento, como es el humanismo ilustrado con autores como Kant.

En esta edad moderna se desarrolla la historia de la acción social y solidaria, los derechos, servicios y políticas públicas como la educación y sanidad, gracias a los santos como José de Calasanz, Vicente de Paul o, posteriormente, Don Bosco. De esta forma, todo este legado cristiano y católico pone los cimientos del movimiento obrero, que es inspirado en muy buena medida por el cristianismo.

Con testimonios como el Obispo Ketteler y F. Ozanam, con León XIII y su RN que da inicio a la moderna doctrina social de la iglesia (DSI), los movimientos apostólicos obreros con J. Cardijn y la JOC, con la HOAC en España y sus testimonios como Rovirosa, E. Merino, T. Malagón. Con el personalismo con Mounier, la educación de Milani, Chesterton, Belloc y el distributismo.

Solidaridad y justicia con los pobres

Toda esta solidaridad, justicia, promoción y liberación integral con los pobres de la tierra, frente a los males e injusticias del liberalismo y del capitalismo o de los totalitarismos como el fascismo (Pío XI con su MBS) y el comunismo colectivista, como muestra la DSI, es continuado en América latina.

El Vaticano II y la DSI, en la promoción de la paz y de la justicia, se actualiza en Latinoamérica con sus Obispos en Medellín, Puebla y su opción liberadora con los pobres. Con testigos y mártires como H. Camara, L. Proaño, Mons. Romero, los jesuitas R. Grande, L. Espinal, Ellacuría y los mártires de la UCA.

De esta forma, como nos muestran los estudios e informes con los datos o hechos, la iglesia realiza ejemplarmente la solidaridad y justicia con los pobres, en la promoción y desarrollo liberador e integral. Con organizaciones como Caritas o Manos Unidas, los misioneros y religiosos en el Sur empobrecido, una iglesia pobre con los pobres.

Todo ello desmonta “mitos” como las riquezas del Vaticano, desmentido además por publicaciones especializadas (Fortune), con todo este servicio y vida solidaria; o que vende armas que ha sido probado como falso. Asimismo, los casos de abusos a menores, que suceden igual en otros grupos, han sido rotundamente atajados por los Papas como Francisco.

La iglesia tiene su enseñanza social y moral sobre la defensa de la vida contra el aborto o la eutanasia, sobre la sexualidad, el matrimonio fiel y familia entre un hombre y una mujer abierta a la vida e hijos, a la solidaridad y al bien común.

Tal como nos enseña al Papa Francisco, pero esto no significa que haya que discriminar a nadie, todos deben ser acogidos por la fe e iglesia. Creemos pues que todos estos valores y principios que enseña la iglesia son razonables, humanizadores, universales y pueden contribuir al diálogo, a la convivencia y la fraternidad solidaria.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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