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El desperdicio alimentario tiene negativos impactos económicos, ecológicos y sociales.

Ineficiencia económica, ecológica y social: el desperdicio alimentario

Sin alimento nuestro cuerpo no puede subsistir mucho tiempo. La comida es vida para nosotros. Por desgracia, todavía hoy, en pleno siglo XXI, más de 820 millones de personas no pueden tener una alimentación suficiente en cantidad y otros dos mil millones tienen una alimentación pobre en calidad, que no les aporta suficientes micronutrientes (vitaminas y minerales) para tener una vida saludable.

Es triste que, en este contexto, dejemos estropear y tiremos a la basura muchos alimentos. A nivel mundial se estiman las pérdidas y desperdicios de alimentos en un 30% de todo lo producido para consumo humano, unos 1.300 millones de toneladas al año. En España se calcula que, solamente mirando lo que tiramos a nivel doméstico, desperdiciamos más de 30 kilos de alimentos por persona al año en los cálculos más optimistas (hay estimaciones que apuntan a más del doble).

Esto tiene muy negativos impactos económicos, ecológicos y sociales:

  • Las pérdidas económicas asociadas al desperdicio alimentario en España están estimadas en unos 11.000 millones de euros al año, cuantificando solo el precio de los alimentos, sin valorar los externalidades asociadas.
  • Estamos dedicando muchos recursos productivos (30% de las tierras cultivables y 30% del consumo de agua dulce) a producir unos alimentos que dejamos perder. Este comportamiento, de por sí insostenible, lleva asociadas además unas emisiones brutales de gases de efecto invernadero; si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercer mayor emisor del mundo, detrás de Estados Unidos y China.
  • Y lo que quizás es más grave, el desperdicio alimentario puede afectar las posibilidades de alimentación de las poblaciones más vulnerables, porque, al inflar innecesariamente la demanda, puede provocar subidas de precios de los alimentos que hagan inaccesible una alimentación suficiente y adecuada para muchas personas en situación de pobreza tanto en España como, sobre todo, en países en desarrollo.

Por ello, aunque económicamente podamos permitirnos desperdiciar comida y a veces nos resulte incluso más cómodo hacerlo, desde un punto de vista ético debemos reflexionar si este comportamiento es adecuado.

Necesidad de reducir el desperdicio alimentario

La nueva Agenda de desarrollo de Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, recoge la necesidad de reducir el desperdicio alimentario para avanzar hacia sistemas de producción y consumo más sostenibles.

Con un pequeño esfuerzo podemos mejorar nuestros hábitos de compra y consumo, de manera que no tengamos que tirar alimentos. Planificar bien nuestros menús y nuestras compras, hacer una buena gestión de nuestra despensa, de nuestra nevera y congelador, estar atentos a consumir antes los alimentos que llevan más tiempo, recuperar la cocina de aprovechamiento, con recetas que nos permitan utilizar las sobras para hacer otras comidas o incluso compartir alimentos que nos vayan a sobrar (esta es la filosofía de la APP Yonodesperdicio). Si eso nos permite ahorrar algún dinero, podríamos incluso plantearnos colaborar con algún proyecto de lucha contra el hambre.

Y además, dar un paso más de consumidores críticos, intentando tomar conciencia de qué formas de producción y distribución de alimentos son más sostenibles y siendo coherentes a la hora de hacer nuestra compra.

En este 15 de marzo, Día Mundial de los Derechos de los Consumidores, la Diputación de Córdoba nos invita a reflexionar también sobre los deberes y la responsabilidad que tenemos como consumidores en este grave problema del desperdicio alimentario. El 11 de abril, la Fundación ETEA – Instituto de Desarrollo de la Universidad Loyola Andalucía, con la colaboración de Prosalus y el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, celebra una mesa redonda sobre la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario. Dos oportunidades para concienciarnos y avanzar en este reto.

Autor

José María Medina

José María Medina es director de PROSALUS, ONG de cooperación al desarrollo especializada en la lucha contra el hambre y en la promoción del derecho humano a la alimentación, que impulsa la iniciativa Yonodesperdicio. Profesor asociado de la Universidad Loyola Andalucía.

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