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Desigualdad, Política y Sociedad Civil

Ha causado, a nivel internacional, gran impacto la obra del economista francés T. Piketty, Director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, titulada Le Capital au XXIe siècle (El capital en el siglo XXI).

Se han sucedido los comentarios y análisis sobre esta obra. Y a pesar de las precisiones que se puedan hacer, como bien dice el premio Nobel de Economía P. Krugman, que ha valorado de forma positiva y cualificada su libro, “Piketty no es ni mucho menos el primer economista en señalar que estamos sufriendo un pronunciado aumento de la desigualdad, y ni siquiera en recalcar el contraste entre el lento crecimiento de los ingresos de la mayoría de la población y el espectacular ascenso de las rentas de las clases altas. Es cierto que Piketty y sus compañeros han añadido una buena dosis de profundidad histórica a nuestros conocimientos, y demostrado que, efectivamente, vivimos una nueva edad dorada. Pero eso hace ya tiempo que lo sabíamos”.

Efectivamente, además del mismo Krugman, ahí tenemos recientes obras de otros economistas y científicos sociales. Tales  como, por ejemplo, J. Stiglitz, también premio Nobel de Economía, con su último libro El precio de la desigualdad, o Z. Bauman, uno de los sociólogos y pensadores más significativos, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, que acaba de publicar su obra ¿La riqueza de unos pocos beneficia a todos?.

Entre nosotros, por ejemplo, destacar a otro experto en la materia como es R. Díaz Salazar, Profesor de Sociología de la Univ. Complutense, y del que citamos sólo uno de sus últimos trabajos, Desigualdades internacionales. Y es que esta temática o realidad de la desigualdad, como es sabido, es clave en el estudio de las Ciencias Sociales, está en el origen y desarrollo de estos estudios sociales y sobre el desarrollo humano.

Estudios e informes

Como nos muestran los Informes sobre el desarrollo humano de la ONU (PNUD), ya desde el año 1.992. Los estudios e informes  de FOESSA y Cáritas Española, los Informes de exclusión y desarrollo social  en España y los Análisis y perspectivas, el del año 2013 sobre Desigualdad y derechos sociales o el del este año 2014 sobre Precariedad y cohesión Social. Y para terminar este breve elenco, los de Oxfam Intermon, el más reciente e importante Gobernar para las élites: riqueza extrema y abuso de poder.

Como decíamos con Krugman y estamos viendo, Piketty y su obra no es un fenómeno aislado. Y, en la estela (como indicamos) de lo más valioso de las Ciencias Sociales, todos estos autores, estudios e instituciones nos muestran la creciente y obscena desigualdad e injusticia social-global que existe en la realidad del mundo e histórica.

Tal como se ha analizado, esta desigualdad social e injusticia mundial es generada por el pensamiento o ideología del neoliberalismo con su sistema económico, el capitalismo, hoy global y en especial financiero-especulativo, que causa las grandes lacras de la historia en la inmensa mayoría de la humanidad. Tales como el hambre y la miseria, la pobreza o empobrecimiento y exclusión social, el paro, la explotación laboral (con un trabajo basura e indecente) y la esclavitud infantil con una infancia que sirve de mano de obra barata y negocio a empresas multinacionales, etc.

De esta forma, Piketty y el resto de autores o estudios sociales nos revelan esta, cada vez mayor, concentración de los bienes y recursos en manos del capital, de los más ricos cada vez más ricos con dichas empresas transnacionales y, en especial sus corporaciones financieras-bancarias. Lo que origina toda esta desigualdad e injusticia social-global, el empobrecimiento de las personas y de los trabajadores con sus familias.

Working poor

Ahí está, como muestra, lo que se conoce como working poor. Esto es, el hecho de que una parte significativa de las personas que se encuentran bajo el umbral de pobreza: trabajan, sí, tienen un empleo que es indigno; que no es justo ni ético, no les da para vivir con humanidad y dignidad. Es una prueba clara y evidente, una más, que el modelo neoliberal y capitalista es por naturaleza injusto e inmoral.

Así, tenemos países como EE.UU., Alemania y España con el aumento de estas desigualdades e injusticias, con el empobrecimiento masivo de trabajadores, de las familias e infancia. Lo cual manifiesta el grado de injusticia e inhumanidad en el que vivimos, donde a los más débiles y desprotegidos como es caso de los niño/as, se les impone una vida inhumana e indigna.

Todo ello ha motivado el re-surgimiento y avance de los conocidos como nuevos movimientos sociales o ciudadanos u otras organizaciones sociales como las llamadas ONGs y demás asociacionismo cívico. Lo que muestra una sociedad civil que, como se dice, quiere otro mundo posible.

Ahí están los llamados movimientos alter-globalización y los Foros Sociales Mundiales como el de Porto Alegre, los indignados en España y en el resto del mundo, etc. Con sus distintas expresiones y mediaciones cívicas y públicas, políticas y económicas. Se reclama otra globalización o mundialización, con más solidaridad y justicia, con paz y desarrollo sostenible, frente a la globalización del capital, de la guerra y de la destrucción ecológica.

Una democracia real, más verdadera, participativa y más co-gestionada por todos los ciudadanos. Con un estado social de derecho-s que asegure un trabajo decente y un sistema laboral justo, con condiciones laborales dignas y de calidad. Un sistema fiscal con equidad, donde contribuyan más los que más tienen, las rentas y patrimonios más altos, el capital y las empresas o banca con sus operaciones financieras, como es el caso de la llamada Tasa Tobin; erradicando, por tanto, los paraísos fiscales y demás fraudes o delitos tributarios.

Unos servicios públicos y políticas sociales de calidad que garanticen los derechos sociales como la educación y la cultura, la sanidad y los medicamentos, la vivienda e infraestructuras como los servicios esenciales de la luz, el agua y los transportes.

Que duda cabe que todas estas exigencias o condiciones sociales y medidas políticas  son de sentido común y ético. Es lo que corresponde a la más elemental solidaridad y justicia social, a la justicia liberadora con los pobres y al bien común que son los valores y principios morales de toda política. Frente a la concepción maquiavélica, individualista y utilitarista de la política como mero imperio de la ley, como lógica del poder y monopolio de la violencia…

La democracia se sustenta en dichos valores y criterios éticos, para no convertirse en una tiranía o dictadura encubierta. La ética de la solidaridad, del bien común y la justicia social con los pobres: debe regir a la política, que está cimentada en una democracia verdadera con el protagonismo y gestión de los pueblos; y es esta política, en la ética democrática, la que tiene que orientar a la economía para que cumpla con su autentica misión. La cual no es otra que satisfacer las necesidades básicas, reales de las personas y de la humanidad. Y es que no hay economía sin ética, sin política del bien común.

La economía con la empresa y el trabajo tienen, desde el principio y durante todo su proceso, un constitutivo carácter moral que sirve al desarrollo humano, social e integral de personas y pueblos.

Como se observa, en toda esta secuencia y dinamismo social, político y económico es básica la articulación de todas estas esferas de la sociedad civil (también llamada mundo de la vida, mundos vitales), del estado y del mercado. La sociedad civil o comunidad política, el conjunto de las personas que por naturaleza son seres sociales y políticos, es la que funda y conforma el estado con sus responsables, leyes e instituciones.

No puede haber, pues, separación del estado y de la sociedad civil. Ya que el estado debe servir y ser orientado por los diversos grupos sociales, culturales o religiosos con sus legítimas aspiraciones, necesidades o demandas tales como son las familias. Aquí se fundamenta, por ejemplo, el derecho de las personas, padres o familias a la libertad de conciencia y creencias o religión, de educación, asociacionismo, etc. que nunca el estado, ni ningún poder, puede imponer o reprimir; salvo con el límite de los derechos humanos, que no se respete la vida y dignidad de las personas.

En este sentido, tampoco hay que confundir el estado con lo público. El vivir en comunidad, la sociedad civil se encuentra en la esfera de lo público, que no lo agota ni se confunde con el estado que debe respeta y promover dichos derechos de las personas como el de la libertad educativa, religiosa o de asociación.

El estado no puede dominar e imponer todo, por ejemplo el de toda la actividad económica, laboral o educativa. Es decir, para entendernos, no tiene que decirle a una persona o grupo cual debe ser su trabajo, actividad o institución educativa que es de elección libre conforme a sus capacidades, talentos u opciones. Aunque cimentado en la sociedad civil y en la ética política para la búsqueda del bien común, como corresponde a un estado social de derecho-s, el estado controla y regula a estas actividades como las económicas o laborales para que sean justas.

El estado no tiene que realizar o poseer directamente toda la actividad económica, laboral, financiera, etc. Pero sí orienta y regula para que dicha actividad sea ética, justa. Por poner un caso, referido a una realidad tan importante para conseguir la justicia social y el empleo, como es la banca.

Lo más importante no es tanto que la banca sea estatal, aunque el estado puede tener instituciones financieras como son las cajas de ahorros; o que sea una banca privada, ya que por esta parte las personas o grupos pueden querer, y tienen la libertad o derecho, de emprender una actividad financiera como es un banco o cualquier otra actividad económica o empresarial

Lo sustancial es que la banca, sea estatal o privada, tiene un carácter ético y social, publico, al igual que el resto de actividades económica o empresarial, la que sea, que debe ser gestionada por la ética-política y las leyes, por los ordenamientos jurídicos, para promover el bien común y la justicia.

Una justa distribución y gestión de los bienes y recursos, del trabajo con su salario y de la empresa, etc., en un destino universal, que está por encima de la propiedad y del capital. La propiedad y el capital siempre tienen un carácter social y público.

Como se observa estos principios y claves, expuestas hasta aquí, hacen posible una ética y adecuada sociedad-mundo con solidaridad, justicia e igualdad frente al neoliberalismo y el capitalismo. Con libertad y participación democrática, frente al comunismo colectivista (leninista-stalinista) o colectivismo.

Y todo ello, desde su ámbito y especificidad, nos lo enseña el pensamiento social cristiano, la doctrina social de la iglesia y en esto tiempos el Papa Francisco: que denuncian toda esta creciente desigualdad e injusticia; y nos proponen una fe y justicia liberadora con los pobres de la tierra, la equidad y el desarrollo humano, espiritual.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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