Decisionismo

Soberano, para el teórico alemán Carl Schmitt, es “aquel que decide sobre el estado de excepción”. Los soberanistas están en contra de la deliberación, de la ética dialógica. Los nacionalismos excluyentes cierran filas y exigen a sus fieles que adopten de forma exclusiva una de dos lógicas.

El nacionalismo ‘mitificado’ españolista, fundado en una apropiación –y expropiación– de la historia común, y el nacionalismo catalán identitario, inventado también hace poco más de siglo y medio en el medio de cultivo romántico del Volkgeist, fracasaron como nacionalismos: uno no consiguió liderar la creación de un Estado nacional, el otro no consiguió un Estado propio siguiendo el decimonónico “principio de las nacionalidades”.

El dirigente conservador catalán Cambó de la Lliga, la CiU de entonces,  tuvo que escuchar en 1932 del de Priego, el primer presidente católico y conservador de la Segunda república española, que aquél  no podía ser al mismo tiempo “Bolívar de Cataluña y Bismarck en España”.

Legalidad y sentimiento

Cataluña no llegó a constituirse como Estado nacional ni España ha sido nunca un Estado moderno unificado (sólo el federalismo incipiente de la Constitución de 1978 ha abierto esta puerta que ahora quieren cerrar). El bloque agrario-conservador, la élite extractiva que domina Madrid, se ha apropiado del Estado.

Los protagonistas de ambos “inventos” oponen legalidad formal y sentimiento democrático y niegan posibilidades al acuerdo. Quieren los segundos ser soberanos como Carl Schmitt en los años 30 y afirman la dialéctica amigo-enemigo.

Los primeros se apropian de la norma fijada para impedir el debate político permanente, que es lo propio de una sociedad moderna, y para ello se reclaman “soberanos”. Creen poder absolutizar el pacto en lugar de recrearlo y apoyarlo cada día con un renovado consenso cívico. Se autoproclaman dueños de la soberanía pues privatizan la norma y se apropian de la misma.

Los segundos afirman con Schmitt que “el caso excepcional reviste carácter absoluto”: se apropian de la capacidad de decidir y la particularizan.

Ante esta dialéctica, impuesta ideológicamente, no sólo un diálogo deliberativo es posible, sino un proyecto de integración, pues sólo ésta reconoce la diversidad. Ni sólo diversidad, ni sólo uniformidad, una integración deliberativa desde el humanismo integral.

José María Margenat SJ

Autor

Equipo de Humanismo y Ética

El equipo de Humanismo y Ética Básica de la Universidad Loyola Andalucía está formado por José María Margenat SJ, Ignacio Sepúlveda, Pablo Font, Manuel López Casquete y Eduardo Ibáñez. A través de este cuaderno, proponemos compartir con la comunidad universitaria su reflexión y análisis sobre temas de actualidad, de manera que podamos profundizar con nuestra mirada, más allá del posibilismo inmediato, hacia horizontes de vida digna y buena.

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