La realidad de la filosofía y el cristianismo en el humanismo trascendental

La realidad de la filosofía y el cristianismo en el humanismo trascendental

En la actualidad, la enseñanza y estudio de la filosofía junto con otras materias de humanidades, como puede ser la teología, está muy cuestionada al igual que la experiencia religiosa. En este tiempo de fe como es la Semana Santa, queremos exponer la importancia de las humanidades como es la filosofía y teología, su realidad y sentido. Como la experiencia de la fe ha ido fecundando la filosofía, en un diálogo mutuo con la teología.

Ya en los inicios del cristianismo, en la Edad Antigua con la etapa Patrística, los denominados Padres de la iglesia, con pensadores tan relevantes como S. Agustín, promovieron todo este diálogo y encuentro con la sabiduría filosófica y espiritual.

Se comienza a impulsar la realidad y el sentido de la persona, desconocida como tal para los griegos, con la subjetividad (sujeto) personal y conciencia del ser humano; con su memoria, entendimiento y voluntad, su capacidad de autoconocimiento, introspección y afectos como el amor expresado en la propia sede del corazón.

El conocimiento y la afectividad o sentimientos, con el amor, se inter-relacionan mutuamente. La ética y la espiritualidad interaccionan con el amor-caridad, síntesis del eros (amor que recibe) y el ágape (amor entregado) que se complementan.

En la inseparabilidad del amor a Dios y al prójimo, a toda la humanidad con una universalidad (católica) de la moral en esta caridad, bien y justicia con todo ser humano, en especial, con el que sufre, con el pobre y oprimido en el que encontramos, como un sacramento, al mismo Jesucristo Pobre-Crucificado.

Humanismo cristiano

Estamos en los inicios del conocido humanismo cristiano, que se seguirá desarrollando en la Edad Media con el genio de Santo Tomás de Aquino en diálogo con lo más valioso de la filosofía, con la promoción de la dignidad y protagonismo de la persona. A imagen del Dios cristiano, el Dios Trinitario-Comunión solidaria de Personas Divinas, el ser humano es un ser personal, único e irrepetible, con la alteridad e inter-relación con los otros, en el amor y servicio al bien común, paz y justicia con la comunidad social.

Este humanismo, que se asienta en la cosmovisión judeocristiana-bíblica, presenta una antropología integral con la inseparabilidad del cuerpo y alma, de la persona y su sociabilidad con los otros (con la comunidad social-mundo), de la libertad y la justicia con el bien común.

Como seguirá profundizando todo este humanismo, ya en la Edad Moderna. Con el Renacimiento y los maestros como Tomás Moro y la Escuela de Salamanca (Vitoria, Soto, Suárez…) que nos enseñan que las leyes, la política y economía deben respetar esta sagrada e inviolable vida-dignidad de la persona, ya que es imagen y semejanza de Dios. La ley o autoridad, la economía, el comercio y la política se fundamentan en la ética al servicio del bien común, de la solidaridad, paz y justicia con los pueblos.

Estos maestros con la iglesia naciente en América, con pensadores y testimonios como, por ejemplo, Fr. Antón de Montesinos o Bartolomé de las Casas, defenderán esta dignidad y derechos de las personas, pueblos y nativos de las Américas; frente a la esclavitud, desigualdad e injusticias que imponían la conquista sobre estas poblaciones americanas. Toda persona tiene una naturaleza humana, como expresa la denominada ley natural, que hace que todo ser humano sea libre, igual y respetado en su intrínseca dignidad.

Sobre derechos humanos

Estos maestros de la escuela de Salamanca, pensadores y testimonios como Bartolomé de las Casas, auténticos pioneros de los derechos humanos y del derecho internacional, se basan en esta ley natural con su humanismo integral para defender al indígena oprimido y explotado. De esta forma, la ley natural bien entendida, con esta antropología integral y su humanismo, hace que se deban respetar la naturaleza libre, política, corporal, económica, social, cultural y espiritual del ser humano.

Lo que promueve los derechos humanos con sus conocidas generaciones. Los derechos humanos de 1º generación (DDHH-1g), civiles y políticos con la libertad, los DDHH-2g como los sociales y económicos con la justicia social e igualdad, los DDHH-3g que abarcan a todos los pueblos con un desarrollo y ecología integral; o los DDHH-4 g en el respeto a la diversidad e identidad cultural, religiosa, etc.

La filosofía de la modernidad y humanismo, con sus luces y sombras, se sigue profundizando con las tradiciones liberales o sociales e ilustraciones. Con autores como Descartes, Rousseau, Kant o Hegel y la importancia de la razón, libertad y autonomía moral abiertaa la sociabilidad y compromiso ético con los otros, con la comunidad social y la humanidad. En una moral universal-cosmopolita en la que todo ser humano es fin y no medio, ya que tiene dignidad y no es un precio.

Este humanismo e idealismo, con sus valores y carencias como ya apuntamos, trató de articular la razón con lo sensible o experiencia, lo inmanente con lo trascendente, lo trascendental e histórico con lo espiritual y religioso que se abre a la trascendencia. Con una antropología integral que muestra la inherente naturaleza humana en la libertad, justicia y paz, en lo físico-corporal, humano y espiritual, en las relaciones afectivas-sexuales, familiares, sociales, económicas y políticas para se ajustaran a dicha naturaleza.

En esta época moderna, impulsado por la fe, espiritualidad y autores como Saint-Simón, Fourier u Owen: se va desplegando el movimiento obrero, social, utópico y libertario; con su antropología solidaria e integral en la búsqueda de la justicia social, igualdad y solidaridad fraterna.

Con el protagonismo de los trabajadores y pobres que, con esta cultura solidaria, van siendo los autores y sujetos de su promoción, derechos y liberación integral en el campo político, laboral, económico, cultural y espiritual. Llegamos a la Edad Contemporánea y seprofundizan los humanismos con la teoría crítica de la escuela de Frankfurt o Bloch,inspirados por la cosmovisión judeocristiana al igual que el personalismo comunitario.

Con autores como Rosenzweig, Levinas, Maritain, Mounier, Rahner, Milani, Rovirosa o Zubiri y el mismo Ellacuría, etc. Lo que se actualizará en América Latina y su pensamiento liberador con Freire, Dussel, J.C. Scannone…

Todo este humanismo crítico, personalista y liberador muestra que las personas, los pueblos y los pobres son los sujetos protagonistas de su desarrollo, promoción y liberación integral. Una persona en diálogo y alteridad solidaria con el otro, con el obrero, pobre y excluido que promueve la vida, dignidad y justicia de los seres humanos, de los pueblos y de los pobres.

Con una antropología integral que supone a la persona como espíritu corpóreo y encarnado en el mundo, co(n)-vertido a los otros y al Otro/Dios. Religado e implantado en el poder de lo real, desde lo Divino, en la realidad personal, humana, social e histórica, abierta y trascendente que se enraíza en Dios mismo.

Una antropología trascendental y personalista que, en lo más profundo de lo humano, conoce o piensa con el cuerpo y en lo real. En la inteligencia sentiente y razón cordial que en la afectividad y ética, aprehende el acontecimiento y realidad con el compromiso transformador en la sociedad-mundo

Con la praxis liberadora de la realidad e historia que promueve la solidaridad y justicia con los pobres de la tierra. Esta metafísica y antropología trascendental e integral supone la naturaleza e historia, la naturaleza humana y personal con el cuerpo, los sentidos, afectos y la moral, lo material-físico, biológico, corporal, cultural y sociopolítico. Se integran la razón y emoción, el pensamiento y sentimiento, la mística y política, la memoria e inteligencia con la compasión y el principio-misericordia ante el sufrimiento e injusticia.

Con la esperanza y justicia liberadora con las víctimas de la historia, con los pueblos crucificados por el mal e injusticia. Es la razón y conocimiento en la realidad social e histórica desde los vencidos, en la esperanza liberadora de todo mal, muerte e injusticia, en la trascendencia y vida plena, eterna.

Una conversión o transformación (revolución) personal y comunitaria, socio-estructural en la civilización del trabajo con dignidad y de la pobreza solidaria-liberadora con los pobres, frente a la del capital y la riqueza/ser rico. Una liberación integral del mal-pecado personal e histórico con sus estructuras sociales de pecado e ídolos del poder, capital/mercado y riqueza que, desde esta entrega de la vida en amor por la justicia con los crucificados, nos va dando la felicidad, realización y vida. Como nos muestra la fe y esperanza en el Dios revelado en la Pascua del Crucificado-Resucitado. La vida y fecundidad de la fe que inspira toda esta sabiduría.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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