Análisis sobre la necesidad de contrastar la información para los profesionales del periodismo

La falta de contraste

El ya inmediatamente célebre “caso Piqué” da una nueva vuelta de tuerca al enorme desconcierto, por dejarlo ahí, en qué los medios sociales (las redes sociales) tienen sumido al periodismo. Porque es que resulta francamente desolador que, sin ningún tipo de comprobación, sin ningún rigor, las redes de varios medios de comunicación españoles hayan dado pábulo a una historia que entra en contradicción con los mismos valores que dichos medios de comunicación defienden y, especialmente, en las propuestas de sus líneas editoriales.

No vamos a descubrir nada poniendo el foco en los “deslices” o “devaneos” de un jugador que ha contradicho con hechos –juega con la selección española, mi selección- y no con declaraciones políticas –legítimas, por muy en desacuerdo que yo esté- acusaciones permanentes de “antiespañol” que no hacen sino retorcer la realidad y le siguen felizmente el juego a los independentistas.

Que Piqué, con su fobia antimadridista, la misma que se tiene en el madridismo hacia el barcelonismo, reyertas a primera rabieta de patio de colegio, se haya hecho famoso por ello es lo más normal del mundo; que el personaje haya visto redimensionada su figura, en cualquier sentido, a través de las redes sociales, es lo más natural del mundo; lo que ya no es normal ni natural es que haya periodistas que, o bien desconocen los fundamentos de su oficio –malo- o bien pasan por encima de ellos –peor-.

Contrastar la información

Yo, que soy periodista –haciendo ahora comunicación estratégica- aprendí en la primera redacción en la que trabajé –como becario mientras estudiaba segundo de Periodismo- que más que un error, era un delito profesionalpublicar información no contrastada. Y no sólo por una fuente, sino por varias. De hecho, lo más valioso que aprendí con aquel grupo de periodistas sensacionales –entre los mejores periodistas económicos de este país- fue a comprobar y contrastar las historias que me mandaban a conocer y contar. Algunas de ellas incluso más allá de sumarios judiciales bien instruidos y pruebas suficientemente documentadas.

No voy a emplear este espacio para darme una vuelta por eso que se llama el “periodismo ciudadano y bla, bla, bla….” dando así carta de naturaleza a lo que no ha sido más que el “delito profesional” de quienes aman el ruido fácil del rumor y el chisme por encima del contraste.

Si de verdad los profesionales estamos convencidos de serlo y sabemos realmente lo que son los medios sociales, seamos también éticos (¡ay la deontología!) y coherentes y no caigamos en la demagogia que luego denunciamos en los demás, por ejemplo, en los políticos sin ir más lejos.

Porque, si al final se trata de política, al fondo están los tribunales. Apóyense pues los procesos que cada uno considere convenientes según su ideología y pensamiento y que decida la Ley, que para eso está, pero no se agiten las turbas y luego nos preguntemos, una vez más, ¿Pero cuándo se jodió nuestro Perú?

Autor

Francisco José Bocero de la Rosa

Periodista. 29 años de trayectoria profesional. Periodismo económico. Prensa, revistas, radio y alguna experiencia en TV. Comunicación estratégica. Organizaciones empresariales y Corporaciones de Derecho Público. Empresas y entidades financieras. Universidad. Nuevos modelos de comunicación. Análisis. Aprendizaje constante. Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía.

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