Análisis de los resultados de las medidas de austeridad llevadas a cabo ante la crisis económica

El lustro perdido

Durante los años ochenta se acuño en América Latina la expresión “la década perdida” refiriéndose a los años que siguieron a la denominada crisis de la deuda externa.

Las políticas puestas en marcha para enfrentarse a ella se resumen en las medidas de “ajuste estructural: austeridad fiscal (recortes de gasto público y subidas de impuestos); liberalización financiera (eliminación de los controles sobre los movimientos de capital); privatizaciones de empresas (y servicios públicos); liberalización comercial (interna y externa); y desregulación (también llamada “flexibilización”) de los mercados de trabajo.

Los resultados obtenidos con ellas estuvieron lejos de los deseados. Por un lado, las tasas de crecimiento del producto interior bruto (PIB) se vieron resentidas durante años y la mayoría de países sufrieron intensos procesos de desindustrialización.

Medidas insuficientes

Por otro lado, la creación de empleo que se produjo se concentró en actividades con un alto grado de informalidad y la expansión de las desigualdades provocó la consolidación de altas tasas de pobreza y exclusión social. Pero no sólo eso, sino que las medidas tomadas fueron completamente insuficientes para reducir el endeudamiento.

A pesar de las lecciones históricas que se pueden sacar de ese fracaso, durante los últimos años los gobiernos europeos se han empeñado en adoptar similares recetas para enfrentarse a nuestras propias crisis de la deuda. Por un lado, se ha obligado a los países con mayores niveles de endeudamiento público a acometer severos recortes del gasto público y regresivas subidas de impuestos.

Por otro lado, ante la imposibilidad de devaluación cambiaria en las economías que forman parte del euro, se han promovido agresivas reformas laborales.

Los resultados de estas políticas han sido desgraciadamente análogos a los cosechados por América Latina: imposibilidad de frenar el incremento de la deuda e incapacidad de lograr mejoras reales de la competitividad externa.

Como se puede observar en la gráfica que acompaña a este texto, la Unión Económica y Monetaria Europea (UEME) se ha convertido en la región del mundo en la que más fuertemente ha impactado la crisis y la que más lentamente está logrando recuperarse de ella.

Evaluación del PIB en el Mundo, Europa y España
Gráfica sobra la evaluación del PIB en los últimos años.

Más aún, prácticamente todos los indicadores de condiciones de vida (el índice Gini de desigualdad de la renta, la tasa AROPE de pobreza y exclusión social, las de privación material, etc) han sufrido un significativo empeoramiento.

La austeridad en la economía española

En la economía española las consecuencias de las políticas de austeridad y ajuste han sido aún más dramáticas: desde que en mayo de 2010 comenzase su puesta en marcha, la recesión no hizo sino ahondarse, desacoplándose (como también se puede observar en la gráfica) de la ya magra senda de crecimiento de la Zona Euro.

A pesar de la recuperación que se ha producido durante los dos últimos años, el PIB español se encuentra todavía por debajo de sus niveles de 2010 y más lejos aún de los previos a la crisis. Lo mismo ocurre con los indicadores laborales: aunque las tasas de paro se han reducido, en realidad a día de hoy hay 750.000 personas menos con empleo que hace cinco años.

Al igual que en el caso de Latinoamérica, los sacrificios realizados han sido completamente inútiles para resolver nuestra crisis de la deuda: el déficit público sigue estando en el doble del nivel permitido por el Pacto de Estabilidad de la UEME y la deuda pública, que no ha parado de crecer, se encuentra a punto de alcanzar un montante equivalente al 100% del PIB.

Mientras tanto, las reformas laborales han llevado el porcentaje de trabajadores pobres al 21%; dentro de la Eurozona nuestro índice de Gini sólo es superado por los de Letonia, Lituania y Chipre; casi el 30% de la población española se encuentra en riesgo de exclusión social; y hasta un 7% sufre un alto grado de privación material.

Es posible aseverar que nos encontramos sufriendo nuestro propio “lustro perdido”. Las medidas puestas en marcha no sólo han derivado en una situación de emergencia social, sino que, además, han sido contraproducentes para asegurar tanto la mejoría de la economía, como la devolución de la deuda.

Ciega ante las evidencias, la Comisión Europea sigue afirmando que los ajustes llevados a cabo son “incompletos”. Nada más lejos de la realidad, continuar por la senda tomada durante los últimos años sólo puede acabar llevándonos a perder a una generación entera.

Autor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos

« Jul 2017 » loading...
Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31