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Conocimiento científico y toma de decisiones en la crisis sanitaria del COVID-19

Nos encontramos ante una crisis sanitaria mundial inédita. El coronavirus o COVID-19 apareció en diciembre en la ciudad china de Wuhan y se extendió en poco tiempo a otros lugares del continente asiático para, finalmente, alcanzar a otros continentes. La Organización Mundial de la Salud ya ha calificado la situación de pandemia global. Hasta hace poco el virus estaba afectando sobre todo a países desarrollados y poniendo en graves apuros a los mejores sistemas sanitarios del mundo. Sin embargo, cada vez están apareciendo más casos en países en vías de desarrollo con frágiles sistemas sanitarios que hacen indicar que la situación puede ser mucho peor de la que nos enfrentamos actualmente.

En España se ha declarado el estado de alerta y la población vive confinada en sus hogares por un tiempo indeterminado y difícil de prever. El Ministerio de Sanidad ha asumido la coordinación de las medidas sanitaria en comunicación con los sistemas de salud de las diferentes Comunidades y Ciudades Autónomas de nuestro país.

Hemos podido escuchar a los responsables nacionales y regionales decirnos que están basando sus decisiones en expertos sanitarios y científicos. Así, la actuación del Gobierno se está apoyando en el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y, recientemente, en el Comité Científico del COVID-19 en el que participan científicos especializados en microbiología, bioestadística y epidemiología. A esto hay que añadir el trabajo que se está desarrollando desde los centros de investigación sanitarios nacionales y regionales, centrados en mejorar el tratamiento y encontrar una vacuna en un esfuerzo combinado con otros grupos internacionales.

Vemos como la ciencia adquiere un papel protagonista en la gestión de la crisis del COVID-19. Y es que la ciencia cada vez está más conectada con la sociedad. Prueba de ello es que entre sus objetivos se encuentra el impacto social de las investigaciones. Cualquier investigación científica, hasta la más básica, se pone a disposición de la sociedad, que en gran medida la financia, para responder a sus necesidades. En el caso de la gestión y planificación sanitaria, en los últimos años diversos grupos están desarrollando sistemas de apoyo a la decisión. Se tratan de herramientas que trasladan la evidencia científica de forma sencilla y clara a los responsables sanitarios, apoyando e informando sus procesos de toma de decisiones.

La respuesta a esta crisis sanitaria debe apoyarse en la evidencia científica obtenida de la experiencia de otros países con estadios más avanzados de la pandemia. En este sentido, la experiencia de China o Corea del Sur se antoja clave. Sin embargo, la pandemia en España tiene características propias que también deben ser consideradas. Combinando ambas evidencias (global y local) obtendremos el mejor conocimiento para informar las decisiones que ayuden a atajar la difusión del virus y la mortalidad asociada.

Junto a la dimensión sanitaria existen otras dimensiones que también tienen que incorporarse a la toma de decisiones como pueden ser la social y la económica, donde la ciencia tiene también mucho que decir para mitigar los efectos negativos sobre las poblaciones vulnerables y en riesgo social, así como sobre la economía de las familias y las empresas.

Al finalizar la crisis habrá que analizar si la evidencia científica que se ha puesto a disposición de los responsables políticos ha sido empleada para tomar decisiones correctas y en tiempo. Lo que parece poco cuestionable es que el conocimiento científico será el apoyo fundamental para superar esta crisis, controlar la transmisión y paliar los efectos del COVID-19.

Autor

José Alberto Salinas Pérez

Investigador del Departamento de Métodos Cuantitativos de la Universidad Loyola. Geógrafo de la Salud. Desarrolló su tesis sobre Análisis de Datos Espaciales a través de un Algoritmo Evolutivo Multi-Objetivo aplicado a datos de salud mental. Interesado en las relaciones entre la salud y el territorio. Aplica SIG a estudios sociales y de salud, mapas de servicios y análisis de datos espaciales.

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