El Servicio Jesuita a Refugiados en Alepo trabaja junto a la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina y con el ACNUR para distribuir ayuda alimentaria y otros artículos básicos a las familias desplazadas en el área de Mahalej-Jibreen. (Servicio Jesuita a Refugiados)

Seis años ya compartiendo historias de esperanza para el futuro de la población siria

“Todavía hay sufrimiento y mucho dolor, pero lo que nos mantiene en pie es nuestra fe en la esperanza y nuestra capacidad de levantarnos una y otra vez”. Estas son las palabras de Lola Mousa, procedente de la zona rural cerca de la ciudad de Homs, en Siria.

Ahora, cuando el conflicto en Siria llega a su sexto año, el sufrimiento de la población sigue siendo una realidad. Las duras condiciones climáticas y el limitado acceso a los recursos básicos afectan gravemente a las familias y personas desplazadas. Llegar a final de mes es una lucha diaria tanto para los desplazados dentro de Siria como para quienes han huido del país en busca de refugio en otros lugares. Gran parte de ellos viven en la extrema pobreza, sin poder garantizarse alimentos, agua o medicinas.

Alepo, hoy, es todo un ejemplo. “Acabo de regresar de Alepo, y creo que deberían saber lo que está pasando allí. La ciudad está sin agua, sin electricidad, sin combustible ni gas. Oír sobre esta realidad no es lo mismo que vivirla”, relata un miembro del personal del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Siria.

Facilitar ayuda humanitaria a las poblaciones afectadas por el conflicto en Siria sigue siendo un problema urgente. También es preocupante que algunos países vecinos no puedan proporcionar asistencia adecuada para satisfacer las necesidades básicas de los refugiados. Esta falta de asistencia supone una amenaza para la protección de las personas vulnerables y la estabilidad y seguridad de la región.

La población siria, necesitada de ayuda

“Que algunos de los países vecinos hayan cerrado sus fronteras a los refugiados hace que las personas vulnerables en el interior de Siria hayan quedado atrapadas y sin poder salir. Los que viven fuera del país a menudo se encuentran con serias dificultades para registrarse como refugiados. Esta carencia de protección deja a la población siria más necesitada en mayor riesgo aún”, señala el P. Thomas H. Smolich SJ, director internacional del JRS.

Se estima que 13,5 millones de sirios necesitan ayuda humanitaria, una cifra que en su mitad está constituida por niños. Más de seis millones de personas se encuentran desplazadas dentro de Siria; otras han huido a países vecinos de Oriente Medio, como el Líbano, Turquía, Jordania e Iraq. Si bien son muchos los que han buscado refugio en Europa, Canadá y Estados Unidos, solo un pequeño porcentaje ha sido bien recibido.

En su misión de servir a los más necesitados, el JRS ya estaba en Siria antes de que comenzara la crisis trabajando con la población iraquí y otros refugiados. A pesar de los desafíos, el JRS ha mantenido el rumbo durante estos seis años de conflicto, dando respuesta a las necesidades urgentes a la vez que defiende y apoya a los sirios, luchando por una vida digna.

Presencia del Servicio Jesuita a Refugiados

En Damasco y Homs, el JRS gestiona centros de educación paralelamente a programas de protección infantil y atención psicosocial para niños y adultos. En Alepo, los equipos del JRS proporcionan a los más vulnerables asistencia humanitaria de emergencia como cestas con alimentos y artículos no alimentarios. Cuando las instalaciones médicas de Alepo fueron objeto de bombardeos atroces, el JRS siguió prestando servicios de salud.

En el Líbano, Jordania, Iraq, Turquía y Europa, el JRS trabaja con cientos de refugiados que han huido de Siria, proporcionándoles ayuda de emergencia, así como apoyo educativo y psicosocial permanente.

Momentos de esperanza

A pesar de los tiempos de oscuridad en que este conflicto ha sumido a todos los sirios, el personal y los voluntarios del JRS han experimentado muchos momentos de esperanza. Las personas con las que trabajamos siguen despertando esperanza en los corazones de la población siria, de aquellos que viven tanto dentro como fuera de su país.

Majeda, una mujer de Damasco que huyó con su familia en busca de seguridad, aún mantiene su sueño de convertirse en abogada. Kassem es un joven que, a pesar de perder una pierna por la explosión de una bomba en Siria, quiere convertirse en profesor de arte algún día. El JRS acompaña a gente como Kassem y Majeda para que puedan materializar sus sueños.

Durante las próximas semanas, el JRS compartirá las historias de Majeda, Kassem y otros sirios y sirias. Les invitamos a escuchar sus historias de luz sobre la oscuridad, unos testimonios sobre la recuperación que conducen a la esperanza.

Para conocer estas historias y obtener otra información sobre el trabajo del JRS con los refugiados sirios, visite nuestro sitio web.

Jesuit Refugee Service

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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