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La conciliación de la vida laboral y familiar tras la maternidad acarrea problemas internos y externos a la mujer trabajadora.

Estudiantes de psicología analizan la conciliación de la vida laboral y familiar tras la maternidad

Las madres sufren consecuencias negativas tanto internas como externas debido a los problemas de conciliación de la vida laboral y familiar. En este artículo explicamos por qué.

Debido a que el día seis fue el día de la madre, hemos querido dedicar la publicación de este mes a hablar sobre la maternidad. Concretamente, nos centraremos en la conciliación laboral, cómo se sienten las madres que trabajan fuera de casa y además llevan adelante el cuidado de sus hijos e hijas, en base a los roles de género y lo que se estima de ellas por parte de la sociedad.

Actualmente, se acepta socialmente una serie de atributos diferentes para hombres y para mujeres, de modo que estas características sirven como ideales de género, que los miembros de la sociedad internalizan y se esfuerzan por alcanzar (Witt & Wood, 2010). Así, por ejemplo, los roles de género atribuyen a los hombres características como independencia o confianza, y se establece que las mujeres sean más cariñosas y dedicadas a los cuidados (Eagly, Wood & Diekman, 2000). En base al cuidado y responsabilidad emocional que requiere la crianza de los hijos e hijas, esta tarea se espera que sea principalmente desarrollada por las mujeres (Eagly et al., 2000).

Ignorar el ajustarse a los roles de género tiene consecuencias para las personas, tanto internas (a nivel psicológico) como externas (a nivel social). En cuanto a las internas, encontramos emociones negativas, como la ansiedad (Witt et al., 2010). Las consecuencias externas pueden estar asociadas a la discriminación en el entorno laboral (Rudman, Moss-Racusin, Phelan, & Nauts, 2012).

Impacto en la carrera profesional tras convertirse en madres

Se ha encontrado que las mujeres al convertirse en madres y no abandonar su trabajo, tienen un sentimiento de culpa en cómo esto puede afectar a sus hijos e hijas, siendo éste más fuerte en la etapa infantil. Esta culpa no se ve tan acentuada en el caso de los padres. (Borelli, Nelson, River, Birken, & Moss-racusin, 2017).

Además, las emociones negativas no son la única consecuencia encontrada cuando hablamos de estereotipos de género, sino que también se encuentran consecuencias a nivel social, ya que convertirse en madre tiene un gran impacto en la carrera profesional de las mujeres.

Se relaciona a una persona trabajadora como competente, y a una madre se le asocia calidez, sin embargo, cuando una mujer trabajadora se convierte en madre, es percibida como menos competente en su trabajo por su entorno. Este suceso no ocurre con los hombres que se convierten en padres, ya que en estos se mantiene la imagen percibida de que son competentes en lo laboral como trabajadores y se les asocia mayor nivel de calidez. De cara a los demás, las mujeres se convierten en menos competentes que antes de ser madres (Cuddy, Fiske, & Glick, 2004).

Por otro lado, las empresas no ven tan necesario invertir en madres trabajadoras, no consideran que merezcan formación, entrenamiento ni la oportunidad de un ascenso, en comparación con aquellas mujeres que no son madres. Esto se debe a que son percibidas como menos capaces y hábiles (Cuddy et al., 2004).

Para las empresas no parece tan importante cómo de competentes son las madres respecto a los padres en el trabajo sino los estereotipos asociados. Esto llega a afectar negativamente en la vida laboral de las madres trabajadoras (Cuddy et al., 2004), ya que no son tenidas en cuenta en las decisiones importantes para su progreso laboral, como explicaba anteriormente.

Conciliación de la vida laboral y familiar: efectos en las madres

Toda esta información extraída de la literatura científica la podemos resumir en dos ideas claves: para empezar, la difícil conciliación de la vida laboral y familiar en las madres afecta negativamente su bienestar psicológico, ya que aumenta el estrés y el sentimiento de culpa, debido al pensamiento de no dedicar todo su tiempo a la crianza de los hijos.

Por otro lado, la percepción del sector laboral de que las madres no son capaces de desarrollar su labor profesional de manera eficaz limita su desarrollo profesional. Esto no sucede cuando se habla de los padres, a los cuales no les afecta negativamente la paternidad en relación con su trabajo, ya que de ellos se espera que trabajen a la vez que ejerzan el rol establecido de padres.

Las madres trabajadoras son más propensas a desarrollar problemas de ansiedad en comparación con los padres trabajadores porque las mujeres cargan con más responsabilidades en la maternidad que los padres, al ser una característica que se les asocia debido al estereotipo de mujer. Es decir, en las últimas décadas las mujeres han conseguido poder desarrollarse laboralmente, compaginando la crianza de los hijos con el trabajo fuera de casa, sin embargo no se ha producido un reparto equitativo del cuidado de los hijos e hijas en la vida familiar.

Esto es una de las causas que explica por qué ser mujer, madre y trabajadora fuera de casa es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades relacionadas con la ansiedad debido a la dificultad de conciliar la vida laboral y la familiar.

Para concluir, debemos cambiar paulatinamente la norma subjetiva que establece en las mujeres la responsabilidad principal de la crianza de los hijos e hijas. Se debería fomentar el reparto equitativo de la crianza de los hijos e hijas al padre y la madre, para que ambos se puedan desarrollar profesionalmente y mantener un estilo de vida familiar saludable.

Referencias:

  • Eagly, A. H., Wood, W., & Diekman, A. B. (2000). Social role theory of sex differences and similarities: A current appraisal. In T. Eckes & H. M. Trautner (Eds.), The developmental social psychology of gender (pp. 123–174). Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.
  • Borelli, J. L., Nelson, S. K., River, L. M., Birken, S. A., & Moss-racusin, C. (2017). Gender Differences in Work-Family Guilt in Parents of Young Children, 356–368. https://doi.org/10.1007/s11199-016-0579-0
  • Cuddy, A. J. C., Fiske, S. T., & Glick, P. (2004). When professionals become mothers, warmth doesn’t cut the ice. Journal of Social Issues, 60(4), 701–718. https://doi.org/10.1111/j.0022-4537.2004.00381.x
  • Rudman, L. A., Moss-Racusin, C. A., Phelan, J. E., & Nauts, S. (2012). Status incongruity and backlash effects: Defending the gender hierarchy motivates prejudice against female leaders. Journal of Experimental Social Psychology, 48(1), 165–179. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2011.10.008
  • Witt, M. G., & Wood, W. (2010). Self-regulation of gendered behavior in everyday life. Sex Roles, 62(9), 635–646. https://doi.org/10.1007/s11199-010-9761-y

Texto escrito por Lourdes Fernández Aquino y María Ruiz Fuentes, estudiantes de 3º del Grado en Psicología.

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