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El padre Adolfo Nicolás Pachón, XXX Superior General de la Compañía de Jesús.

Cómo quiso el padre Adolfo Nicolás que fuese la Universidad Loyola

Después de una larga enfermedad, el día 20 de mayo último ha fallecido en Tokyo el P. Adolfo Nicolás, que fue prepósito general de la Compañía de Jesús entre 2008 y 2016. Alguien me ha dicho que el padre Arrupe dijo en cierta ocasión al padre de Adolfo Nicolás: “su hijo va a ser mi sucesor”. De hecho, fue sucesor del padre Arrupe como provincial en Japón y como general de la Compañía de Jesús.

Para el proyecto de la Universidad Loyola fue determinante la aprobación del P. Adolfo Nicolás. En carta de 8 de abril de 2009 el P. Nicolás decía al P. provincial de Andalucía y Canarias: «le invito, pues, a ir dando los primeros pasos para desarrollar lo que hemos venido en denominar “proyecto autónomo de Universidad en el que la Compañía de España mantiene una inspiración de misión”. Me mueve a ello el ofrecer una presencia de Compañía acorde con nuestra apuesta por el apostolado intelectual, en un contexto y en un modo en el que otros no están». El 16 de noviembre del mismo año el padre general hacía algunas observaciones al proyecto de estatutos. En carta de 24 de marzo de 2010 aprobaba los estatutos y autorizaba al padre provincial a comparecer ante notario para crear la Fundación Universidad Loyola Andalucía, explicitando su deseo de que esta universidad se distinguiese por una fuerte presencia y responsabilidad de laicos y por un peso grande de la sociedad civil y del mundo empresarial. Lo decía así: «Confío y deseo que la Fundación, como Entidad Titular de la futura Universidad, sea un buen instrumento apostólico que dé continuidad con creciente amplitud de horizontes a la ya larga labor universitaria de ETEA. Este tipo de presencia inspiradora de la Compañía en una Fundación que nace con un definido componente y protagonismo laico puede ser un modelo interesante a la hora de compartir misión, en la difícil frontera del mundo intelectual, ante la que todos estamos especialmente llamados por el Papa Benedicto XVI a responder con generoso sentido de responsabilidad eclesial».

En noviembre de 2011 el P. Nicolás, como general de la Compañía, visitó las comunidades y obras de la Compañía de Jesús en Andalucía y Canarias. El día 9 de noviembre de 2011, cuando la Universidad Loyola estaba muy cerca de recibir el reconocimiento oficial del Parlamento de Andalucía, el padre general celebró en Sevilla un encuentro con ETEA, con la Universidad Loyola y con la Fundación ETEA para el Desarrollo y la Cooperación. Allí respondió a preguntas de José María Margenat, de Carlos Losada, de Gabriel Pérez Alcalá, de Teresa Montero, de Vicente González Cano, de Julio Jiménez, de Guillermo Rodríguez-Izquierdo y de Narci Gómez Jarava. Nueve años después es interesante ver lo que entonces nos preocupaba y lo que él nos respondió.

Le preguntamos sobre la frontera de la profundidad; sobre qué elementos deben identificar a la Universidad Loyola; qué instrumentos podemos utilizar para mantener la identidad y misión de la Compañía en la Universidad Loyola; qué planes son determinantes para que la Universidad Loyola forme los mejores estudiantes para el mundo, independientemente de que sean los mejores del mundo o no lo sean; cómo influye a la Universidad Loyola el nuevo mapa de provincias previsto en España; en una cultura que frente a lo racional privilegia la afectividad, las emociones y sentimientos, ¿cómo puede la universidad, donde priva la racionalidad, trasmitir la experiencia de la Compañía de Jesús, que tiene muy en cuenta en su espiritualidad los afectos y emociones de la persona?; ¿Qué nos enseña su experiencia de Japón sobre lo que la Universidad Loyola puede trasmitir en una sociedad muy secularizada como la nuestra? ¿Qué aporta la Universidad Sofía en Japón? ¿Qué podemos aportar nosotros en España? ¿Qué contribución debe prestar la Universidad Loyola a la sociedad? ¿Cuál es el mensaje que debe comunicar la Universidad Loyola a la sociedad?

Algunas frases de aquel encuentro

«La cuestión de la profundidad […] es una gran amenaza que tenemos hoy en nuestro mundo de lo superficial. Y defiendo que son las universidades, […] las que tienen que responder, para que esa amenaza no se realice. Si no llevamos profundidad, nos quedamos en un proyecto más de tantos. Y si es un proyecto más de tantos, no queda justificado todo el esfuerzo que lleva lo que están ustedes haciendo para buscar una manera de responder a las necesidades empresariales en Andalucía, en el empleo, la creatividad, que supone invertir, entrar en nuevos proyectos… La profundidad nos da la garantía de que vamos en el buen camino […] En el momento en que perdemos la capacidad de hablar profundo a la gente, la gente deja de escucharnos».

«En España o en Occidente […] se está perdiendo el apego positivo a lo institucional; porque lo mismo que está pasando aquí con la Iglesia Católica, está pasando en Japón con las sectas budistas más tradicionales. Los jóvenes no quieren respuestas hechas, quieren encontrar las respuestas a sus preguntas. Y lo que quieren es que los acompañemos en la búsqueda; pero no quieren que les demos las respuestas hechas. Por tanto, esta capacidad, ese sentido que Japón nos ha impuesto, ha sido más que nada «acompañar». Y acompañar para que haya nuevas intuiciones, que algunas verdades se vean, pero que se vean como algo que da sentido evidente, como algo que da sentido a mi vida, no como algo impuesto… Si no viene de una convicción interior profunda —«Yo he descubierto esto y esto es mi vida, estos valores ya son parte de mi estructura mental y espiritual»— si no hay esta fuerza de convicción, a la primera amenaza, uno empieza a tambalearse».

«El «bene vivere» de los latinos […] no es vivir bien con todas las facilidades, sino vivir como personas, plenamente. En la tradición jesuítica se ha dada mucha importancia al deporte, al teatro, al drama, a la música… precisamente para contribuir a una experiencia total de la persona que está creciendo en todas esas dimensiones. Y cada dimensión, además, toca al cerebro o a los afectos de una manera distinta. Y es en esa totalidad en la que la persona puede crecer y ha de tomar decisiones alguna vez…. todo, el teatro, la casa, la relación humana, la amistad, el juego… todo es educación. El sentido de que tratamos de educar personas que aprendan en la educación a vivir bien, y a vivir bien con los demás, a vivir bien con la naturaleza, a vivir bien con el estudio y con la ciencia. Yo creo que por ahí tenía que ir nuestra orientación educativa».

«Lo que hay que hacer es dar respuesta a la pregunta de qué es la persona humana hoy día, cómo puede una persona vivir plenamente. Pero para dar un poco de visibilidad a la identidad, se piensa en cosas externas; y esa no es la respuesta. La respuesta debe ser mucho más profunda, de suerte que pueda resistir los embates de cualquier desafío, de cualquier ataque. Parte de nuestro crecer es precisamente la capacidad que tiene un niño o una niña de descubrir modelos de vida. Llega un momento —y eso se ha estudiado neurobiológicamente— en que el niño o la niña dice: «Yo quiero ser como este» —un tío o su padre o su madre o un profesor o una monja…o quien sea—; alguien que le ha inspirado. La comunicación tendría que tener mucho de esto, presentar al pueblo modelos de identificación, personas que están dando su vida y están comprometidas de una manera que vale la pena y que puedan servir de inspiración. Si la comunicación pudiera presentar más modelos de ese tipo, no como modelo sino como personas que viven plenamente, dirían «Eso es lo que yo andaba buscando».

«La universidad está presentando precisamente toda la gama de posibilidades humanas de vivir, o de pensar, o escuelas filosóficas, o escuelas psicológicas. Lo que está presentando es una opción, la posibilidad de poder elegir. Por desgracia al mundo moderno la capacidad de elegir se le ha reducido bastante y, sobre todo, al que lee solamente el periódico. No hay visibilidad para lo que es diferente, para lo que es creativo, para ser más humanos. Es ahí donde se puede hacer un servicio muy grande».

«En España -lo saben ustedes perfectamente- hay una secularidad agresiva que dificulta mucho el trabajar de una manera orgánica con una visión humanista, porque todo lo humanista que es un poco profundo lo llaman religioso y lo dejan fuera. Por eso es importante reformular el conjunto en términos que todo el mundo pueda entender y que todo el mundo pueda ver el sentido que tiene. En Latinoamérica, en la red Fe y Alegría, han redefinido el derecho humano a la escolaridad como derecho humano a la «buena educación», no a la escolaridad. Se puede ir a la escuela sin aprender nada. Es un derecho a aprender; no un derecho a ir a la escuela».

«No estamos aprovechando oportunidades de mercado, sino que vamos a donde la humanidad […] puede caminar con una solidaridad y un sentido de compasión, un poco más allá de mis intereses personales, mi familia y mi pequeño grupo… Queremos una cosa que tenga base en lo que es la solidaridad humana, en lo que es la creatividad humana».

«A mí me alegra mucho que sea una colaboración de jesuitas, laicos, sociedad civil, sociedad empresarial y proyecto educativo. Aquí hay una confluencia de factores que puede hacer el proyecto mucho más rico; pero tiene que ser entre todos. De ahí la necesidad de sentarse con los problemas, descubrirlos, definirlos y estudiarlos. Entonces, sí que puede abrirse al proyecto más amplio, del país, de Europa o a un proyecto internacional».

«El P. Garanzini […] hace poco tiempo me mostró, porque han estado trabajando en esto en las universidades jesuitas americanas, una lista de carácter orientativo de características —que él llama jesuíticas— de la educación universitaria. Muy bien hecho, pero demasiado idealista. Tuve que decirles: «Aquí falta algo, lo negativo: cuáles son las dificultades para que esto se lleve adelante». Si no se definen las dificultades, al final, las dificultades absorben. Cómo entran estas dificultades en este ideario y cómo las vamos a superar. Todo esto tiene que ser parte del proyecto… Desde mi perspectiva, definiendo lo que es el proyecto, definiendo también las dificultades que comporta este proyecto y estructurando ciertas estrategias para superar esas dificultades, estoy seguro de que se favorece una dinámica de ayuda que nos puede acompañar mientras este proyecto toma carne. Lo más interesante de este proyecto es que todavía no existe, se está haciendo. Es un momento de creatividad enorme».

«Una de las experiencias que me han dado más ánimo en mis viajes por la Compañía de todo el mundo es ver la alta calidad de los que trabajan con nosotros, ustedes, con alta motivación, con mucha profesionalidad, con un corazón altamente motivado, muy generoso y realmente dedicado a la educación, a los servicios sociales, a lo que sea. Los jesuitas podemos seguir en la línea de creatividad y de proyección de futuro sin sentirnos limitados por la reducción de números. Ahora los números importantes no son ya los números de jesuitas, aunque también nos importa, claro. El número más importante es cuántos quieren trabajar por una empresa de este tipo, por la misión a la que nosotros nos sentimos llamados: nosotros como colaboradores, no tanto nosotros con colaboradores, sino nosotros también como colaboradores en una misión más grande que la Compañía de Jesús».

«Lo más positivo [de la Universidad Sophia] se puede expresar en la pregunta que me hizo el Papa la primera vez que lo vi. «¿Usted ha estado en el Japón, verdad?» Y añadió algo muy positivo: «Lo que es muy interesante es lo que los jesuitas hacen en Japón en diálogo con la cultura». Ahí es en donde entra, en concreto la Universidad Sophía. No se trata de hacer más cristianos, no se trata de convertir a más japoneses, sino que se trata de abrir un diálogo inteligente con un mundo que es totalmente diverso».

En estas respuestas aparecen tres palabras e ideas que le fueron muy queridas. Fronteras, porque a un lado y a otro de la frontera se hablan distintos lenguajes y solo quien lleve ambos incorporados en su persona podrá tender puentes. Profundidad, como garantía de trabajo por la verdad. Misión, que como él decía es la «misión de Dios», más grande que la misión de la Compañía de Jesús. Recordar estas palabras que nos dejó es rendir hoy al padre Adolfo Nicolás, desde la Universidad Loyola, un muy merecido testimonio de agradecimiento.

Breve oración escrita por Adolfo Nicolás SJ

Añadimos una breve oración, escrita por el padre Adolfo Nicolás tras los Ejercicios de ocho días que realizó en 2011 junto con su Consejo General. Esta oración, surgida de la meditación personal del P. Nicolás sobre la pesca milagrosa y que narra San Juan en el capítulo 21, fue enviada a toda la Compañía por su sucesor, el padre Arturo Sosa, como excelente síntesis de su persona y de su espiritualidad.

“Señor Jesús,

¿Qué flaquezas has visto en nosotros que te han decidido a llamarnos, a pesar de todo, a colaborar en tu misión?

Te damos gracias por habernos llamado, y te rogamos no olvides tu promesa de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Con frecuencia nos invade el sentimiento de haber trabajado en vano toda la noche, olvidando quizá que tú estás con nosotros.

Te pedimos que te hagas presente en nuestras vidas y en nuestro trabajo, hoy, mañana y en el futuro que aún está por llegar.

Llena con tu amor estas vidas nuestras, que ponemos a tu servicio.

Quita de nuestros corazones el egoísmo de pensar en ‘lo nuestro’, en ‘lo mío’, siempre excluyente y carente de compasión y de alegría.

Ilumina nuestras mentes y nuestros corazones, y no olvides hacernos sonreír cuando las cosas no marchan como querríamos.

Haz que al final del día, de cada uno de nuestros días, nos sintamos más unidos a Ti, y que podamos percibir y descubrir a nuestro alrededor más alegría y mayor esperanza.

Te pedimos todo esto desde nuestra realidad. Somos hombres débiles y pecadores, pero somos tus amigos. Amén”.

Autor

Guillermo Rodríguez-Izquierdo SJ

Guillermo Rodríguez-Izquierdo es físico y jesuita. Trabaja en la Universidad Loyola Andalucía.

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