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Análisis sobre la crisis económica y cómo los hogares responden a la recuperación económica.

El despertar en las ciudades de cuarzo

La crisis que comenzó en 2007 ha alejado aún más a la disciplina económica del ámbito social. La Economía entendida como esa reflexión normativa de la administración del hogar (del lugar de lo común), parece disiparse cuando observamos la realidad de nuestra nación.

De una ciencia social con vocación de satisfacción de las necesidades colectivas, a una sociedad bajo el yugo de la economía. Y es que, aun habiendo excepciones, este tiempo de austeridad ha ido dibujando intramuros una geografía dual, caracterizada por dos patrones de estratificación subjetivos: la centralidad del yo y la marginalidad.

Todas estas reflexiones se iban ejemplificando en mi cabeza mientras caminaba por uno de los mejores barrios de mi ciudad natal. Allí existe un gran contraste entre la reminiscencia de la expansión económica tiempo ha, materializada en la opulencia de altos y nuevos edificios, y aquéllos que yo llamo ‹‹los invisibles››.

Claves del crecimiento económico

Siendo sinceros, no creo que nuestra problemática se resuelva con un equilibrio clásico de oferta y demanda: para comprender la magnitud de esta cuestión hay que ir más allá de los números. En palabras del sociólogo Mike Davis, el devenir de nuestro mundo se gesta en ciudades de la dureza del cuarzo, insensibles de un modo consciente. Barrios fantasmas, producto de la construcción masiva en los años de bonanza, e individuos que, cada noche, pasan frío en la calle.

Muchos demonizan la construcción. En parte, los entiendo: la reminiscencia de lo acaecido señala a este sector como la válvula de escape de la recesión que hoy intentamos dejar atrás –algunos con más esfuerzo que otros–. Un sector construcción que, sustentado en lo financiero, hizo creer a las grandes voces de España que podían manejar las claves del crecimiento económico; que, edificando, impulsarían la nación, generando un progresivo valor añadido que se desarrollaría con vocación de eternidad.

Pero he aquí una cuestión que, mirando atrás, debemos preguntarnos: ¿hasta qué punto el aumento continuado del nivel de precios de la vivienda era una expresión del desarrollo económico? Inflar el coste de los pisos, con el convencimiento de que la oferta sería absorbida por una demanda que se respalda en un crédito bancario casi inagotable, es jugar a los espejismos con el consumidor.

Es hacerle creer que todo es posible, cuando desde pequeños nos inculcan la importancia de tener los pies en la tierra, de ser cautos, de conocer nuestros límites. Toda crisis es un vómito de excesos.

Como mencionaba anteriormente, el rasgo social principal del urbanismo actual es la dualidad: familias que generaron una deuda con el banco, quizás para toda su vida; individuos que compraron un billete directo a la exclusión de esta ciudad de cuarzo al pronunciar las palabras ‹‹no puedo pagarlo›› delante de la misma entidad que les concedió el crédito con una palmada en el hombro.

Y no disculpo a quien nunca conoció el valor de la frugalidad; condeno la inexistencia de un latir sincero ante las causas del otro. Antes de entrar en declive el mundo económico, los hombres ya habían dejado de quererse. Porque, recuperando el sentido de esta ciencia social, si no hay servicio a la comunidad, no hay Economía.

Desde estas claves, culpabilizar a un sector de nuestra estructura económica de ser causante de la crisis no tiene sentido. Son los propósitos los que, a fin de cuentas, se valoran en este análisis normativo.

Mercado de la vivienda

Un dato interesante que se desprende de la contabilidad nacional es que la construcción siguió siendo un sector clave de la economía española durante la crisis; y el despegue del PIB desde el año pasado, 2014, encuentra correlación con el incremento de la actividad en este sector durante el último período. En conclusión a todo esto, España crece, en parte, al ritmo de expansión del mercado de la vivienda.

No obstante, sí podemos percibir, a partir de las últimas estadísticas, un cambio de tendencia y naturaleza de la demanda de bienes inmuebles. Su germen, el europeísmo. En los últimos años existen multitud de hogares que han decidido participar en el mercado de la vivienda al margen de escrituras o IBI (lo que todos conocemos como alquiler).

Y entiendo que esta decisión es fruto del avance social, pero también del recuerdo y la consciencia de lo vivido. Quizá esta crisis haya generado un cambio de paradigma con respecto a la importancia de la propiedad como capital simbólico. Sólo el tiempo lo dirá.

Dado que el hombre tiene la característica de tropezar más de una vez en la misma piedra, tiene sentido que mis últimas palabras traigan a colación una cita de los grandes autores acerca de este tema: termina El Buscón de Francisco de Quevedo con la partida a América del protagonista, el cual tenía la idea de que, al cambiar de rumbo, su vida terminaría dando el giro que necesitaba.

Retengamos en nuestra mente las últimas palabras del narrador y apliquémoslas a nuestro futuro: ‹‹nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres››.

Texto de Gonzalo Romero

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