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La ciencia social y la psicología en la filosofía de las víctimas no son neutras e imparciales ni asépticas.

Ciencia social y psicología en la filosofía crítica desde las víctimas

Este artículo quiere recoger algunas reflexiones y debates, que se han dado algunos ámbitos académicos o de investigación, culturales y sociales. Y que trato de enseñar con mi actividad docente e investigadora en la Universidad, o en otros centros de formación.

Por ejemplo, en el ámbito de las ciencias sociales o humanas como es la psicología y en el de la filosofía, como son las corrientes de la teoría crítica o de los humanismos contemporáneos. Aquí tenemos como referencias a corrientes críticas y autores como los de la escuela de Fráncfort, el personalismo con Mounier y el pensamiento latinoamericano con filósofos o pensadores como los jesuitas I. Ellacuría e I. Martin-Baró, uno de los padres de la psicología social junto al canario M. Alemán.

Se plantea pues una psicología social y política que, con su base filosófica crítica y ética liberadora, conoce y comprende asumiendo compasivamente los sufrimientos, traumas, patologías, males e injusticias que padecen las víctimas de la historia y los pobres de la tierra.

El conocimiento y las ciencias como las sociales o humanas, la psicología y la sociología, no son neutras e imparciales ni asépticas sino que, como ya indicó (entre otros) J. Habermas, tiene unas pretensiones e intereses que los guían. Por lo tanto, habrá que explicitar dichos intereses, valores e ideales que mueven al conocimiento y a la ciencia con el ser humano que la realiza.

Las corrientes y autores citados u otros, en la línea de la cosmovisión bíblica y el pensamiento de inspiración judeo-cristiano, nos han mostrado que el más auténtico conocimiento se realiza en la realidad e historia con la com-pasión, solidaridad y praxis por la justicia liberadora con las víctimas y los pobres. En este sentido, como nos transmite asimismo J. B. Metz con su teología política y crítica, el conocimiento se efectúa en esta memoria y ética compasiva con las víctimas que ejerce su inherente dimensión social, pública y política. En la búsqueda del bien más universal en el mundo, la justicia en la sociedad e historia.

El trauma, sufrimiento, dominación u opresión e injusticia real (histórica) que padecen las víctimas y los pobres, con su vida dañada (en su dignidad-derechos) y negada, es la condición de verdad y el lugar epistemológico, social e histórico del conocimiento.

El ser humano es un ser personal y social, cultural, político e histórico que vive, se desarrolla y realiza en estas relaciones, instituciones y estructuras sociales, en los sistemas político y económicos. Y dicha cultura, relaciones y estructuras: pueden favorecer la salud y el desarrollo humano e integral; o ejercer el daño, los traumas y patologías que con sus males e injusticias afectan a las personas, a los pueblos y a las víctimas o pobres.

Existe una violencia estructural, unas estructuras de mal e injusticia (de pecado estructural en sentido teológico) que, en la inter-relación inseparable con las acciones personales de egoísmo y maldad, condicionan o afectan a la persona en su buen vivir o malestar, en su mal vivir. Tal como nos muestran todas estas ciencias sociales, como la psicología o la sociología, y la misma filosofía con la ética y la antropología.

Si como nos enseñan todas estas ciencias o filosofía, por ejemplo las neurociencias, el ser humano está constituido o llamado para vivir en el amor y en la fraternidad solidaria, con la razón moral en la dignidad y justicia con las víctimas. Y por el contrario, como sucede en la actualidad, dominan unas relaciones y estructuras inhumanas e injustas, entonces el ser humano se daña, traumatiza y se rompe en su salud, desarrollo y dinamismos vitales.

Ideología y sistema dominante

En la realidad actual e histórica, todo este individualismo posesivo e insolidario con el tener sobre el ser persona, que causa tanto mal y desigualdad e injusticia a todos los niveles (humano, social y global), lleva todas las crisis globales y patologías que estamos sufriendo en el mundo.

La ideología y sistema dominante, el neoliberalismo con el capitalismo, destroza a la persona fraterna y solidaria a la que se le impide el desarrollo humano, moral e integral: con tanta opresión, desigualdad e injusticia en forma de pobreza, exclusión y violencia; con la creciente egolatría individualista y sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia, de la competitividad y consumismo.

Todo lo cual destruye al ser humano en su misma entraña. Por ejemplo, como nos transmiten los estudios sociales u otros, los distintos conflictos o delincuencias, violencias y guerras se originan en todo este dinamismo de la codicia y del poseer que, junto a la desigualdad e injusticia causada, llevan a la desesperación, a las actitudes delictivas, violentas y bélicas.

Sin una cultura de la fraternidad solidaria y de la justicia con el desarrollo humano integral, en el respeto de la vida y dignidad con los derechos humanos, no habrá paz ni concordia, no cesará la violencia. El bien común y la solidaridad, con sus condiciones sociales e históricas, nos van liberando de la violencia e injusticias.

En esta línea, en todas estas sociedades más enriquecidas y consumistas con su cultura competitiva e individualista, y que asimismo producen desigualdad e injusticia, afloran más patologías y problemas psicosociales. Tales como la depresión, ansiedad, suicidios, bulimia o anorexia, una sexualidad banal y deshumanizadora sin un amor profundo, pedofilias…

Todo tipo de adicciones, de violencias y delincuencia con crímenes, u otras formas de trastornos de conductas. Por tanto, la solución y propuestas de cambio a nivel humano, psicológico y ético no pueden reducirse a lo individual. Hace falta una psico-terapia personal, moral, social, política e integral. Una transformación global que incluya todas las dimensiones del ser humano: la conciencia y la conducta, lo espiritual y ético-económico; lo místico y político, la salud y desarrollo personal con la militancia social en el compromiso solidario por la justicia con las víctimas, los pobres y oprimidos.

Sentido de la vida

Debemos también aclarar, y más en esta sociedad global del riesgo, que no podemos caer en el purismo o maniqueísmo de malos y buenos. Por supuesto, hay que distinguir al verdugo u opresor de la víctima y del pobre. Más, como el mal e injusticia nos afecta a todos, también estos últimos pueden convertirse en  victimarios y opresores. El verdugo también se ve afectado, aunque a nivel distinto, por el mal e injusticia que comete y es asimismo dañado en su vida, dinamismos, etc.

La vida humana es esclavizada por todo estos ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y de la violencia, que causan víctimas en serie, y deja al victimario y poderoso enriquecido preso de todo estos falsos dioses, del mal, vacío y sin sentido. Esto no significa, insistimos, que dejemos de distinguir claramente quienes son las víctimas primeras y principales, que han sido oprimidas y violentadas por estos victimarios y opresores.

El verdadero sentido de la vida y la auténtica felicidad está en toda esta existencia espiritual, social y ética-política con la meditación y contemplación en la acción por la justicia liberadora con los pobres, con las víctimas al servicio del bien más universal.

No es posible la cultura, el arte y la belleza sin esta mística y ética política de los ojos abiertos ante el sufrimiento social de las víctimas que, con toda esta memoria e inteligencia compasiva, nos lleva al cambio (conversión) personal en la lucha por la justicia. Es la memoria passionis en la justicia con las víctimas de la historia, para que no se vuelvan a repetir los holocaustos como Auschwitz, Hiroshima, el Gulag, Ruanda, Ayacucho o el Mozote.

Una ética y geopolítica de la esperanza que, en el conocimiento y pensamiento más profundo, se abre a la luz de la trascendencia y de la redención por la que los verdugos, el mal, injusticia y la muerte no tienen la última palabra; ni triunfan definitivamente sobre la justicia y la vida.

Es la esperanza y liberación plena desde a los que se les quiere negar la esperanza, desde la debilidad, los débiles e impotentes, los pobres, víctimas y sin vida de la historia. Como afirma Ellacuría “sólo utópica y esperanzadamente puede uno creer y tener ánimos para intentar con todos los pobres y oprimidos del mundo revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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