Carta desde Managua

Este blog se titula “Compartiendo la misión”. Pues bien, me ha traído por unos días a Managua una misión de evaluación del programa de cooperación entre la Universidad de Amberes y la UCA (a través de su Instituto Nitlapán). Y escribo estas líneas precisamente el 3 de diciembre, fiesta del gran misionero navarro Francisco Javier.

Tengo especialmente en mi corazón la memoria de nuestro querido Alfonso Carlos Morales, con quien inauguré en 1989, viniendo por primera vez a Managua, nuestros viajes a Nicaragua; pero además, estos días, mis compañeros de Villa Carmen, la residencia jesuita de la UCA, me han alojado en las habitaciones del jardín que aquel año compartí con él; eran unos tiempos muy difíciles para Nicaragua (el final del sandinismo) y para la UCA (en situación de gran precariedad de medios).

No es este el lugar de analizar los cambios sucedidos en los casi 25 años transcurridos desde entonces. La UCA sigue viva; el bullicio de sus estudiantes no falta en este campus tan alegre; muchos trabajan o simplemente conviven en las numerosas mesas redondas instaladas al aire libre, bajo la arboleda, casi todos con su portátil y / o sus teléfonos inteligentes… Y hay algo que no puedo dejar de contar: son innumerables las muestras de afecto y amistad que recibo como fruto de tantos años de relación continuada ETEA-UCA. Los que pasáis por aquí sabéis bien lo que quiero decir. Si envío esta cartita es, precisamente, para compartirlo con la comunidad de la Universidad Loyola Andalucía.

Todos estos días previos a la fiesta de la Inmaculada, toda Nicaragua celebra de forma peculiar “la novena”. Por todos los rincones, en todos los barrios, en todas las Facultades, Institutos, Dependencias de la UCA, las personas se reúnen espontáneamente para cantar y rezar en memoria de la Virgen María, para compartir algún “bocadito” generosamente ofrecido por los anfitriones de turno y para gritar al unísono: “¿Quién causa tanta alegría? La Concepción de María”.

Termino. Precisamente hoy, la Compañía de Jesús de Centroamérica se despide de la bellísima ciudad de Granada, puesto que se produce la entrega de la parroquia de Jalteva a la diócesis.  Dada nuestra vocación de movilidad y nuestra limitación de recursos (no podemos instalarnos) esto es algo natural y propio del modo de proceder jesuita, pero no puede uno menos de sentir también un poco la tristeza de los compañeros jesuitas centroamericanos por tener que dejar un lugar al que nuestros predecesores misioneros llegaron en 1916, hace casi 100 años.

Autor

Jose Juan Romero SJ

Sacerdote jesuita, doctor ingeniero agrónomo y profesor emérito de la Universidad Loyola Andalucía.

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